De terror

El VHS "prohibido en 40 países" que llegó a Río Gallegos en los 90 y no deberías ver

Se trata de la saga “Faces of Death”, que se podía alquilar en los videoclubs de la capital santacruceña.  Una de las historias más infames del cine de terror que generó pesadillas a quienes la vieron.

Se podía alquilar en videclubs.
Se podía alquilar en videclubs.
COMPARTÍ ESTA NOTA

Durante los años 90 y principios de los 2000, los vecinos de Río Gallegos que se acercaron a los videoclubs a rentar una película, podían ver en la sección de terror una cinta que llamaba la atención: “Faces of Death” (Rostros de la muerte). Se trataba de una película del año 1978, que se veía en los últimos lugares de las estanterías con el repertorio de cintas para alquilar. Pocos se atrevían a alquilarla y los que lo hicieron, no se llevaron una buena impresión.

Sin duda llamaba la atención a las personas que se acercaban para alquilar algún metraje de horror, ya sea por lo impresionante de sus portadas o por la estrategia de marketing con la que se promocionaba. “Prohibida en 40 países”, escrita con rojo sangre, era una forma de llamar la atención del cliente del club, a fin de ser alquilada. Pero ¿de qué trataba realmente?

“Faces of Death” era una película del género mondo, que se presentaba como un falso documental. La persona que la reproducía en la cassetera se podía encontrar con videos presentados como reales sobre diferentes formas de morir. Si bien la gran mayoría de las escenas mostradas eran falsas, se colaron algunos metrajes sacados de programas televisivos y de noticieros. El hilo conductor era la de un presentador que iba mostrando una colección privada de estas imágenes. Hubo polémica por la muestra de animales muertos.

Pese a la falsedad del film, los productores lograron su cometido: gente enojada, repulsión del espectador y por supuesto, mucho éxito marketinero. La leyenda sobre la supuesta película prohibida se iba pasando de boca en boca, un éxito viral en la era pre –internet. En Río Gallegos, algunas de ellas eran pirateadas y se pasaban de mano en mano.

Y la pregunta que quedó en el imaginario colectivo siempre fue “¿eran de verdad las muertes mostradas?”.

COMENTÁ