Las víctimas eran menores

Detuvieron al cura Parma por los abusos en Puerto Santa Cruz

Luego de meses de búsqueda, la jueza Noelia Ursino dio con el paradero del sacerdote, lo indagó el sábado y de inmediato ordenó que quedase detenido. Una historia de encubrimientos eclesiásticos que ahora reivindica el testimonio que dieron los adolescentes que alguna vez soñaron con ser curas.

  • 08/10/2018 • 09:51
Nicolás Parma era el “cura Felipe” de Puerto Santa Cruz.
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Por Sara Delgado

Nicolás Parma está acusado de abuso sexual a menores de edad que convivían con él como novicios. Parma era entonces el cura “Felipe” de la Iglesia Exaltación de la Cruz, en la localidad de Puerto Santa Cruz, de donde, pese al escándalo, se fue entre lamentos de la comunidad y hasta un homenaje del Concejo Deliberante.

Parma declaró este fin de semana ante la jueza de Instrucción de esa comunidad costera, Noelia Ursino, que tiene mirada de género y es además reconocida por llevar los expedientes por delitos sexuales al día.

Después de cinco horas de preguntas en las que el cura acusado de pedófilo estuvo acompañado por una defensora oficial de Piedra Buena, Ursino decidió ordenar que quedase detenido en la comisaría local y ahora tiene diez días para resolver su situación.

Los abusos en la Iglesia Exaltación de la Santa Cruz se destaparon en 2016 gracias a que Yair, uno de los chicos que hizo ahí el postulado, decidió contarlo a través de un testimonio que fue enviado al Vaticano. Como no tuvo respuesta y la Iglesia no hizo nada para que hubiese una condena y ni siquiera apartó a Parma de la institución, el joven que el año pasado le contó su historia a TiempoSur, acudió a la Justicia ordinaria.

Yair tenía menos de 16 cuando fue víctima del cura Parma. Se había unido a la congregación en Salta, su provincia, y desde ahí lo mandaron hasta la localidad de Puerto Santa Cruz para que se convirtiera en sacerdote. Durante su estadía hubo mucha violencia sexual, que incluyó a otros novicios.

Cuando los abusos salieron a la luz, el padre “Felipe” fue llamativamente trasladado de apuro a un destino no develado. Durante todo este tiempo jamás se puso a disposición de la Justicia, el Vaticano lo mandó primero a Italia, anduvo por España y la semana pasada la jueza lo encontró en Tucumán.

Parma integra la congregación “Discípulos de Jesús de San Juan Bautista”, cuyo fundador es el salteño Agustín Rosa, también denunciado por haber abusado de varios novicios, pero además de enriquecerse con los fondos de la congregación. De las dos acusaciones, el Vaticano sólo se preocupó por la segunda y por eso estuvo varios meses preso durante 2016.

En el testimonio que Yair le dio a este diario el año pasado, dijo que no había sido la única víctima de Parma y que en medio de una fuerte depresión, cuando incluso fantaseó con la idea de morirse, decidió volverse a Salta para contarle a la máxima autoridad de la congregación que había un cura abusador en Santa Cruz.

Sin embargo, cuando lo hizo el cura Agustín Rosa le pidió que se callara la boca y que perdonara. La cosa no quedó ahí, sino que más tarde Rosa le pidió al joven que se dejara revisar para la detección del varicocele. Después se supo que con ese ardid, había un tendal de víctimas de abuso suyas.

Desde que Ursino tiene el expediente, en julio de 2017, logró varios testimonios, algunos de ellos clave para determinar una aproximación del número de víctimas y sumaron detalles que refuerzan la gravedad de las acusaciones.

 

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