Riqueza natural

Santa Cruz y la vida oculta de sus costas

La costa santacruceña es una fuente inagotable de riqueza natural. En esta entrevista, el biólogo marino Juan Pablo Martín, explica la importancia de las comunidades bentónicas y los objetivos de su estudio.

  • 28/12/2022 • 19:19

Juan Pablo Martín es biólogo marino y dirige un grupo de investigación en la Unidad Académica San Julián —dependiente de la Universidad Nacional Patagónica Austral— llamado “Biología y ecología de comunidades bentónicas”. Como su nombre lo indica, el equipo estudia la composición de esas comunidades y cómo las afectan las distintas variables de su entorno.

Pero, ¿qué son las comunidades bentónicas? Se trata de “todos los organismos tanto animales como vegetales que viven vinculados al fondo del mar, desde las playas (de arena o costas rocosas) hasta las grandes profundidades”, explica Martín. Concretamente, este grupo de trabajo se dedica a la comunidad bentónica costera, de la zona intermareal y los primeros metros.

 

“La comunidad bentónica involucra todo lo que es flora (como las algas marinas) y los invertebrados, principalmente marinos, que incluyen moluscos, anélidos, poliquetos, crustáceos y equinodermos (estrellas marinas), organismos estrechamente vinculados al fondo del mar”. La tarea de este equipo de investigación, incluye muchos viajes por la extensa costa santacruceña: “Tenemos una costa de casi mil kilómetros de longitud, lo que nos obliga a estar constantemente en movimiento”.

Cuenta Juan Pablo que en la década del ‘60, se encontraba en Puerto Deseado el Centro de Investigación de Biología Marina, pionero en su campo en América Latina. “La idea de nuestro equipo -que viene trabajando desde hace 15 años- es retomar las investigaciones vinculadas a comunidades bentónicas marinas en la provincia, siguiendo la línea que se había iniciado décadas antes, expandiendo las tareas a la zona centro y sur de la costa santacruceña”.

Además de la tarea científica, el equipo de investigación persigue otro muy importante objetivo: “El fin último de nuestro trabajo es generar políticas de cuidado, que las entidades de aplicación tomen medidas, a raíz de los resultados de nuestros estudios. De manera que nuestra labor no es solo diagnosticar la calidad y el efecto del impacto, sino ver las mejoras posibles y los resultados de las medidas tomadas para contrarrestar esos impactos”.

 

Los peces, tanto como las aves costeras que se aproximan a la playa para alimentarse durante la marea alta, encuentran en la comunidad bentónica su base alimentaria, en conjunto con el plancton. “Son el recurso alimentario de aves autóctonas y también de migrantes, muchas de las cuales encuentran en la playa un sitio de descanso y alimentación”, explica Martín.

Además de ser alimento de recursos pesqueros, Juan Pablo Martín aclara que “la comunidad bentónica es un recurso en sí misma, ya que muchas especies constituyen atractivos pesqueros importantes como los moluscos, los mejillones, las cholgas, vieiras, distintos tipos de caracoles. Dentro de los crustáceos, hay variedad de cangrejos como la centolla, que son un valioso recurso comercial”.

Pero, además de ser y alimentar recursos pesqueros, la comunidad bentónica tiene otro gran valor: “Es un eslabón clave para reciclar todo lo que es materia orgánica o sedimentos de playa y, así, se constituye como base alimentaria de otros organismos importantes para el ecosistema, eslabones superiores de la cadena, como son las aves y peces”.

 

Bosques en el fondo marino

Las macroalgas (o kelps, como también se las conoce) conforman los llamados “bosques de laminariales”, compuestos principalmente por una especie que los científicos denominan macrocystis. Al igual que los bosques terrestres, tienen un importante rol en la lucha contra el cambio climático, debido a su capacidad de secuestrar dióxido de carbono y producir oxígeno: “Son algas marrones que llegan a crecer hasta 15 mts. de altura desde el fondo. Estos bosques de macroalgas poseen gran diversidad y riqueza de especies bentónicas, constituyen ambientes particulares y son típicos de la costa de Santa Cruz”.

Pero, además de analizar los organismos vinculados al fondo marino, el equipo de investigación, comandado por Juan Pablo Martín, se dedica también a investigar el efecto de agentes externos sobre las comunidades que analizan: “el efecto de la acción del ser humano, como puede ser el vertido de efluentes urbanos (muchos de ellos tratados incorrecta o directamente sin tratamiento alguno) y el ingreso de especies exóticas son impactos que implican cambios en las comunidades y, mediante el estudio de estos efectos, podemos diagnosticar la calidad del ambiente marino costero”.

 

Sucede que los efluentes cloacales no tratados correctamente agregan materia orgánica, y eso produce cambios en la calidad del ambiente. Estas modificaciones se reflejan en la composición de la comunidad bentónica. “Nosotros relevamos muestras y comparamos la composición en los sitios donde se vierten los efluentes con los sitios que se encuentran alejados de la fuente de impacto”.

De ese análisis surgen los diagnósticos sobre la calidad del ambiente y sobre el impacto que tiene la acción del hombre en la naturaleza. Ya sea en los bosques sumergidos, como en tantos otros ecosistemas, el cuidado y respeto por la naturaleza es crucial a la hora tanto de realizar investigaciones, como cuando nos acercamos a visitar un lugar desconocido.

“Estamos realizando estudios en sitios que no habían sido investigados antes, sobre todo en playas formadas por arena y fango. Son ambientes muy importantes, porque alojan a la comunidad bentónica que constituye la base alimentaria de muchas especies”, describe Martín.

La flora y fauna de estas comunidades, las macroalgas y los invertebrados que habitan el lecho marino tienen, además de un rol fundamental en su ecosistema, una belleza incomparable.