Declaración de Independencia

Acto soberano y colectivo

Hoy se rememora la jornada en que un grupo de representantes de las Provincias Unidas confirmó en una declaración su intención de poner fin a siglos de dominio colonial español. El histórico Congreso de Tucumán reunió a 28 diputados, que sesionaron y debatieron día a día durante muchos meses para proyectar una nueva nación. Allí se trazaron los primeros lineamientos de lo que luego sería la Argentina.

  • 09/07/2018 • 07:45
Después del 25 de mayo de 1810, comenzaron las discusiones sobre cuándo y cómo se declararía nuestra Independencia.
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El 9 de Julio de 1816 presidía el Congreso el sanjuanino Narciso Laprida. Ese día finalmente, los diputados se decidieron a discutir el tema de la Independencia. El secretario, Juan José Paso, preguntó a los congresales si querían que las provincias de la Unión fuesen una nación libre de los Reyes de España y su metrópoli. Todos los diputados aprobaron, por aclamación primero y después, uno a uno, la propuesta de Paso.

La gente que miraba la escena por las ventanas de la casa estalló en gritos de alegría.

La casa de Doña Francisca Bazán de Laguna, elegida como sede del Congreso, era una de las más amplias y cómodas de Tucumán. Doña Francisca tuvo que aceptar que se demolieran algunas paredes para armar un gran salón de 15 metros por 5. El gobernador tucumano, Bernabé Aráoz y los conventos de Santa Domingo y San Francisco prestaron los muebles.

El 6 de julio, en sesión secreta, Belgrano comentó que todo el mundo hablaba de monarquía y que sería casi un requisito para el reconocimiento de nuestra independencia que nos transformáramos en un reino. El proponía la forma de monarquía constitucional y que el rey fuera un descendiente de los incas. La idea entusiasmó a algunos diputados, que propusieron un reino con capital en Cuzco. Para los porteños, la coronación del Inca era inadmisible y ridícula. El diputado Tomás de Anchorena dijo que no aceptaría un monarca de la casta de los chocolates y propuso una federación de provincias. Fray Justo Santa María de Oro opinó que antes de tomar cualquier resolución sobre la forma de gobierno, había que consultar a todos los pueblos del territorio

Finalmente, el 9 de Julio de 1861 los diputados proclamaron la Independencia. Quedaba mucho por resolver, pero éramos una nación políticamente independiente.

En la benemérita y muy digna ciudad de San Miguel de Tucumán a nueve días del mes de julio de mil ochocientos diez y seis, terminada la sesión ordinaria, el Congreso de la Provincias Unidas continuó sus anteriores discusiones sobre el grande, augusto, y sagrado objeto de la independencia de los pueblos que lo forman. Era universal, constante y decidido el clamor del territorio entero por su emancipación solemne del poder despótico de los reyes de España. Los representantes, sin embargo, consagraron a tan arduo asunto toda la profundidad de sus talentos, la rectitud de sus intenciones e interés que demanda la sanción de la suerte suya, la de los pueblos representados y la de toda la posteridad. A su término fueron preguntados si querían que las provincias de la Unión fuesen una nación libre e independiente de los reyes de España y su metrópoli. Aclamaron primero, llenos del santo ardor de la justicia, y uno a uno reiteró sucesivamente su unánime voto por la independencia del país.

 


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