Cambio de conciencia

La salud mental no es tabú

La Organización CENTA trabaja hace décadas en Río Gallegos. Empezaron con tratamientos sobre trastornos alimentarios y ahora también lograron expandir el territorio. Qué cambió en diez años.

Ya no son tabú.
Ya no son tabú.
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Hace más de una década la fundación CENTA comenzó a trabajar en Río Gallegos dos problemas que atravesaban principalmente los adolescentes y jóvenes adultos, siendo esto los trastornos alimenticios. La bulimia y la anorexia se posicionaron a finales de los ´90 y principios del 2000 como dos cuestiones a ser tratadas y este equipo de profesionales médicos se dispuso a ofrecer servicios de terapia y contención. Diez años después han tenido que abarcar otras cuestiones y ofrecen además tratamientos psicológicos y psiquiátricos. Algo que pusieron énfasis en que durante todo este tiempo, la salud mental ha dejado de ser un tema tabú y pasó a ser una rama más que todos los seres humanos deben empezar a cuidar.

 

CENTA

En este marco, TiempoSur se comunicó con el Dr. Roberto Ortiz, director de CENTA y quien es además el presidente del Consejo Municipal de Niñez y Adolescencia (COMUNA). Señaló cómo vienen trabajando actualmente, el rol de los profesionales y la familia y del futuro de CENTA. Ortiz remarcó que actualmente cuentan con tres sedes que dividen en temas como los trastornos alimentarios, el centro infanto-juvenil y el último el trabajo sobre psiquiatría y psicología. Actualmente tienen cerca de 1200 pacientes, que se suman además los familiares que realizan talleres terapéuticos.

Consultado sobre los pacientes de trastornos como la bulimia y anorexia –los primeros que tuvieron- señaló que “la población se mantuvo siempre en un promedio del mismo número, acorde a las altas y derivaciones que se tienen que ver, depende de la complejidad del cuadro. Siempre trabajamos la asistencia con el hospital de día, con un porcentaje chico presencial, en cuanto a cuadros más graves. El resto se mantiene todo online, con las presenciales que sean necesarias”.

Señaló que con el tiempo se logró disminuir un porcentaje de los pacientes en este estado, manifestando que se dio gracias al trabajo de concientización que se llevó adelante con adolescentes en los colegios. “Venimos trabajando en una población grande que existe, con una política de prevención en lo cual se informaba en colegios y eso nos ayudó a disminuir el diagnóstico preventivo en estas patologías alimentarias. CENTA cuando empezó en esos años tuvo que ir evolucionando en otras ramas”.

La cuestión de salud mental ha ido cambiando durante los años. Anteriormente era un tabú o una vergüenza que una persona admitiera que estaba recibiendo terapia, siempre asociándolo a algo negativo. Ortiz señaló sobre esto que “al principio, década del ´90, era como decir un tabú, no concurrían o lo hacían con miedo. Eran problemáticas sociales y familiares. Hoy en día se fue naturalizando, concientizando y sensibilizando que cuando se necesita ayuda o trabajar un tema específico como una superación o duelo, se necesita un apoyo profesional. A través del equipo de CENTA se trabajó y se logró tener estos resultados”.

 

Trastornos alimenticios

La bulimia nerviosa se caracteriza por la realización de “atracones” recurrentes.

¿Qué es un atracón? Ingerir alimentos en poco tiempo, en cantidad superior a la que la mayoría de las personas suelen comer. Esta acción se acompaña de conductas para reparar el atracón, inapropiadas y de manera repetida: provocación del vómito, uso de laxantes, diuréticos, enemas u otros fármacos, ayuno y ejercicio físico excesivo.

La Anorexia nerviosa se caracteriza por un rechazo a mantener el peso igual o por encima del valor MÍNIMO normal (considerando la edad y la talla). Se presenta también un miedo intenso a subir de peso o a convertirse en una persona obesa (incluso estando por debajo del peso normal). Lo que sucede es que existe una alteración de la imagen corporal. Y lo flaco se ve gordo.

 

Cómo detectarlos:

En los primeros momentos del problema, la familia y la persona afectada se dan cuenta de que algo anormal está ocurriendo, pero se avergüenzan, no hablan de ello, niegan que pueda ser un problema y por lo tanto no consultan con profesionales.

Pero, por mucho que cueste, deben aceptar que están atravesando la adolescencia con conductas de las cuales no es fácil salir por sí mismo, sino que se necesita ayuda especializada.

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