Entrevista por Tiempo FM

Romper con la lógica binaria

Es lo que planteó el investigador del CONICET, Daniel Feierstein, respecto de la situación epidemiológica en la Argentina, en diálogo con Tiempo FM . Además hizo hincapié en que se debe entender la situación de cada jurisdicción al momento de hablar de la presencialidad en las clases.

Dr. en Ciencias Sociales - UBA e Investigador del CONICET, Daniel Feierstein
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Daniel Feierstein, doctor en Ciencias Sociales por la UBA e Investigador del CONICET, habló con Tiempo FM, donde hizo un análisis de las medidas tomadas por la pandemia de COVID-19 en Argentina. También se refirió a la situación en Santa Cruz; el pedido de presencialidad de las clases y también hizo hincapié en la posición que deben tener todas las fuerzas políticas de explicar respecto de la importancia que tiene la vacunación.

 

¿Porqué no se respetaban las consignas? ¿O no se respetaban las medidas? Tal vez uno de los problemas tuvo que ver con no entender la idiosincrasia de los argentinos. La mirada como sociólogo de lo que fue la pandemia en el 2020.

D.F: Uno de los problemas fue no pensar en el diseño de medidas que tuvieran que ver con el tipo de sociedad que somos y tomar eso en cuenta a la hora del diseño de las medidas sanitarias.

Para dar un ejemplo, la repatriación de quienes estaban afuera de la Argentina al momento de inicio de la pandemia; fue un momento donde en el país no había casos, donde se hizo un cierre temprano muy adecuado, muy bien implementado en ese momento, pero donde no se previó el hecho de saber que dado el nivel de desapego que tiene por el cumplimiento de las normas, en especial, ciertos sectores sociales en la Argentina, sectores sociales urbanos que justamente tienen que ver con determinado tipo de corte social, pensar que esa gente solamente prometiendo que se iba a quedar 14 días en la casa se iba a quedar, generó que se tirara por la borda todo el enorme esfuerzo de esa primera cuarentena en especial en el AMBA y que después se irradió a todo el país. Ahí tenemos un ejemplo, entre muchísimos otros, que podemos pensar como era necesario tomar en cuenta las características de nuestra sociedad para el diseño de cualquier medida sanitaria.

 

¿Eso no tiene que ver con la imagen o la comunicación oficial? Como por ejemplo el velorio de Maradona, fotos del propio presidente sin barbijo. No hay como un doble discurso, por un lado sí hay que apegarse a las normas y por el otro hay ciertas personalidades que tienen como una venia para saltarse esas consideraciones.

D.F: Hay varias cuestiones que jugaron en contra de los distintos actores. Por un lado un sector importante de la oposición que jugó a boicotear cualquier medida de cuidado y creo que esto fue un problema serio pese a que hubo otro sector de la oposición que sí planteó cierto nivel de responsabilidad y acuerdo en cierta medida, hubo sectores que salieron desde el primer día a boicotear cualquier medida de cuidado, a plantear la inexistencia del virus con lógicas negacionistas.

Por otro lado, lo que plantean también es así porque es mucho más lo que se transmite gestualmente que con el discurso. Entonces, genera una situación de doble mensaje si yo estoy pidiendo que la población lleve a cabo una serie de cuidados, de sacrificios, dureza de necesidad de ciertas medidas sanitarias y al mismo tiempo, se difunden imágenes en donde las personas que están reclamando esto no están cumpliendo ellas mismas con ese cuidado, o en todo caso los cuidados que cumplen son inadecuados. Creo que esto también jugó un rol; creo que lo que jugó muy fuerte es lo que se llaman técnicas proyectivas que es tratar de poner la culpa en alguien; me parece que esto que marca de ese doble mensaje jugó muy fuerte colaborando en la proyección. Entonces, la idea es: Ah me piden a mí que me cuide y los demás no se están cuidando. Cosa que no era exactamente así pero así fue el mensaje que se transmitió y creo que fue uno de los elementos; por eso estoy destacando otros que explica lo que hemos tenido acá.

 

Los argentinos tenemos esa tendencia, no solamente en poner la culpa en el otro y no hacernos cargo de la nuestra. Por ejemplo: Por qué no controlan el tránsito y cuando te para la policía decís por qué me parás a mí.

D.F: Exactamente. Tenemos millones de ejemplos en este sentido. Desde los medios mostrando a los jóvenes en una fiesta en el momento donde el gran aumento de contagios tuvo que ver con las reuniones de las fiestas de fin de año que no se le pueden adjudicar solo a los jóvenes. Se reunió todo el país en las condiciones que no se tendría que haber reunido y eso disparó la tasa de contagios y fíjate cómo eso ha bajado después que pasaron las fiestas de fin de año.

La idea es la culpa la tiene el joven, la culpa la tiene el runner, la culpa la tiene el Presidente, la culpa la tiene alguno para sacarnos de encima la cuestión de poder revisar un poco nuestros propios comportamientos y que creo que, en situaciones donde se requiere tanto la cooperación estas situaciones se vuelven más graves. Lo tenemos en otros planos también; Argentina es uno de los países con mayor nivel de muerte por accidente de tránsito en función a su proporción en la población y tiene que ver con lo mismo, con no respetar medidas mínimas de cuidado o de cooperación.

