Joyería artesanal

Un gris que se convirtió en oro

Una pareja de joyeros artesanales con un oficio que se produce trabajando diferentes metales y aportando diseños creativos, sin perder elegancia y distinción. Ponen el cuerpo, las ganas y la creatividad, para mostrar el brillo de sus productos.  

  • 09/02/2019 • 13:29
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En el 2010, Víctor se acercó al taller de su hermano para darle curso a su primera incursión en la joyería artesanal, allí en su Tucumán natal. El emprendimiento era quien abastecía a tres comercios locales con la producción en serie de trabajos en alpaca, un metal muy parecido a la plata. Con rudimentarias técnicas de elaboración y sin estudios previos, llevaron adelante ese oficio por al menos 4 años, tiempo en el que Víctor aprovechó para ir comprando algunas herramientas y montando su propio taller en la capital tucumana.

Por cuestiones familiares, debió dejar por un tiempo para realizar otras labores, pero pronto volvió a la joyería. Pero esta vez, trabajando desde su propio taller, el cual se trasladó hacia Río Gallegos en mayo del 2017, junto a Emilia, su compañera de vida. Pero no solo se trajo el oficio en la mochila a cuestas, consigo vino una historia familiar que acuñó en el nombre: Sabatino. “Surgió ponerle Sabatino por mi bisabuelo, que se llamaba así”, explica Víctor a NOS, quien da cuenta que su hermano tenía un pequeño catalogo pero dejó el oficio y decidió dedicarse a otra cosa. 

Mochila al sur

Hace un año y medio que viven en la ciudad capital santacruceña, donde instalaron un pequeño taller y permitió a Emilia, involucrarse más con la joyería.  Realizan distintos trabajos en diferentes metales: alpaca, bronce, cobre y plata, los cuales son solicitados a un proveedor grande en Buenos Aires, el mismo que provee a todo el país. “Compro el metal laminado y lo manipulo para la pieza que quiero hacer”, señala Víctor, quien utiliza técnicas como soldadura, calado, reconstituido y pulido.

"Nuestro paño siempre llama por la terminación y el pulido que tiene", sostiene al enumerar la variedad en la elaboración de sus productos, como anillos, pulseras, dijes, señaladores para libros, aros y bombillas de mate (por pedidos). Éste último, surgió de un primer pedido y, a raíz de ese pedido, se empezaron a enganchar y ahora se venden muchas bombillas, al igual que los anillos, ya que tiene una variedad de 8 modelos. Aunque, también expone que está dejando de hacer tantos ya que “con la escuela en serie cuesta salirse de eso, sobre todo cuando no tenés estudio de joyería y orfebrería como para decir ´me siento, hago un diseño o dibujo y después lo paso al metal, a la pieza´”.

El reciclado y reutilización del material sobrante también permite un mejor aprovechamiento de los metales, para incrustaciones en diferentes piezas. Y el agregado de carbón, tiza de colores, pedazos de mármol (de un escultor amigo) y ferrite (para dar color), entre algunos otros que se incorporan en las creaciones.

Manos a la joya

Sin beneficios económicos ni ayudas estatales para estimular la producción, Víctor subraya que se manejan  por su propia venta, separando los porcentajes de lo recaudado, tanto para comprar el material a reponer como para gastos fijos de su hogar. Son 8 horas por día en la producción de las joyas, puede ser más o menos dependiendo el trabajo solicitado y la demanda de la clientela. 

“Es un taller muy chico, con herramientas improvisadas, como un motor de secarropa adaptado para lijar con una banda expansiva”, explica el joyero artesanal, al agregar que “hay muchas herramientas que he ido haciendo y he mandado a hacer, y otras que no tengo". Eso lo pone en desventaja a la hora de realizar trabajos de precisión y suma cansancio a las horas de trabajo, pero no impide “sacar las cosas que tiene que sacar”.  Ese también es un estímulo para que la pareja de artesanos busque perfeccionarse en el oficio y querer profesionalizarse con cursos de capacitación en la técnica.

Oficio rutero

En poco tiempo encontraron lugares para realizar la venta de sus productos, más allá de la página de Facebook que mueve mucha clientela y les permite otra vidriera. Desde Desarrollo Productivo les dieron espacio de venta, con 7 ferias anuales desde abril a octubre, más el paseo aniversario. Además, este año participaron los fines de semana de una feria mixta que les permitió un ingreso extra y les abrió el abanico de clientes. A ello, sumaron la convocatoria (a través de una colega) a la feria del Centro Gallego.  Y no se quedan quietos. Han participado de ferias en el interior y la región en época de temporadas, como la Expo Pto San Julián y el Encuentro de Artesanos en Epuyén (Chubut), o Bariloche (Río Negro).

“Es fundamental viajar y hacer temporada donde sea”,  indica Víctor, para dar cuenta que hay un circuito bastante amplio en la comarca cordillerana. Antes, en los primeros años trabajaba todos los días tirando el paño en la peatonal de Tucumán. Hoy mira con buenos ojos poder aprovechar “un circuito grande de ferias y lindo de la comarca para recorrer en temporada de verano”. 

“Lo pienso ahora hacia futuro y no tengo en mente tener un lugar de venta”, enfatiza el artesano, para dejar en claro que su propuesta es itinerante y aprovecha los espacios de exposición, intenta moverse para llegar al cliente y darse a conocer. “Prefiero hacer una temporada fuerte durante enero y febrero, para mejorar el taller o invertir en un curso en Buenos Aires”, concluye Víctor. Junto a Emilia, buscan pulir el oficio y que Sabatino brille por su presencia.

MERCADO PAGO

Aprovecharon las herramientas para vender sin tener que priorizar el efectivo. “Se está utilizando y está bueno porque la gente no sale con efectivo y tiene débito,

da la posibilidad a la gente que se lleva una pieza que le interesa y nosotros no perdemos la venta tampoco”, destaca el joyero artesanal. "Por ese lado nos ha venido de diez".


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