Consecuencias de la pandemia

Muchas pastillas, automedicación y el tabú de las enfermedades mentales

De acuerdo al Observatorio de Adicciones y Consumos Problemáticos, el Clonazepam y el Alprazolam que se venden bajo receta, se encuentran entre los 15 más vendidos en el país. “Los psicofármacos deben tener una indicación muy precisa”, dijo a TiempoSur el Dr. Ricardo Corral, presidente de la Asociación Argentina de Psiquiatras. Advirtió que existe un circuito por el cual “la gente consigue recetas de favor o por conocidos”.

El consumo de psicofármacos aumentó durante la pandemia.
El consumo de psicofármacos aumentó durante la pandemia.
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“La realidad es que la salud mental nunca ha sido política de Estado desde que tengo uso de razón”, aseveró desde el inicio de  esta entrevista  el Dr. Ricardo Corral*, médico especializado en Psiquiatría y presidente de AAP (Asociación Argentina de Psiquiatras).

La aclaración del especialista -quien además es investigador y profesor de la UBA- servirá para explicar, en parte, el aumento del consumo de psicofármacos de los argentinos, producto de la pandemia, pero también del incremento del consumo de alcohol y la automedicación. 

Según el Observatorio de Adicciones y Consumos Problemáticos, hubo gran aumento en el consumo de psicofármacos durante la pandemia, sobre todo en dos psicofármacos: el Clonazepam y el Alprazolam que se venden bajo receta. Estos psicotrópicos se encuentran entre los 15 más vendidos en el país y la tasa de crecimiento de sus ventas supera varias veces el promedio general.

Durante el año del inicio de la pandemia el total de medicamentos vendidos fue de 689.838.945 unidades, rompiendo con la tendencia descendente de 2019 al aumentar un 1,35%.

Los psicofármacos son medicamentos que alteran el sistema nervioso central y su demanda aumentó en el último año por la ansiedad, insomnio y cuadros depresivos.

La problemática incluye otra: el tabú que significa hablar de salud mental.

“Empecé en el Borda en 1983, hace 38 años, y la realidad es que no ha habido políticas de salud reales, con acciones concretas y hechos, y con presupuesto para desarrollar y mejorar la atención y el acceso a la salud mental de las personas”, afirmó el especialista.

La pandemia y cuarentena - Corral distinguió una de otra- generó “zozobra, incertidumbre y preocupación”.

La pandemia provocó miedo a morirse y que mueran los seres queridos “algo que lamentablemente sucedió con más de 110 mil muertes por COVID-19” y desató “perturbaciones y un cataclismo social similar a una guerra a un desastre como un terremoto”.

La cuarentena -basada en el ASPO que comenzó el 20 de marzo de 2020- tuvo efectos colaterales con el cambio de la rutina diaria de todos los grupos etáreos, los niños no fueron a las escuelas, los adultos mayores quedaron aislados sin visitas”. “La gente se volvió sedentaria y los que lo eran, fueron más sedentarios, lo que provocó un aumento de peso en la población”, destacó.

(Según un sondeo realizado por IPSOS a fines del año pasado, Argentina fue uno de los países en donde la gente ganó más kilos, un promedio de 7,9 kg).

Otro factor que incidió y sumó a lo que el profesional denominó un “combo mortal”, fueron las noticias diarias sobre los muertos por Coronavirus, y la crisis económica. “Esto generó mucha ansiedad”, resaltó.

Una investigación realizada por la propia AAP que analizó el impacto de la pandemia en 1.800 profesionales de salud mental, arrojó que 2 de cada 3 profesionales padeció ansiedad, insomnio  y cuadros depresivos.

“Llegamos a tener a más del 65% con problemas para dormir. Si bien, como soy muy estricto, creo que no es aplicable la estadística de la población -aunque si es una muestra significativa- hay que decir que los datos de la Facultad de Psicología de la UBA llegaron a datos similares”, advirtió.

Todo conllevó a un mayor consumo de psicofármacos y alcohol (esta última sustancia ya representaba un consumo problemático antes de la pandemia).

“Los psicofármacos deben tener una indicación muy precisa, indicada por Psiquiatras y con una estrategia de marco terapéutico, porque no significa tomar algo para siempre, y por eso el otro problema fue la automedicación”, marcó Corral. Otras enfermedades sí lo necesitan como un trastorno bipolar o esquizofrenia “pero no el insomnio y la ansiedad”.

Es decir, se debe realizar una evaluación integral del paciente para que esto derive en la medicación “que a veces no amerita”.

“Hay un circuito que la gente consigue recetas de favor o por conocidos, pero el Psiquiatra es el experto en asumir un diagnóstico, porque a veces los psicofármacos no es lo mejor, sino la psicoterapia”, apuntó.

Por ejemplo, la mitad de los pacientes de Corral no están medicados. Pero al mismo tiempo señaló que los psicofármacos “no resuelven los problemas de la vida, porque la vida no es medicable”.

“La salida más fácil es tomar un Rivotril y es un error porque hay que afrontar las dificultades y desarrollar un mecanismo para superarlo”, explicó.

Consecuencias y tabú  

Hay dos grupos de personas, las que ya tenían un padecimiento psíquico y no accedieron al tratamiento durante la cuarentena, y los que ya sufren estas consecuencias descompensatorias.

“La trama social comenzó con problemas, como aumento de peso, dificultad para resocializar, familias que consultan por chicos que tienen problemas para integrarse a la escolaridad y personas con ansiedad e insomnio que quedaron pegadas al consumo de psicofármacos”, abundó.

Pero no todas las manifestaciones de síntomas psiquiátricos se deben a enfermedades mentales sino que “pueden ser secundarios a problemas clínicos”.

“Si una persona está deprimida, quizás no es depresión psiquiátrica, sino que puede ser hipotiroidismo, y por eso el diagnóstico debe hacerlo un médico especialista en Psiquiatría, porque puede padecer una enfermedad de otra índole, y en base a ese diagnóstico hará el tratamiento adecuado”, remarcó, lo que se denomina diagnóstico diferencial.

El profesional recalcó que la sociedad “debe demandar a los funcionarios de todos los colores políticos” que existan políticas de Estado y que existan acceso a las consultas”.

También ayudará la información y el “estigma” que envuelve a las enfermedades mentales.

“Si hablo del Borda, la gente imagina un lugar carcelario y siniestro, lo que genera prejuicios y la gente no consulta porque piensa en algo malo, cuando en realidad el 90% de los pacientes tiene tratamiento ambulatorio, y no se trata de una cárcel en la cual uno entró y no se fue nunca más”, mencionó.

En el Borda incluso, hay solo 400 pacientes internados. (Fuentes: Observatorio de Adicciones y Consumos Problemáticos-TiempoSur-Infobae)

 

 

*Dr. Ricardo Corral, Médico especializado en Psiquiatría de la UBA, presidente de la Asociación Argentina de Psiquiatras; profesor de la Facultad de Medicina de la UBA, Jefe Docente e Investigador del Hospital Borda, Investigador de Neurociencia de la Facultad de Medicina de la UBA.

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