Conociendo Río Gallegos

Cabo Vírgenes, el fin del continente

En el 1904, el faro emitía una luz que servía de referencia sobre la tierra a los barcos. Hoy es el punto de inicio y fin del continente. Además es el punto 0 de la ruta 40. Historia de una ida y una vuelta.

 Faro de Cabo Vírgenes.
Faro de Cabo Vírgenes.
COMPARTÍ ESTA NOTA

Es abril del año 1904. La niebla y la lluvia azotan el último punto del mapa, el extremo más al sur de toda la plataforma continental. Allí se erige un faro sobre el borde costero, que servirá en años posteriores como la luz de guía de todas las embarcaciones que naveguen por el mar. El viento también sopla fuerte, pero la tenue iluminación que emite el alfil es la señal de hacia dónde hay que viajar. Fue el Gobierno Nacional en territorio santacruceño, junto a la familia Fenton, los encargados de levantar ese faro. La enorme estructura de hierro fue levantada aquel 15 de abril, bajo el código nacional 1492. Hoy por hoy sirve no solamente como el punto de partida de la ruta 40, sino también como el final del camino de todo el territorio continental. Hoy los amantes de la navegación y la historia argentina tienen este punto como uno de los lugares turísticos para recorrer, siendo una de las visitas obligadas de aquellos que llegan a Río Gallegos. Los que llegan allí encontrarán acantilados altos, una soledad inmensa que no es sobrecogedora pero que sirve para alcanzar paz. El cielo se junta con el horizonte en el azul de él mismo y el del océano. Se encuentra ubicado a 130 km de la ciudad capital y repunte tanto a amantes de la pesca como de la fotografía por igual. Es que además del museo, se encuentra allí la reserva natural homónima, conocida comúnmente como “La pingüinera”, aunque de esto hablaremos más adelante. En este número no habrá historias de gánsters que pasaron por Santa Cruz, ni fantasmas vistos en estancia, sino algo más mundano y cerca, acá nomas, de Río Gallegos.

La semana pasada le contamos al lector acerca de la teoría de gigantes en Puerto Deseado. Esta especie de metaverso santacruceño repleto de mitos y leyendas baja un poco más a la tierra en este número, donde se detallan hechos históricos que han quedado registrados más allá de la fantasía. Hace más de 500 años, y también abriendo una ventana en la navegación y exploración del territorio santacruceño, Hernando de Magallanes descubrió el estrecho que lleva su nombre. Desde la primera misa celebrada en Puerto San Julián, la llegada de la nave a Puerto Santa Cruz y el “cabo de las once mil vírgenes”, se encuentra el origen del estrecho y de lo que hoy conocemos como Cabo Vírgenes.

A unos 3 km de Cabo Vírgenes se encuentra el sitio histórico que hace referencia al intento fundacional de la Ciudad Nombre de Jesús en 1584, bajo la expedición de Pedro Sarmiento de Gamboa para consolidar la presencia española en este extremo del continente. En su viaje Gamboa tuvo que atravesar muchas zozobras que le impidieron llegar adecuadamente a buen puerto, una vez en el lugar sobre la vera de unos chorillos se asentó la primer población europea sobre este sector, pero la inclemencia del tiempo y la falta de adaptabilidad al espacio por parte de los mismos no permitió su supervivencia.

 

La pingüinera

Uno de los atractivos turísticos claves que tiene Río Gallegos es la reserva natural. Allí los pingüinos, la mayor población de la Patagonia en cuanto a estas aves, pueden ser observadas por los viajeros. Se trata de una de las fotografías más icónicas del extremo sur de la argentina, que despierta no solamente nostalgia sobre la historia del territorio, sino también plantea un horizonte hacia dónde ir. La unión de las aves, con el inquebrantable espirativo de las oleadas, no hacen más que reafirmar la belleza del suelo patagónico santacruceño.

Esta reserva es un área protegida de 1230 hectáreas, situada entre Punta Dungeness y Cabo Vírgenes; fue creada mediante la sanción de la Ley Provincial N°1.806, en junio de 1986, con la finalidad de proteger a una de las colonias de Pingüinos Magallánicos más importantes y australes de nuestro país. La gestión y la conservación de esta reserva, hasta entonces la Estancia Monte Dinero, depende de la Dirección de Fauna Silvestre, dependiente a su vez del Consejo Agrario Provincial. Tiene como objetivo, además, conservar su ambiente biodiverso de flora y fauna, recuperando y manteniendo el suelo, así como también reintroducir especies autóctonas en su hábitat.

De este modo y por todos estos motivos, Cabo Vírgenes es un refugio en medio de la naturaleza, que invita a todos sus visitantes a recorrerlo y a vivir una aventurera experiencia, combinada con la historia Patagónica, la cultura, la ecología y un ambiente solitario que transmite una paz y tranquilidad únicas.

Pingüinos en el lugar.

 

El trabajo histórico

El Faro ha contado con una dotación que depende del Servicio Hidrográfico de la Armada Argentina. La dotación entre otras muchas labores cumple una misión meteorológica pues recoge y transmite los datos obtenidos válidos para la boca oriental del Estrecho de Magallanes.

Danilo Panisi, quien era cabo primero en el libro "Historias de la Argentina Secreta", contó que "Mi meta desde chico fue venir a la Patagonia. En un principio llegué a Río Gallegos desde mi Mendoza natal. Luego me destinaron al faro de Cabo Vírgenes. Gracias a Dios logré mi meta de radicarme en la Patagonia. Tengo familia y vivienda en la zona. Venimos aquí cada siete días, y volvemos al pueblo a visitar a las familias. La Patagonia necesita gente que se dedique a ella. Lamentablemente está muy olvidada, tanto en la parte humana como material. El costo de vida es muy alto, y se requiere mucha fortaleza y espíritu de lucha para sobrevivir. De todas maneras, creo que ya no podría vivir en otra región del país. Uno se encariña con el sur. Con esta forma de vivir, que resulta tan dura para el que recién llega..".

En el año 1983 (¡Vaya si hay historia!), su tarea básica era encender y apagar el faro, de manera manual y utilizando los generadores. En tanto debía realizarse en aquellos años los informes meteorológicos, turnándose con sus compañeros de trabajo en la atención de la radio. El principal objetivo siempre fue, es y será la ayuda al navegante. Sin dudas, Danilo tiene su lugar ganado en la historia del sur.

Lo que se puede ver en el lugar. (Foto UNPA)

 

La aventura

El 21 de octubre de 1520 la expedición que el navegante portugués Fernando de Magallanes lideró para la Corona de España encontró la boca oriental del estrecho que hoy lleva su nombre, un laberinto de fiordos y pequeñas islas, que desembocó en el Pacífico y permitió completar la primera circunnavegación del planeta.

España y Chile celebraron este miércoles los 500 años del descubrimiento europeo de este paso interoceánico, que unió los destinos de ambos territorios y configuró el mundo actual, demostrando que la Tierra era redonda y que todos los continentes estaban conectados por mar.

De las cinco naves que partieron de España, solo quedaban cuatro cuando la expedición encontró la boca de entrada al Estrecho de Magallanes, al que se adentraron sin saber si tendría una abertura hacia el que Núñez de Balboa había bautizado como mar del Sur.

Durante más de un mes navegaron sus canales y realizaron varias exploraciones en busca de una salida, una tarea titánica dadas las múltiples alternativas que plantea el lugar y al precario equipamiento con el que contaban.

Fueron un total de 38 días de lucha constante contra el desánimo, los motines y la deserción, las inclemencias del tiempo, los vientos y las fuertes corrientes de los canales.

El mapa de la expedición.

COMENTÁ