 

Mirada sobre el regreso parcial, paulatino a clases presenciales. Porque en estos momentos hay una manifestación por el pedido de clases presenciales y el Ministro Trotta estuvo hace poco aquí en Río Gallegos y es el propio discurso del oficialismo que quieren el retorno a clases presenciales.

D.F: Creo que hay que romper la lógica binaria River-Boca en ese sentido y entender jurisdicción a jurisdicción en qué situación estamos. Yo creo que es muy importante el retorno a clases presenciales pero no se puede hacer en una situación sanitaria que no lo permite y es muy difícil pensar en el estado de la educación argentina y con las escuelas que tenemos, protocolos que sean sensatos; porque tenemos una enfermedad de transmisión aérea. Lo único seguro para el retorno a clases presenciales es que tengas un nivel de contagios diarios muy bajo, las distintas estimaciones y recomendaciones internacionales te dicen no más de 5 contagios cada 100 mil habitantes. Eso es lo que muestra que las grandes urbes del país en este momento no están en condiciones de hacerlo; entonces, lo que hay que hacer es encarar medidas para poder bajar el nivel de contagios y poder retormar la presencialidad.

Ahora hay de pronto una cantidad de jurisdicciones que sí están en condiciones y quizás uno de los casos más discutidos y que hay que poner sobre la mesa, no solamente en la línea en que se lo pone, es el caso de Formosa que podría hacerlo perfectamente y de hecho lo va a hacer, abrir las clases porque tiene un nivel de contagios tan bajo que el nivel de riesgo es muy bajo.

Me parece que pasa un poco por ahí, en lugar de hay que abrir, abrir a como de lugar o, no, no hay que abrir mientras que haya pandemia. Me parece que no pasa por ahí sino en qué condiciones se puede abrir.

 

Uno de los errores fue el nacionalizar lo que pasaba en Capital Federal o en el AMBA y lo que ocurrió en lugares como en Santa Cruz donde hasta julio o principios de agosto no tuvimos casos, vivíamos al ritmo de Capital Federal; pudimos haber tenido clases presenciales. Tal vez hablamos con el diario del lunes y hoy a un año del inicio de la pandemia tenemos muchísima más información de la que teníamos el año pasado.

D.F: Argentina tuvo un control de la situación, fue realmente exitosa la primera decisión que tomó el país y logró erradicar el virus en el 85% del territorio nacional incluída Santa Cruz; y sin embargo, la imagen que quedó fue lo que pasó en Buenos Aires. Y luego al no poder aislar Buenos Aires, el virus se irradió a todo el país y cuando había que hacer los cierres en distintos lugares del país, que diría que tal vez Santa Cruz tuvo dos momentos fundamentales, uno hacia agosto y otro hacia noviembre/diciembre, esta irradiación del hastío generó que no se puediera hacer algo; que yo creo que en provincias como Santa Cruz es mucho más fácil que en otros lugares, al tener pocas ciudades con mucho control jurisdiccional o posibilidad de control de la circulación de uno a otro lugar, un pequeño sacrificio de 15 a 20 días podría implicar que Santa Cruz fuera Formosa, erradicar el virus de Santa Cruz y esto implicaría que todas las otras discusiones dejan de serlo, porque si tenes un nivel muy controlado, muy bajo de circulación del virus no tenés ningún problema para abrir la presencialidad escolar ni otras instancias económicas, comerciales, o lo que fuera.

El tema es que hay que hacer ese sacrificio y se generó esa sensación de hastío, de falta de interés, de que nada sirve que impide esa situación de decir hoy tenés en gran parte del país, incluido Santa Cruz, una situación de bastante gravedad que te impide una cantidad de actividades que hay que encararla de modo más general.

 

No fue un error comunicar que iban a llegar millones de vacunas. Hoy estamos en febrero y tenemos 400 mil dosis completas. No fue un error también y esto genera ansiedad en la gente, porque ya está la vacuna y entonces, laissez faire (dejen hacer)para todos.

D.F: Creo que hubo un triunfalismo en varias cuestiones que generó una sensación  equivocada. Del otro lado también es gravísimo haber salido a difundir cualquier información falsa acerca de la vacuna Sputnik que en ese momento ya tenía todos los indicadores, más allá que no hubiese publicado The Lancet de su fase 3 que es lo que lleva al ANMAT a aprobarla. Me parece que hay como distintos discursos que no nos están ayudando y por un lado cuando se consigue el contrato con una vacuna, tengas una cantidad de fuerzas políticas saliendo a mentir sobre la situación sanitaria y por el otro lado, tengas un oficialismo que esté planteando una expresión de deseo que tenía dos problemas: Uno, el poder efectivizar ese contrato en función de la situación internacional que era previsible en relación a la que estamos y otro, que ni siquiera apareció fue la logística que aún si mañana recibiéramos 10 o 15 millones de vacunas, no tenemos un Estado que sea capaz de administrar 10 o 15 millones de vacunas en un mes. Entonces, me parece que lo que hay que hacer es prever que justamente, vamos a tener una segunda ola, que el proceso de vacunación va a llevar 5 a 6 meses; que es muy importante que todas las fuerzas políticas puedan explicar la importancia de la vacunación y dejen de difundir información falsa pero que, al mismo tiempo, se suma a la gravedad de la situación entender sin triunfalismo que esto nos va a llevar tiempo y que es posible que en la primavera tengamos vacunada gran parte de la población pero de ninguna manera en febrero, marzo o en abril.


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