Clases

Escuelas: El año no perdido, la posible semipresencialidad y el 30% de alumnos que pudo conectarse

El docente, Psicopedagogo Institucional y Licenciado en Gestión Educativa, Alejandro Castro Santander, indicó que en general, los docentes no estaban preparados para trasladar la enseñanza presencial a la virtual. La diferencia entre evaluar y calificar, la Unidad Pedagógica que no diferencia entre ciclos lectivos y las secuelas de no ir a clases. La vuelta a clases en marzo.

  • 06/12/2020 • 08:52
“La política debería apuntar a la semipresencialidad”. (Foto ilustrativa)
“La política debería apuntar a la semipresencialidad”. (Foto ilustrativa)

No hubo clases presenciales en el 98% de las escuelas del país, aunque en marzo del 2021, ya se anunció el retorno a las aulas.

Pero con la realidad cambiante de acuerdo a la situación epidemiológica, hay que ser “prudentes”, según el docente, Psicopedagogo y Licenciado en Gestión Educativa, Alejandro Castro Santander, quien además es Director General del Observatorio de la Convivencia Escolar de la Universidad Católica Argentina.

 

TS: ¿Fue un año perdido?

Castro Santander: Esto es más complejo. Tenés un tercio de chicos que se conectaron bien, un tercio con muchos problemas y un tercio que no pudieron directamente conectarse. Si vamos a lo que se planificó para un año escolar, se hablaba que se podría aprovechar un 30%, más o menos, pero te encontrás con chicos que se pudieron conectar -según el nivel- y grietas que ya venían en el sistema educativo antes de la pandemia y que tienen que ver con la tecnología, porque podés tener buena tecnología, pero no tener conectividad y muchos lugares tienen problemas de conectividad. Los docentes tuvieron el mismo problema con su conectividad y dispositivos. También están los que tenían algún tipo de dispositivo, como el celular, en donde 9 de cada 10 utilizaban WhatsApp, que gastás menos, no necesitás tanto tener dispositivos avanzados, pero lo llevaron como pudieron. Después está el otro tercio, que son los que no se pudieron conectar, en este grupo están, en el caso del Secundario, que inicialmente pudieron conectarse y después ellos mismos se desconectaron. Y esto último sucedió por estos mensajes muy ambiguos relacionados con que no se iba a evaluar. Entonces los chicos decían “¿para qué voy a estudiar si no se va a evaluar?”. Son ambos mensajes que vinieron del Ministerio de Educación en donde se decía que “no es momento de evaluar, sino de aprender”.

No hay que tomar nunca la evaluación como la última parte de un proceso. La evaluación forma parte del proceso educativo. Cuando uno va enseñando y el alumno va aprendiendo, entonces se evalúa. Pero hay muchas formas de evaluar y no hay que quedarse con eso de “saquen una hoja, habrá prueba escrita”. Se puede evaluar de muchas maneras: El esfuerzo del alumno, su participación. La retroalimentación en la cual preguntás apenas terminás de explicar.

 

-En este caso ese sistema no se pudo aplicar.

Podés hacerlo, pero es más complejo. El tema es que, sí se entiende la no aplicación de evaluación formativa, que prioriza el proceso, pero la evaluación sumativa sería injusto aplicarla en donde ponés una nota fría y cerrás un proceso sobre quién sabe y quién no. Ahí usás otra palabra, la calificación.

 

-No calificar no es lo mismo que no evaluar.

Sí. Si consideras que hubo mala conectividad en donde no están los docentes al frente explicándoles, que los padres son mediadores y ahí entra el tema de brechas tecnológicas, pero también didácticas. Los mismos docentes en general no estaban preparados para pasar lo que estaba programado para la presencialidad, transformarlo en virtual.

 

-¿Qué análisis hace después de este año con lo que se aplicó?

Lo dijimos desde abril y mayo, y hasta era una sugerencia, y nos parece bien esto de hablar de una Unidad Pedagógica larga, que abarque el 2020, unirlo con 2021 y algunos decimos hasta un pedazo del 2022. Convertirlo no en un año lectivo sino como si fuera un periodo más largo en donde vas adecuando toda la parte curricular. El proyecto curricular institucional es lo que las escuelas deberán trabajar muy bien.

 

-Esto será cuando los alumnos retornen a las aulas.

Sí, se deberá saber qué contenidos, cuánto tiempo se van a dar, cómo se van a dar. Lo mismo para la evaluación, lo que habrá que adecuarse según la realidad con la que se van a encontrar. Hasta ahora lo que se está haciendo, está bien. Me preocupa quizás un poco -aunque los entiendo- la postura sindical, que dicen un NO rotundo a volver. Yo no digo que sea un 100% presencial ya que hay lugares en los cuales no se puede volver porque no se dan las condiciones epidemiológicas (como Río Gallegos).

 

-Usted no es epidemiólogo, pero sí especialistas en salud cuestionaron que exista la apertura de bares, restaurantes y no de las escuelas. ¿Fue un error no dictar clases cuándo y dónde se podía?

El distanciamiento físico y lugares abiertos, se hablaron en abril y mayo de esto, y en algunos lugares se decía que había que analizar con tiempo usar espacios grandes -que no necesariamente eran espacios abiertos, porque podían ser grandes como polideportivos- y hacer una especie de banco de datos y se trabajaría con eso. Una especialista de infraestructura escolar de Dinamarca me decía que, en los países del norte de Europa, que no habían cerrado las escuelas, lo hacían al aire libre con el frío y todo, con la colaboración de los padres que podían.

 

-¿Eso significa que no se le dio prioridad a la educación presencial?

Sí, eso hizo ruido en algunos lugares. Al principio estaba todo cerrado, pero al mes y medio estaban abriendo las escuelas. Acá se cerró todo y el mensaje que había era que lo último que se iba a abrir iba a ser una escuela. Es complicado, entiendo que hace a políticas públicas, pero también se dijo que le iban a prestar mucha atención a la gente de salud, y la gente de salud hace rato viene diciendo que hay que abrir las escuelas. Esto es por dos razones: Una por la pérdida de conocimiento que es muy significativo en algunos sectores, como los que perdieron el año; y el otro tema, por la salud mental, que es la próxima pandemia como se dice, que es la que no hace ruido y va por otros lugares. Hay muchos estudios sobre esto luego de la Segunda Guerra Mundial, relacionados con la soledad, la falta de comunicación y el confinamiento. Las secuelas posteriores que muestran son muchas.

 

-El año que viene supuestamente habrá clases presenciales en Argentina, aunque   no llegó la segunda ola. Puede suceder que se retrotraiga el hecho de volver a clases.

Dependerá de las políticas, pero me parece que hay una inclinación a la semipresencialidad. Es decir, aquellos que tienen muchos problemas para conectarse o no pudieron conectarse, deberían ser presenciales y los otros habría que pensar en seguir a distancia y ver cómo se pueden dividir los turnos. No me imagino esto de cero escuela. Pero sucede que esto no se explica bien porque el Ministro dice: “Todos a las escuelas”, aunque no se sabe qué pasará. Si aprendimos algo es ser prudentes, no podemos tirarnos de cabeza con lo que vemos cada hora sino siguiendo paso a paso lo que está pasando. La política debería apuntar a la semipresencialidad, pero no que los que aprendieron la hagan de modo virtual y los demás todos presenciales, sino por turnos, por ejemplo, y habrá que ver cómo se aplica.