Los Protagonistas

Ana María Ianni: se ganó un lugar entre los pioneros y es senadora

Llegó a Calafate desde la Matanza para hacer su examen como guía turística en el 2001. Después de ofertas laborales, decidió quedarse y hoy es una de las legisladoras clave del distrito. Peronista desde chica, aún guarda la boleta de afiliación de su abuelo.

Ana María Ianni.
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Cuando Ana María Ianni llegó a Calafate en 2001 para hacer el examen de guía turística junto a sus amigas, no imaginaba que casi dos décadas después representaría a Santa Cruz en el Senado de la Nación. Al momento de armar el bolso y preparar la mochila para venir al Sur desde la Matanza, tenía planeado quedarse algunas semanas. Gracias a sus excelentes notas en la prueba, le llovieron ofertas de trabajo que fueron demasiado buenas para ser rechazadas. En la villa turística conoció a su pareja con quien formó una familia, como así también a su conductor político Javier Belloni. A diferencia de muchos de los funcionarios santacruceños, Ianni no es nacida en la provincia, sino quedada acá por opción, lo que en algunos de los casos es incluso más valioso. De familia peronista, la Senadora contó su viaje desde Buenos Aires a Calafate para Los Protagonistas, donde hizo un repaso de sus 18 años de residencia en lo que para ella es la meca del turismo.

Su llegada

Ianni relató que llegó a Santa Cruz desde la Matanza en septiembre de 2001, meses antes que estallara la gran crisis nacional. Viajó hasta Calafate para realizar un examen como guía turística junto a un grupo de amigas, escapando también del ritmo y el ruido de su ciudad de origen. Al momento de aventurarse al Sur, tenía una vida laboral estable en su ciudad. “Buenos Aires me tenía podrida, no quería saber nada”, indicó a este medio. El cambio de ritmo –llegando a una localidad con una reducida población- fue para ella “chocante”.

“Cuando llegué a Calafate, había 4500 personas, el camión de las verduras venía dos veces por semana como mucho. No me pensaba quedar a trabajar. Venía a rendir exámenes, cortar un poco la rutina”, relató. Con una semana de licencia de su trabajo original, decidió seguir recorriendo la zona, conociendo El Chaltén. La zona cordillerana de la provincia, los glaciares y el turismo le sirvieron como refugio. “Quería salir de la vorágine y me atrapó esto. Necesitaba un lugar donde la gente te saludara, te conozca, te sonría. Cuando llegó el momento de irme, me llaman de una agencia de viaje, me ofrecieron trabajar. No lo podía entender que me ofrecieran el trabajo así. En ese momento solo me reí, no entendía que me ofrecieran trabajo sin conocerme”, relató todavía sin dar crédito que le ofrecieran estabilidad laboral con tanta facilidad.

Jugando en primera

Para el sector turístico, trabajar en Calafate o Chaltén es literalmente “jugar en primera”. Poder conseguir trabajo en la zona para Ianni fue un “up grade” inmenso, que le daba ventaja por sobre sus pares. Puso en contexto que para la gente de Buenos Aires, la Patagonia es un lugar turístico de lujo y que para la época (principios de la década del 2000) era más barato viajar al exterior que al sur del país. “Empecé a laburar un montón en el mes de diciembre de 2001, aplicando lo que había estudiado. Después en diciembre llegó la hecatombe, pero acá se vivía una burbuja”, relató.

Todavía tiene fresco en su memoria el momento que vio el caso que se vivía en Capital Federal. Fue a uno de los locutorios de Calafate a enviar e-mails y llamar por teléfono, cuando vio por la televisión lo que pasaba. El desplome económico afectó al sector y muchos de los turistas habían perdido la confianza de venir hacia Argentina, aunque en Calafate el trabajo seguía llegando.

“En enero hice un servicio en el Glaciar Perito Moreno y me dijeron que me querían contratar por otro mes de trabajo”. La temporada alta para Ianni se hizo larga.

Para el año 2003 comenzó a militar con Javier Belloni, amigo de la infancia de su pareja. Junto al ahora Jefe Comunal, trabajó siempre desde el área turística. De hecho, fue convocada como Secretaria en una de sus gestiones. Cuando ganó en 2007 la intendencia, casi medio pueblo sabía que había sido convocada para el gabinete, menos ella. Recibía felicitaciones sin entender por qué. Belloni lo había anunciado por radio.

“Fue todo muy loco, porque yo laburaba para una agencia y nunca había estado en la función pública”, sostuvo.

Cuatro años después le volvió a sonar el teléfono y la bajada de línea venía desde Cristina Fernández. Querían que sea junto a Mario Metaza la candidata a Diputada Nacional. Era difícil decirles que no. La elección fue ganada con el resultado conocido cerca de las seis de la mañana.

Finalizado su mandato, Belloni la volvió a convocar, esta vez para ser concejal y encabezar la lista en la Villa Turística. Estuvo dos años como presidenta del Legislativo Comunal y la volvieron a llamar en 2017 para ser Senadora Nacional, otra meta que logró cumplir. “No les podés decir que no a Cristina, Alicia y Javier”, dijo.

Su familia decidió que se quedaría en Calafate.

Una vida con Perón

Ana no conoció otra cosa que el peronismo. Sus abuelos italianos llegaron a Argentina y Perón “les curó el hambre”, heredando la militancia política a los padres de Ianni. “En mi familia son todos italianos y se les dio la oportunidad de emigrar primero y trabajar después”.

Uno de los tesoros que todavía guarda es un regalo que le hizo su padre un 17 de octubre: Era la boleta de afiliación al Partido Justicialista de su abuelo. “Lo sigo sintiendo como el modo de vida”.

 

Ganándose el lugar

Cuando llegó a Calafate, le costó sacarse el mote de “golondrina”. Así tildaban los pioneros de la Villa Turística a quienes iban a trabajar por la temporada alta y luego irse, haciendo referencia al accionar del ave. Pero Ianni fue diferente y decidió quedarse. Apostando al turismo, quiso que la Patagonia sea conocida no solamente por el que venía de otro país, sino fomentar también el viaje interno y la visita a la Patagonia, que deje de ser una cuestión exclusiva. Se anotó entre sus logros hacer que el 50% de los visitantes a Calafate sea argentino.