Relatos de vida

Julia Osorio, pionera con 102 años de historia

Julia Osorio es una vecina de la ciudad de Río Gallegos que disfruta de su vida plenamente en medio de la pandemia. Reconocida como Doña Julita, nos cuenta gran parte de su vida y cómo afrontó la difícil vida luego de haberse separado de su primer matrimonio.

Julia Osorio.
Julia Osorio.
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En la recorrida que realiza el móvil del Multimedio Tiempo, se encuentra en esta ocasión con la historia de Julia Osorio, vecina de la ciudad de Río Gallegos, quien en esta oportunidad nos cuenta parte de su vida y los distintos trabajos que tuvo a lo largo de su vida. Comenzando desde temprana edad a trabajar en Punta Arenas, hasta llegar a la ciudad de Río Gallegos donde terminó de plantarse y realizar su vida, hoy el relato de Julia Osorio, 102 años de historia y vida.

Julia Irene Osorio

Acá empieza el relato de vida de Julia o Julita Osorio, contando desde lo más antiguo de su vida, esforzándose para entrar en todos los detalles posibles:

“Nací un 19 de agosto de 1919, en Quemchi, comuna de la zona sur de Chile ubicada en el archipiélago de Chiloé, y ya con tan solo nueve meses de vida, mis padres, ambos nacidos y criados en Quemchi, decidieron mudarse hacia Punta Arenas, que en aquel entonces era conocida como la gran Magallanes. Época de oro y un contexto donde la construcción del Canal de Panamá en 1914 era el principal puerto en la navegación entre los océanos Pacífico y Atlántico, que lo hizo un gran centro cosmopolita y comercial en el extremo austral de Sudamérica. Ellos me contaban de forma anecdótica estas travesías que tuvieron que vivir hasta llegar a estas tierras y que, con el paso del tiempo ya plantados en Punta Arenas, hicieron con mucho sacrificio un hogar para la familia”.

“A medida que iban pasando los años, comencé desde muy joven a asistir a la escuela de monjas, María Auxiliadora De Las Monjas, que era muy común para Chile, pero a mí me costaba mucho. Me terminaron sacando por ser muy pícara y escaparme”.

Una misa que no fue

Siguiendo con el relato, Julia recordó una de sus anécdotas siendo niña y en presencia de su escuela de monjas, las prácticas y las rutinas.

“Seguir un reglamento, un horario, unas pautas monótonas me era difícil, los domingos eran pesados ya que debíamos asistir siempre a una misa, pero antes nos mostraban unas películas más largas que mi propia vida, entonces, ¿cuál era mi plan? Pasar toda una tarde de merienda en lo de mi tía que vivía a unas cuantas calles de la iglesia a la que asistía”.

“Mi madre que tan sabia era, en una de esas tardes esperaba mi retorno al hogar, pero jamás llegué, agarró con lo primero que tenía puesto y dispuesta salió a buscarme en medio de la lluvia a la iglesia, las hermanas del colegio solo decían ´A Julita no la vimos en la misa´. La tormenta venía después, llegué ya con la misa culminada y las hermanas preguntando dónde estaba, que había estado mi madre buscando un rastro mío: El castigo, ir en rodillas peladas arrastrándome por muchas cuadras, cosa que también era común como castigo por hacer cosas malas como escaparse del colegio”.

“Al tiempo de salir de la escuela, me mandaron derecho a trabajar siendo muy joven, recuerdo muy bien cómo fue mi primer trabajo”.

 

Su hija, Sandra, quien acompaña a Julia en su hogar, nos ayuda a refrescar la memoria de Julita, que difícilmente va procesando la información y recordando de una forma muy clara al conectarse con su mente.

Sandra nos comenta que hace unos años, quiso saber más acerca de su madre y por qué sus padres se separaron y por qué la alejaron de su madre durante tanto tiempo, teniendo en cuenta que ella no fue criada por su padre sino por sus abuelos de parte paterna, sin tener recuerdos del abuelo sino más de su abuela.

“No siendo tan grande, recuerdo a una de las señoras, su hermana trabajaba para la telefónica de Punta Arenas y ahí el patrón me citó en primera instancia para una entrevista, ya que necesitaban a una persona responsable para el acompañamiento y cuidado de una señora mayor de edad. Luego de varios meses, mis patrones tuvieron que dejar la ciudad y viajar hacia el norte”.

“Lo que rescato es que siempre me tocaron buenos patrones a lo largo de mi vida, entre otros tantos trabajos, encontré a mi primer marido, donde la vida preparó las cosas para tener a una de mis primeras hijas, luego de ello me casé con él y tuvimos un total de nueve hijos”.
“Lamentablemente no pudimos complementarnos con los años en el amor, muchos malos momentos y decidimos terminar y separarnos cada uno por su lado, pero con eso, vinieron cosas negativas, me quitaron mis hijas y la suerte no me acompañó en ese entonces”.

 

Año ´60

Conectando con su memoria, Julita continuaba el relato, recordaba a una de sus viejas amigas y cómo el impulso de la vida las llevó a nuevas tierras.

“Surgió una propuesta de Rosa, amiga de Chile, que me comentaba de irnos a suelo argentino, para buscar futuro, al mencionar Río Gallegos yo no tenía ni una mínima idea de qué era, pero simplemente afronté la vida y nos decidimos venir, con una mano adelante y otra atrás, nos iba a recibir su hermano e iba a darnos un espacio en su casa. Llegamos un día a las 20:00, plena oscuridad ya que en ese entonces no había servicios en la mayoría de sectores de la ciudad, salimos alumbrando con linternas mientras caminábamos hacia nuestro destino, pasamos por Roca hacia la Comisaría Primera, donde nos esperaba su hermano con un policía quien sería nuestro transporte de ayuda para llegar a su hogar”.

