Un año duro de desafíos y emociones

A un año de pandemia

Ninguno de nosotros teníamos experiencia en el COVID-19. Ante una enfermedad nueva y desconocida, sin las herramientas para tratar a los pacientes, con miedo de infectarse en el trabajo y de transmitir la infección a nuestros seres queridos, esta pandemia ha supuesto una enorme carga emocional para el personal sanitario de primera línea. Tenemos muchos aprendizajes. Hoy queremos compartirlos.  

  • 21/03/2021 • 10:48
Médicos sin Fronteras
Médicos sin Fronteras

El 11 de marzo de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró como una pandemia el brote de COVID-19. Brindar atención médica durante las epidemias es el núcleo del trabajo que realizan los Médicos Sin Fronteras, pero se enfrentaron a un doble desafío.

Necesitaban encontrar una manera de responder a los brotes de esta nueva enfermedad, manteniendo sus programas médicos regulares en funcionamiento y reaccionando a nuevas emergencias, como el conflicto en Etiopía y los brotes de Ébola en República Democrática del Congo y Guinea.

En enero de 2020, inauguraron su primer proyecto COVID-19 en Hong Kong, centrado en la educación sanitaria para personas vulnerables, como las personas mayores y las personas en desventaja socioeconómica.

En marzo de 2020, la epidemia se estaba extendiendo como la pólvora por toda Europa, y lanzamos proyectos en algunos de los países más gravemente afectados, como Bélgica, España e Italia. Brindaron apoyo a los hospitales, enviando equipos médicos experimentados en brotes de enfermedades infecciosas. También hicieron lo que pudieron para capacitar a sus colegas sobre cómo mantenerse seguros, sabiendo cuán expuesto puede estar el personal de salud durante los brotes.

Cada vez más, dirigieron su atención a las personas mayores en residencias de ancianos, cuya edad y entorno de vida los hacía extremadamente vulnerables al COVID-19. A partir de marzo, a medida que la epidemia continuaba extendiéndose por todo el mundo, siguieron su camino, abriendo nuevos proyectos y adaptando los existentes, como siempre lo hacen durante las epidemias, pero, esta vez, a escala mundial.

Pero la escala no fue lo único diferente. A la primera señal de otras epidemias, como el cólera o la fiebre amarilla, aumentaron el tamaño de sus equipos en la zona correspondiente, enviamos a nuestros expertos y entregamos toneladas de suministros adicionales. Pero, a medida que el Coronavirus se afianzaba en más y más países, muchos gobiernos cerraron sus fronteras. Trasladar el personal y los suministros médicos a donde se necesitaban se convirtió en un gran desafío.

Pero las diferencias son solo superficiales. En el fondo, la respuesta al COVID-19 no ha sido diferente de otros de sus proyectos médicos. Se enfocaron en aquellos lugares donde una mayor cantidad de personas enferman y mueren, y buscaron a las personas más vulnerables.

Durante la pandemia, este enfoque llevó a los Médicos Sin Fronteras a establecer proyectos médicos en lugares donde raramente trabajan, como Estados Unidos y varios países de Europa. Los han visto ayudar a grupos de personas a las que no ayudamos a menudo, como los residentes de hogares de ancianos. Pero su razonamiento médico no ha cambiado. Y muchas de las personas a las que han asistido no son nuevas en MSF: Refugiados y poblaciones en movimiento, personas en áreas rurales con un acceso deficiente a la atención médica, comunidades abandonadas en las ciudades...

Para ayudar a las personas más necesitadas, han desplegado una amplia gama de actividades durante los últimos 14 meses, según las formas de apoyo que resulten más útiles para los sistemas de salud locales. Han organizado un gran número de sesiones de formación para el personal sanitario de primera línea, tanto en hospitales bien equipados en lugares ricos como en instalaciones muy básicas. Apoyaron con prevención y control de infecciones, y desinfección, triaje de pacientes, personal y flujo de pacientes.

Atendieron a los pacientes: Los enfermos leves, los enfermos graves y los moribundos. En algunos lugares, han apoyado las salas de cuidados intensivos y, en otros lugares, las dirigieron. Hemos distribuido mascarillas y enseñado cómo emplear simples medidas preventivas para mantenerse a salvo, como mantener la distancia y lavarse las manos. Llegaron a millones de personas con estos mensajes en las redes sociales. Y brindaron muchas, muchas sesiones de salud mental, principalmente para el personal que se encuentra en la primera línea de la pandemia.

Ellos habiendo trabajado en la primera línea de las epidemias, saben de primera mano lo exigente, agotador y estresante que puede ser este trabajo. Muchos de los miembros del personal de salud que han trabajado tan incansablemente durante todo el año pasado tenían poca o ninguna experiencia previa en brotes de enfermedades infecciosas. Ninguno tenía experiencia en la COVID-19. Ante una enfermedad nueva y desconocida, sin las herramientas para tratar a los pacientes, con miedo de infectarse en el trabajo y de transmitir la infección a sus seres queridos en casa, esta pandemia ha supuesto una enorme carga emocional para el personal sanitario de primera línea. Hay que cuidar a las personas que nos cuidan.

Un año después de su declaración oficial, la pandemia no se ha desvanecido. Actualmente existen vacunas seguras y eficaces, pero para la gran mayoría de las personas aún no están disponibles, y es posible que no lo estén durante mucho tiempo. A menudo, las personas que caen por las grietas del sistema en lo que respecta a las medidas preventivas y el acceso a la atención médica son las mismas personas que volverán a pasar desapercibidas para la vacunación. Dedicada a ayudar a los más vulnerables, el papel de los Médicos Sin Fronteras en esta pandemia aún no ha terminado.

