Columna

Acelerar el desarrollo

Por Rubén Zárate.

Rubén Zárate.
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La firma de convenios y acuerdos de la empresa Y-TEC con el gobierno de la Provincia de Santa Cruz con el propósito participar en la iniciativa de creación de un Polo Científico y Tecnológico en Río Gallegos es una buena noticia.

Reestructuración del Estado en la sociedad del conocimiento.

Y-TEC es una sociedad constituida por un 49% de acciones de CONICET y un 51% de acciones de la empresa YPF S.A. Su objeto principal basado en I+D vino a cerrar una brecha iniciada con las privatizaciones de las empresas nacionales de hidrocarburos el siglo pasado. Involucrarla en una estrategia global de la federalización de la ciencia y la tecnología es un acierto de la gobernadora Alicia Kirchner.

La creación de Y-TEC fue posible luego de la recuperación de la mayoría accionaria (51%) por parte del Estado argentino. Este proceso revirtió la serie de pasos dados desde 1990, por el entonces presidente Menem, cuando a través del Decreto 2778/90 sentó las bases para su venta, transformando YPF S.E. en una Sociedad Anónima y terminando con un proceso de capitalización nacional iniciado en 1922 por Enrique Mosconi, que la había convertido en la primera empresa petrolera integrada verticalmente del mundo.

Este proceso que ¨se perfeccionó¨ con la entrega a la empresa española REPSOL en 1999, provocó una perdida estratégica en las herramientas públicas para lograr la autonomía energética y una desestructuración de las dinámicas del desarrollo de las sociedades locales cercanas a los yacimientos que aún persisten en diversos aspectos.

Pero no fue solo eso, también provocó una descapitalización enorme de activos intangibles basados en tecnológicas, patentes y modelos de utilidad generados por más 70 años por la propia empresa. Saberes codificados e implícitos basados en décadas de una cultura productiva, invisibles a los ojos de quienes solo miran aspectos financieros, fueron destruidos.

Pérdidas y ganancias

La dinámica del capital tuvo en esta etapa perdedores en el sur y ganadores en el norte. REPSOL YPF, durante el control del capital español, operó como una de las 10 grandes petroleras del mundo y fue durante ese período la mayor compañía privada energética de Hispanoamérica. Lo obtenido le permitió fundar en ese período un centro tecnológico ubicado en Móstoles, Madrid, que en 2005 agrupaba las actividades de investigación y desarrollo del grupo, con más de 350 científicos y tecnólogos y una inversión de 174 millones de euros, concentrando en el mismo lugar el Instituto Superior de la Energía, primer centro español que impartió formación de posgrado especializada en energía y petroquímica.

Actualmente el Repsol Technology Lab, es una de las iniciativas privadas de vanguardia de I+D de España basado en la innovación abierta y el trabajo en red en alianzas con centros tecnológicos, empresas y universidades de todo el mundo. Solo en 2020 invirtió más de 20 millones de euros, 240 expertos de 17 nacionalidades, 85 millones de euros invertidos en startups, 20 laboratorios especializados, más de 35 plantas pilotos y no menos de 11 nuevas familias de patentes registradas en 2020.

Este impulso coincidió con la privatización de YPF SE y en particular por la trasferencia de una serie de activos intangibles que en su momento no fueron incluidos debidamente en el cómputo que derivó en las privatizaciones, estos activos se han ido convirtiendo en patentes vinculadas al desarrollo de las cadenas de valor del grupo empresarial.

Propiedad intelectual, patentes y desarrollo sostenible.

Este proceso no fue exclusivo de Argentina; las privatizaciones y la desregulación en el marco del Consenso de Washington provocaron que se modifique la tendencia en materia producción de conocimiento significativo para el desarrollo, en particular el expresado en las patentes, que son las que permiten que se generan posibilidades de incidencia en las cadenas de valor y apropiación del valor en términos productivos. Tener Vaca Muerta es importante, pero disponer de las patentes sobre las cuales se crean los equipos de exploración, producción y transporte tiene en esta época un valor estratégico global.  

Algunos datos ilustran lo dicho. En el mismo período que se producían estas privatizaciones y aperturas, los países de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE) experimentaron un gran crecimiento de las solicitudes y registros de patentes, de acuerdo a trabajos de CEPAL. Al comparar el promedio anual de los períodos 1990-1994 y 2000-2004, se observa que las solicitudes de patentes aumentaron en un 51%, de 730.000 a 1.100.000 al año, mientras que los registros de patentes se elevaron en un 52%, de 270.000 a 411.000 anuales. En este grupo de países destaca Estados Unidos, cuyas solicitudes y registros de patentes en la Oficina de Patentes y Marcas Registradas aumentaron un 60%.

Al contrario, en América Latina mientras a comienzo de 1990, una de cada cinco patentes solicitadas era nacional, en el período 2000-2004 la proporción se redujo a una cada nueve patentes y actualmente es al menos una cada 20 patentes según el país que se analice.

En el caso argentino la caída ha sido continua desde 1990 y más allá de los esfuerzos presupuestarios realizados desde 2003, el sistema científico, tecnológico y de innovación no ha podido aún revertir esta situación. Los estudios de la Red de indicadores de Ciencia y Tecnología (RICYT) indican que el período 2005-2015 la caída en patentes ha sido del 40%. Estos datos obligan a revisar aspectos de las políticas de I+D+i, parece que no es solo cuestión de incrementos presupuestarios si los ¨estilos tecnológicos¨ no son definidos como decía Oscar Varsavsky.

Donde se producen las cosas.

Una buena parte de la experiencia comparada indica que la capacidad de vincular eficazmente el conocimiento científico al desarrollo tecnológico se potencia en los propios procesos productivos, en ese caso, sería en la cercanía de los yacimientos. En tal sentido es muy valiosa la decisión de retomar este camino de políticas deliberadas de ciencia, tecnología e innovación en proyectos que vinculan gobierno, empresa y academia a nivel regional.  

Las trayectorias tecnológicas desde hace más de tres décadas indican un avance de las patentes internacionales por sobre las nacionales, lo que constituyen además un indicio de control internacional de las cadenas de valor sobre los recursos naturales. Revertir esos procesos va a llevar tiempo, pero es bueno empezarlos como ha ocurrido estos días. 

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