Vecinos solidarios

“Cuando hay hambre”…ahí están ellos

Son cerca de 600, entre chicos y madres, los que asisten diariamente a los comedores y merenderos que hay en los barrios de Río Gallegos. La lucha de cada día para conseguir los alimentos y poder llenar las tazas y platos. Conocé la situación de cada uno.

  • 01/06/2018 • 13:13
Los vecinos le ponen el pecho (Foto EFE)
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La solidaridad hoy está entre los vecinos. A muchos se les complica llegar a fin de mes y, a veces, es el día a día a la hora de sentarse en la mesa. Pero ante cada adversidad, de la índole que sea, siempre está el otro. Y una clara demostración de eso, en Río Gallegos, es el esfuerzo incansable que llevan adelante los merenderos y comedores de la ciudad.

Aquí, actualmente, funcionan dos comedores, dos merenderos y otro espacio que cumple ambas funciones y con dos espacios físicos.  TS-Digital habló con cada uno de ellos para conocer la realidad que atraviesan. El aumento en la cantidad de chicos y madres que asisten, cómo conseguir los alimentos y que nadie se vaya a su casa con la panza vacía y la premisa de todos, no bajar los brazos aunque sea cuesta arriba, algunos de los temas abordados.

 

No alcanzaron los platos

Este lunes retomó con el trabajo el merendero que lleva adelante, en el B° San Benito -entre las calles 38 y 19- la Red de Mujeres Solidarias. Pero debido al contexto social y las necesidades del sector, también brindan el almuerzo.

Ahora cuentan con gas natural por lo tanto decidieron empezar a cocinar. No solo llegan niños del mismo barrio, también abarca el Santa Cruz, los tres Bicentenarios y 22 de Septiembre. En éste, a raíz de la lejanía, abrieron un pequeño espacio para que les quede más cerca y puedan comer ahí.

Hasta esta semana, solo una empresa les donaba 24 litros de leche. Tras una nota en Tiempo FM, los oyentes se empezaron a contactar. Ahora consiguieron el pan y vecinos les alcanzaron una gran cantidad de alimentos.

Hace cinco años iban ocho o nueve chicos. Hoy tienen cerca de 100, sin contar las mamás, dijo Graciela Suárez, quien inició en su momento la movida solidaria. Un centenar de bocas son las que alimentan hoy. A esto, hay que sumar los 55 platos .por ejemplo- que dieron ayer en el 22 de Septiembre. Lo triste, es que algunos chicos se fueron sin comer.  Al merendero van desde recién nacidos hasta los 17 años, mientras que para el comedor no tienen límite de edad.

El lugar físico quedó chico

Es una lucha diaria poder contar con la mercadería necesaria para cocinar todos los días. Una complicación, es que no poseen heladera, de modo que no pueden tener carne en cantidad porque se les echa a perder. También tienen faltante de ollas grandes, utensilios, platos de plástico y vasos.

Más allá de todas las complicaciones, seguirán trabajando no solo con esto, sino también continuarán con el roperito y tienen pensado comenzar distintas actividades como cursos, u organizar un truque para que las mamás hagan cosas manualmente.

Recalcó que “siempre digo que las cosas no son fáciles. Hay que tratar que también se ganen las cosas. Darle pescado pero también enseñarles a pescar”.

En su momento, estuvo a punto de cerrar el merendero porque no contaban con ayuda. “Imaginate que la gente te exige y te pide y vos no sabes de dónde sacar. Entonces decís ´pucha, estoy trabajando, haciendo cosas, y no tengo de dónde sacar, te sentís totalmente impotente. Llegó un momento en el que dije hasta acá llego, me estoy haciendo mala sangre y tengo problemas de salud. Pero cuando llevas en el alma las cosas, es imposible. Volví con más fuerza. Ahora tenemos el gas. Ahora a trabajar entre todas”, sentenció.

 

“Me críe a carbón y sin agua. Acá estoy”

Más de 70 tazas de leche se sirven de lunes a viernes en el merendero situado en Aristizabal N°2.714 -calle Riquelme-, cercano al B° Madres a la Lucha. La próxima semana cumplen tres años ayudando a los vecinos.

Susana Alvarado es referente del mismo y manifestó que van niños y madres. Además de darles la leche se les provee todo lo que llega, como ser ropa o alimentos.

 “Me levanto a la mañana temprano a buscar donaciones. Tengo tres panaderías que me apadrinan gracias a Dios y nos dan los alimentos. Hay días que estamos saturadísimos”, dijo, añadiendo que, cuando se puede, hacen una olla popular una vez a la semana.

