Psicología positiva

Cómo encarar la segunda mitad de año y plantearnos nuestras metas

Se va agosto y los tiempos de definiciones y objetivos por cumplir comienzan a ser parte de nuestro análisis diario. Un proceso natural de auto-evaluación que puede ser un buen hábito, si nuestras metas son reales.

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Llegan los últimos 4 meses del año y de a poco nuestro cerebro comienza a trabajar en torno al deber de comenzar a hacer un balance, reflexionar, pensar en el cierre de una etapa e imaginar lo que queremos y lo que no queremos para el cierre de un nuevo año, y de la mano de esto la sensación de que muchas veces el tiempo no alcanza, un tema que ya hemos tratado también en anteriores publicaciones.

En esta ocasión, Diego Gaitán, titular del Colegio de Psicólogos de la provincia de Santa Cruz, habló con TiempoSur, donde hizo hincapié en que “el sentir que el tiempo nunca alcanza, que no se logran los objetivos, muchas veces tiene que ver con el mundo de hoy, la actualidad, lo exitista, la búsqueda de resultados y exigencias que nos vamos poniendo”, lo que genera, según el profesional, “la sensación de que el mundo se escurre entre los dedos, cuando en realidad hay que evaluar una serie de factores”.

Detalló que se “parte de la base de conocer y ser cociente de si realmente  as expectativas que nos pusimos eran realistas, en qué tuve que ver yo, en qué tuvo que ver mi entorno”.  

Consultado sobre la época del año, mencionó que es un buen momento para que “las personas puedan reflexionar sobre sus aspiraciones, deseos, metas y que puedan hacer una evaluación de donde están ahora y donde quieren estar a fin año, y, en algunos casos, porque no, reajustar esas metas”.

En este sentido manifestó que “uno no necesariamente debe cumplir esas metas que se puso a principio de año. Hay que poder avaluar si aquello que se planteo es posible hacerlo en los meses que quedan y si es así darle para adelante, de lo contrario, reacomodemos los objetivos”.

Una buena opción sería terminar el año analizando lo que ya no necesitamos y planeando cómo podemos cambiarlo, proyectar metas concretas que nos lleven hacia nuestro estado más deseado, asumiendo que también nos podemos equivocar de nuevo, asumiendo errores y frustraciones.

 

 

 

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