“Yo no entendía adónde específicamente íbamos a parar, llegamos a la puerta y simplemente pasamos derecho del frío de la noche, una casa sumamente limpia y ordenada, me ofrecieron de cenar y simplemente acepté un café y me acosté a dormir. Al otro día me levanté y sentía muchísimo calor, me sentía agobiada y sofocada. El hombre, dueño de la casa, me invita a observar dónde estábamos ubicados, me asomé a la ventana y mis ojos miraban basura y una cantidad importante de moscas por todas partes. Estábamos al final de Avenida Roca, en una casa que estaba en medio del basural de aquel entonces, dentro mío había un grito que quería salir, pero que sin embargo estaba agradecida por ser bien recibida, por tener un techo y comida para esos días”.

 

Gallegos y mi futuro

“Vine a Río Gallegos con una compañera y única amiga de Chile, derecho a buscar trabajo, luego de haber sucedido todo el proceso de separarme de mi primer marido y de mis hijas, solo tuvieron que pasar unos 15 días antes de encontrar mi primer trabajo nuevamente en suelo argentino”.

“Entré de cocinera gracias a un escribano de la ciudad. A mi patrona de ese trabajo le explicaba que no tenía una gran variedad o conocimiento en la cocina, pero ella me explicaba que, si no sabía hacer algún plato en específico, ella misma se iba a encargar de enseñarme. La suerte iba viento en popa, yo trabajando como cocinera y mi amiga con quien vine entró de mucama, jornadas muy laboriosas, que arrancaban desde bien temprano”.

“Unas de mis patronas trabajaban en el Juzgado Federal, luego trabajé como peluquera durante seis años, luego trabajé con López Lestón diez años y así me fui curtiendo y creciendo como persona en estas tierras. Luego de varios años y ya habiéndome fortalecido y teniendo otra familia, un día tuve que volver a Punta Arenas por una de mis hermanas que estaba muy enferma, era urgente el poder verla, aunque sea por unos minutos, ya que pronto se iba. Luego de eso al retomar a Argentina, mi decisión y la de mis hijas fue que deje de trabajar ya que yo estaba mayor y debía encargarme de mí, antes que del resto”.

Juventud:

Y continuó comentando: “Cuando era chica y mucho más antes de venir a Río Gallegos, siempre me gustaba salir a bailar, a caminar, a disfrutar de los paisajes y los buenos momentos, acompañada únicamente de mis amigas. Yo identifico claramente que mi infancia y mi juventud fueron muy sanas y comparado con la actualidad se nota mucho la diferencia, hoy no es sana para nada, muchos peligros, muchos accidentes, el alcohol y la droga predominan ante la juventud y no es para nada saludable para ellos, totalmente corrompida y la mala educación para con la mujer”.

“En suelo argentino igual me gustaba salir a bailar a un anfiteatro conocido del viejo Gallegos llamado “Colón”, muy similar por dentro al cine Carreras, con dimensiones enormes y las butacas clásicas, forme muchas amistades más, algunas que otras conocidas de mi pueblo natal. Bailé de todo en mi vida, cumbias, pasodoble, boleros, clásicas cuecas, tango, de todo un poco, eso sí, no me pidas escuchar las canciones que escuchan los jóvenes hoy, no podría”.
 

Cuál es el secreto de vivir tanto tiempo

“¿Para mantenerse así, como yo? Supongo que la vida te fortalece y te enseña a cada momento a cada instante de tu vida, yo aprendí que hay que tener buen genio, que si pasa algo hay que estar tranquilo, no podemos dejar ni permitir que el peso o las culpas de otras personas nos carguen a nosotros también”.

“Nunca fui de pelear con nadie, traté de pasarles esa enseñanza a mis hijas que me acompañaron, a no discutir, a dialogar y resolver. Nunca violentar y divertirse en cada momento que se pueda, reír y también llorar”.

Mensaje a la juventud

Surgió de sus palabras, pensar un poco en el futuro de los jóvenes y esto fue lo que nos decía:

“Respetar a las mujeres, niñas y jóvenes, hay que cuidarnos entre todos. El mejor regalo que puede hacerle la juventud a su futuro es que el hombre simplemente respete a la mujer y a sus mayores”.

“Yo a veces no entiendo por qué pasan tantas cosas caóticas en este mundo, no pasaba en mi época o al menos no era tan común como ahora. No digo que todos sean iguales, pero duele leer todos los días noticias feas”.

Pandemia

Contexto de pandemia, una larga edad y la incertidumbre de una pandemia por el segundo año consecutivo.

“No quiero vacunarme, nunca me pasó nada, no salgo, nadie entra ni sale de la casa a no ser que quieran visitarme mis familiares, ellos están vacunados al cien por ciento, así que me deja un poco más tranquila. Ahora me hicieron el cumpleaños y los tenía a todos desde lejos nomás, y los familiares de Punta Arenas, que era muy común que año tras año me vengan a saludar no pudieron hacerse presentes y vamos por el segundo año consecutivo. Me malcriaron con muchas comidas que me gustan como empanadas de carne, de pollo, cazuelas, pizzas hechas por mi hija, pero tampoco me dejan abusar de esas comidas, mi hija me reta”, dijo.

“Quiero volver a mis actividades, yo asistía a un lugar donde se almorzaba y al rato presenciaba los bailes que se hacían allí, próximamente el 12 de septiembre, se va a reabrir y yo quiero estar presente ahí”.

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