Susana Álvarado

 “La vida es así, lo bueno es que todos pongamos un poquito. Quién no nació en un barrio así. Yo también me críe a carbón y sin agua. Acá estoy. Pude estudiar y salir adelante”, sostuvo Susana, poniéndole el pecho a la situación y remarcando que en el espacio se les habla mucho a los asistentes, además de contenerlos, para que no adquieran malas costumbres.

Ahora, están necesitando pallets y carbón para ayudarlos a las familias que no tienen gas natural, además de ropa de abrigo, acolchados, bufanda y gorros, para combatir el frío.

 

Manos poderosas en el Madres

“Sonrisas Poderosas” es como se denomina el merendero del B° Madres a la Lucha –SUM / manzana i-, a una cuadra del Vaciadero Municipal. El hombro, lo pone un grupo de vecinas y mamás organizadas. Brindan la copa de leche a más de 80 niños, de lunes a viernes. En abril del 2017 eran 40 chicos.

La decisión de abrir el merendero la tomaron en asamblea. “Analizamos la necesidad que había en el barrio de un espacio de contención y educación popular para los niños y nos organizamos para poder lograr abrirlo y sostenerlo”, explicó una de las integrantes de La Poderosa.

SUM donde dan la merienda

“Nos preocupa ver cómo va creciendo este número de niños porque de alguna manera refleja la situación económica que estamos atravesando en los barrios, donde el desempleo crece y es por eso que siempre decimos que ´así como abrimos el merendero, nuestro deseo es poder cerrarlo´, porque eso significaría que las familias de los chicos consiguieron un laburo”, indicó.

El merendero se sostiene gracias a las actividades económicas impulsadas por la asamblea de La Poderosa y las donaciones anónimas de muchos vecinos que los apoyan. “Desde el Estado el aporte es tan mínimo que ni vale la pena mencionarlo”, concluyó.

Los que quieran colaborar pueden acercarse de lunes a viernes entre las 17:00 y las 19:00. Leche, cacao, mate cocido, galletitas y elementos de limpieza lo que necesitan.

 

Se cocina en la Capilla del Evita

En el corazón del Barrio Evita queda uno de los comedores. Pablo Neruda N°745, Capilla María de Nazaret es la dirección y llevan más de diez años trabajando. La hermana Érica comentó que actualmente van alrededor de 80 chicos diariamente, sumado a algunas mamás. Funciona de lunes a viernes.

“Gracias a Dios nos siguen llegando donaciones de supermercados, por lo tanto tenemos alimentos y se suman algunos particulares que nos traen mercadería”, señaló, remarcando que se les complica conseguir carne y legumbres, más teniendo en cuenta las bajas temperaturas que reinan ahora.

El número de platos se mantiene -80- ya que algunos dejan de ir pero aparecen nuevos. No reciben dinero, solo alimentos y ropa. Además, con lo que juntan de muebles, utensilios de cocinas y demás cosas que les donan, organizan ferias y con la plata recolectada pueden comprar carne y pagar la nafta.

La hermana anheló que la gente siga colaborando como lo ha hecho hasta ahora, agradeciendo a todos, y pidió que aquel que tenga frazadas, colchones y cosas de abrigo las puede acercar para poder estar preparados para el invierno y la demanda que siempre se genera.

 

Se agranda la mesa

Uno de los comedores más reconocidos es el de Juan Romero, en el B° San Benito. Precisamente calle 21, esquina 30. Hace más de seis años abrió las puertas de su casa para cocinar. Hoy está cerrado, pero no porque él quiera sino porque lo están ampliando. Antes se servían 120 platos, ahora la mesa se agranda, serán 200.

“Ya está el revoque adentro y ahora estamos nivelando el piso para que no se inunde” contó Juan en cuanto a la obra que lleva adelante el Sindicato de Petroleros Privados y a la cual ahora se ha sumado la UOCRA.

Trabajando en la ampliación

“Cerramos con 120 chicos, no pudimos bajar la cantidad por la falta de trabajo; y con el nuevo comedor tendremos un espacio para 200 chicos. Ojalá Dios quiera no sea así, que estén todos trabajando”, expresó.

Las puertas están cerradas pero las familias no se quedaron sin ayuda. Ante las solicitudes, con lo que tienen, les hacen llegar alimentos no perecederos y ropa.

En esta línea indicó que “todos los días vienen a pedir ayuda. Algunos están trabajando en la provincia, cobrando 12 mil pesos por mes y no les alcanza. Se les entiende la situación y uno trata de ayudarlos, darles lo que se puede”.

El pedido es el mismo de todos. En este momento reunirán  ropa de abrigo, medias,  y alimentos no perecederos.

 

 


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