 

¿Qué aprendimos después de un año de pandemia de COVID-19?

El 11 de marzo de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la pandemia de COVID-19. Como organización médico-humanitaria de emergencia, Médicos Sin Fronteras (MSF) tiene experiencia trabajando con enfermedades endémicas y epidémicas, especialmente con las poblaciones que tienen un sistema de salud muy débil, poca inmunización (poca cobertura de los planes de vacunación) o se encuentran pasando por un conflicto armado o desastre natural.

Un año después de estar en la primera línea respondiendo al COVID-19, Médicos Sin Fronteras quieren compartir diversos aprendizajes. 

La pandemia no se acabará hasta que todas las personas del mundo accedan a las herramientas médicas necesarias para tratar el COVID-19. Una opción para lograr que esto suceda es que los gobiernos exijan la exención de patentes mientras dure la pandemia y hasta que se logre la inmunidad colectiva. Al suspender temporalmente la propiedad intelectual se daría entrada a más fabricantes y permitiría aumentar la producción de métodos de diagnóstico, tratamientos y vacunas. Desde MSF impulsaron una campaña de firmas para pedir que los gobiernos no obstaculicen la supresión de patentes mientras dure la pandemia.

Lamentablemente, todavía estamos lejos de lograr la distribución equitativa de las herramientas médicas. En febrero de 2021, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, calificó la distribución de las vacunas del COVID-19 de "tremendamente desigual e injusta". Solo 10 países de altos ingresos han administrado el 75% de todas las vacunas, mientras que más de 130 países no han recibido ni una sola dosis. En línea con esta tendencia inaceptable, 1439 millones de dosis de la vacuna de Johnson & Johnson ya están comprometidas en acuerdos de compra anticipada, la mayoría de las cuales (56%, 801 millones) están concertadas con países de ingresos altos.

 

La pandemia tiene impacto en otras campañas de vacunación

La escala masiva de las campañas de vacunación contra el COVID-19 implica otro riesgo: la escasez de suministros como viales, jeringuillas, agujas, equipos de protección personal, espacio de almacenaje en cadena de frío y otros artículos. Si todos estos materiales y recursos humanos se utilizan para la vacunación contra el nuevo Coronavirus, los programas de inmunización contra otras enfermedades pueden verse comprometidos. Esto debe evitarse.

También les preocupa que los bloqueos y restricciones actuales en varios países, la concentración de todos los esfuerzos en el COVID-19 y la reasignación de recursos tengan un efecto negativo en otras vacunaciones. La interrupción de las campañas de inmunización de rutina y de la vigilancia de las enfermedades prevenibles por vacunación, así como la suspensión de las actividades de vacunación suplementarias planificadas pueden dar lugar a una creciente brecha de inmunización en muchos países. Esto podría conducir a la reaparición de otras enfermedades y aumentar el riesgo de brotes de enfermedades como el sarampión o la meningitis entre otros.

La importancia de cuidar la salud mental

La COVID-19 ha impactado enormemente en la vida de millones de personas en todo el mundo. Desde que estamos en pandemia, todo el mundo experimentó un duelo inesperado en el que perdimos algo: desde la “normalidad” al cambiar el mundo súbitamente de un día a otro, hasta en los casos más trágicos, el fallecimiento de los seres queridos. Los sentimientos que causan los duelos relacionados con la pandemia son unas de las mayores preocupaciones, pero también los retos presentados por el aislamiento. Trabajaron a diario para buscar y ofrecer nuevas maneras de tratamiento.

Los peligros del COVID-19 en la salud de las mujeres y la importancia del autocuidado

La pandemia de COVID-19 ha tenido impactos secundarios potencialmente catastróficos en la salud de mujeres y niñas en todo el mundo, incrementando su exclusión a los servicios de salud sexual y reproductiva, lo que amenaza con un fuerte aumento de la mortalidad materna y neonatal. En varios países donde Médicos Sin Fronteras tiene actividades, se pudo observar que la salud de las mujeres se vio afectada durante la pandemia por cierres y recortes en los servicios de salud sexual y reproductiva, restricciones de movimiento, incluidas las prohibiciones de viaje, bloqueos y toques de queda; interrupciones de la cadena global de suministros y falta de información y orientación clara sobre salud pública.

 

Medidas preventivas

Es muy importante seguir las recomendaciones y protocolos del Ministerio de Salud para detener los contagios y proteger al personal sanitario. Además:

La higiene de manos es primordial, así que se recomienda lavárselas frecuentemente con agua y jabón. Usá suficiente jabón y asegurate de lavar todas las partes de ambas manos. Si no hay disponible agua y jabón, un gel a base de alcohol también es buena opción.

Medidas de higiene respiratoria: si tosés o estornudás, cubrite la boca y la nariz con un pañuelo de papel o con la parte interior del codo.

Se aconseja el distanciamiento social de entre 1 y 2 metros. Mantener la distancia frente a otros puede prevenir infecciones. Deben evitarse las reuniones de personas.

No compartir artículos personales (bombillas, vasos, platos o cubiertos) y ventilar los ambientes.

En todos los casos, es necesario obtener información correcta de fuentes confiables y oficiales, debido a que la información falsa que circula no ayuda a controlar la epidemia. (Fuente y fotos: MÉDICOS SIN FRONTERAS)