Mes de Halloween

Las perturbadoras historias paranormales que relató un trabajador del cementerio de Río Gallegos

TiempoSur le brindará a sus lectores, durante todo el mes de octubre, información relacionada al mes de las brujas. 

Cementerio (C.R)
Cementerio (C.R)
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Cada uno decide si creer o no en cuestiones paranormales pero para ello se tiene que saber de qué se trata: Un fenómeno paranormal es una experiencia que se encuentra al margen del campo de las experiencias normales explicables.

En este marco, TiempoSur se contactó, en el mes de Halloween, con empleados del cementerio de Río Gallegos que contaron diversos hechos que han presenciado dentro de la necrópolis.

“En su momento cuando el cementerio cerraba a las 20:00 horas los que estábamos de turno salíamos a hacer una recorrida para avisarle a la gente que íbamos a cerrar los portones y nos ha pasado que seguíamos a una persona para informarle esto y de repente se perdía en los panteones y no lo veíamos más”, aseguró uno de los empleados.

Igualmente expresó que han escuchado diversos ruidos dentro del cementerio: “Anteriormente teníamos un metegol y cuando teníamos nuestra media hora de refrigerio íbamos al galpón donde se encontraba para jugar pero de afuera se escuchaba que ya había alguien jugando y al entrar veíamos que no estaba nadie”.

En particular, el entrevistado exclusivo de TiempoSur (quien pidió resguardar su identidad) contó lo que vivió en primera persona: “A mí lo que me pasó fue que en el depósito del crematorio hay dos cajones de bebés que, según mis compañeros, los dejó una gitana y una persona de un circo que vino a Gallegos.  Yo tengo la rutina de entrar saludarlos y cuando me tocó, ese día, estar manejando el horno del crematorio fui temprano y no los saludé, prendí el horno, puse el anafe y los ventanales de la sala de espera se empañaron, voy a buscar agua que había calentado, vuelvo y veo que en la ventana estaba dibujado una cuadricula del tatetí y lo primero que pensé fue que los bebés querían jugar y/o molestarme porque no los había saludado”.

Y prosiguió: “Salí del lugar y empecé de nuevo, los saludé y les dije que no quería jugar con ellos, que borraran eso. Voy a la parte de atrás, espero unos minutos y al volver veo que había una X como para empezar a jugar, me acerco y digo ‘yo voy a hacer un solo movimiento pero me voy a ir atrás y cuando vuelva borren esto porque no quiero jugar’, dibujé el circulo, me fui, esperé un rato y cuando vuelvo estaba dibujada la otra X y ahí dije no, no voy a jugar y borré el tatetí”.

Por otra parte, narró un hecho que le pasó a uno de sus compañeros: “Hay uno de los chicos que hace trabajos de arreglos en las tumbas y nos contó que un día se le acercaron dos viejitos que le mostraron la tumba que querían restaurar, le dijeron que la arregle y le dieron una dirección y un número de teléfono para que pase a cobrar. Terminó su trabajo y se acercó al lugar que le habían dicho y lo atiende una joven que le dijo que esas dos personas eran sus padres y que estaban muertos y que la tumba que había restaurado era de ellos”.

TiempoSur le consultó por los “gualichos” en el mes de las brujas y expuso: “Hemos encontrado gran cantidad de veces y lo que tratamos de hacer es desarmarlos, los prendemos fuego y por lo general, si encontramos la foto de un conocido lo contactamos y le avisamos para que vaya a alguien y se lo saque”.

En este marco, también contó que: “Los dejan enterrados en los árboles, en las tumbas y nos ha tocado en un entierro que bajamos a la tierra y habían dejado uno ahí con pedazos de carne envueltos con cinta, también vimos fotos adentro de frascos con líquidos raros y demás”.

Por último, el entrevistado concluyó con que: “Nosotros creemos en este tipo de cosas y nuestra duda siempre es el saber cuál de todos los que van caminando en un sepelio es un alma”.

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