Río Gallegos

Joven que padeció anorexia contó su experiencia y emocionó a todos tras recibir el alta

El 17 de octubre de 2016 comenzó con su tratamiento en la Fundación Centa, en esta ciudad capital. En primera persona contó cómo fue pelear contra su cabeza y los comentarios negativos del entorno, lo cual superó con ayuda de su familia y amigos, pero principalmente por su voluntad de querer estar mejor y no darse por vencida. 

Aldana recibiendo el certificado de su alta.
Aldana recibiendo el certificado de su alta.
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Fundación CENTA trabaja en Río Gallegos hace más de 10 años y cuenta con tres sedes que dividen en temas como los trastornos alimentarios (bulimia y anorexia), el centro infanto-juvenil y otra abocada al trabajo sobre psiquiatría y psicología.

Atienden cerca de 1200 pacientes, que se suman además los familiares que realizan talleres terapéuticos, y en las últimas horas una joven que asistía allí, y que recibió su alta, contó su experiencia para tratar de concientizar e incentivar a pedir ayuda a aquellos que atraviesan un momento complicado y no se animan.

Aldana compartió imágenes del antes y después de empezar a asistir a CENTA, e indicó que muchos le han manifestado que no era ella, “pero sí, esa fui yo en algún momento de mi vida”.

En el 2016, por cuenta propia, decidió pedir ayuda y le dijo a su madre que necesitaba ir al psicólogo: “Nunca me imaginé todo lo que venía por delante, yo estaba acostumbrada a ir a distintos profesionales, empezar terapia y después abandonar, pero ese año, el 2016 empecé el largo camino de lo que es un tratamiento”, relató.

Le diagnosticaron anorexia, y desde entonces hubo tiempos en los que estuvo bien  otros en los que tenía recaídas, pero “a partir de los 15 años empecé a caer, caer y caer, cada vez era peor y no había forma en que pueda repuntar”.

El 17 de octubre de 2016 comenzó en CENTA. Iniciar ese tratamiento “fue un sufrimiento” ya que “odiaba que me hagan comer, odiaba ir, salía llorando, enojada y descompuesta todos los días, pero claramente había algo dentro mío que no me dejaba abandonar, no me dejaba bajar los brazos”, y “miles de veces estuve a punto de abandonar, peleando con toda mi familia, amistades, terapeutas; para mí todos estaban equivocados, yo estaba bien, estaba sana”.

El entorno jugó un papel clave. Algunos para bien y otros para mal, y así lo expresó la joven: “Mientras yo peleaba contra mi cabeza, existieron muchas personas que lo único que hacían era hundirme: ´sos re caprichosa/mañosa´, ´dale comé´, ´tanto te va a costar comer, es una boludés´, ´dejá de mentir´, ´no tenés nada´, y así, muchísimos comentarios más, que de verdad, no se dan una idea lo mucho que lastiman”.

4 años y 10 meses fue el tiempo que duró su tratamiento, y “hoy puedo decir con orgullo, felicidad y muchísima emoción que por fin tengo el ALTA. No fue para nada fácil, pero si se puede. Y a todos los que estén pasando por esta situación o alguna similar, les quiero decir que en serio se puede, lo van a lograr, van a estar bien y ser felices”, manifestó.

Aldana agradeció a sus padres y hermana, por ser quienes “se bancaron como nadie, sin importar NADA, todos mis momentos buenos, malos y horribles”, como así también a aquellas amistades “que aparecieron en el difícil camino del tratamiento y hasta ahora siguen conmigo, festejando todos mis logros y avances. Gracias a las personas que ahora no están conmigo por distintos motivos pero siempre van a ser muy importantes. Y por último, muchísimas gracias a mis terapeutas, Cris, Flor, Mari y Vicky, por dios todo lo que se bancaron esas mujeres!!!”.

Por último, dejó un mensaje de reflexión tras lo vivido: “Por favor, dejemos de juzgar al otro, nunca sabemos todo lo que tuvieron que pasar para estar hoy acá, como pueden, pero de pie. Los Trastornos Alimenticios, no son un chiste, no es un capricho, es real, y es muy necesario que empecemos a concientizar sobre esto!”.

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