Historia de vida

Los tres visitantes

Tres historias mínimas en tres encuentros con Edson, de Perú; José, cubano; y Ramón, paraguayo.  Entrevistas, que en realidad, fueron charlas con migrantes que por muy diversos motivos, decidieron venir a vivir a la capital santacruceña. 

  • 10/12/2017 • 11:38
“Yo trabajo nomás, no le quito el trabajo a nadie”.
“Yo trabajo nomás, no le quito el trabajo a nadie”.

PACHAMANCA 
“Van a clasificar”, dijo tímidamente mientras acomodaba una prepizza y 150 gramos de mozzarella. Edson me lo dijo al día siguiente del partido Argentina-Perú, cuyo empate complicó la clasificación de la Selección, y nos llenó de preguntas que nadie quería contestar. 
Llegó en 2013 de Junín, Perú, pero desde menos tiempo, Edson Rafael Alarcón Guillén, simpatizante de Sporting Cristal,  trabaja en un almacén al frente de la Laguna "Los Patos". 
Lo recomendaron familiares que dirigen otro almacén. Acá atiende la gente que ingresa al local. Allá, era carpintero. “Ganaba bien, y por aventura me decidí a  venir” cuenta y sonríe. Tiene 37 años, y es soltero. 
Desde que abre y hasta que cierra, Edson está parado detrás del mostrador. Junta plata porque está construyendo su casa en Junín. “Un año más y me voy”, confiesa.

EL ENTRENADOR
…“Dos medallas de plata en el Preolímpico, pero no recuerdo cual, porque también participé en el Centroamericano”, me dice José detrás de un mostrador de madera, pero no de un almacén, sino de un gimnasio en el que es instructor y a la vez atiende al público, desde hace casi 9 años. 
Profesor de Taekwondo (cinturón negro tercer dan) hace 30 años, cuando tenía 15, comenzó a competir en Cuba.  
A los 23 años llegó a Argentina. Primero aterrizó en Córdoba, ciudad de su ex esposa, y con la que se casó luego de conocerla mientras trabaja en un Hotel. “No, yo no soy balsero”, aclara y sonríe. 
Trabajó en la Confitería del Terminal de la capital cordobesa, en un Gimnasio y también en un Club de Golf de seguridad. “Practicaba golf los fines de semana”, me relata y yo anoto. 

El AROMA DE LA FLOR DE COCO

Estaciono afuera de la casa. Una esquina en el barrio “Madres a Lucha”. Ramón me recibe como si me conociera de toda la vida. 
Abre el portón, pido permiso, paso. Me abre la puerta, veo una cocina humilde, y le digo que me perdone por el retraso. Me dice que no hay problema, que a esa hora, eran las 17:15, no trabajaba. Inmediatamente me ofrece sentarme, y al mismo tiempo me ofrece mate. Le digo que mi madre es correntina, y Ramón sonríe, y me dice: “Dónde nació el mate”. 
El 29 de julio de 2007, dejó el Barrio Obrero, en Paraguay y gracias a su hermana, pisó tierra galleguense a los 33 años. Vivió primero en el barrio Evita.  Después en la ocupación de tierras decidió llegar al barrio cercano al Vaciadero. Fue el 6 de enero del 2008. Hizo su casa. Se le incendió, pero por suerte solo una parte. La reconstruyó con materiales que la gente arroja y “a puro sacrificio”. “Falta terminar la casa porque en cuando llueve caen gotera, y en verano la chapa quema”, explica. Desde la ventana veo otra pequeña casita en su terreno. Allí “vive otra comadre”. 
“Allá está mal el país, muy mal. Acá se puede estar mal, pero estando mal estamos mejor, aunque Macri nos quiere sacar”, me advierte de entrada. Le pregunto por qué cree eso. “Es lo que escucho en los medios”, me contesta. 

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