Investigación

La suegra de Maillo dijo que hizo matar a su yerno por violencia de género

La mujer mencionó que contrató a un “barrendero” porque su hija quería separarse pero el comerciante no. Con un testimonio que habla de violencia doméstica, la anciana corre el eje del móvil económico. Sin embargo, el día del sepelio la viuda vio a un abogado por la sucesión. Además, se supo en la víspera del asesinato, el sicario y uno de los detenidos pasearon por Río Gallegos.

  • 27/11/2017 • 08:29
Susana y Vicente en Punta Cana. Tras su muerte, la suegra declaró que él era violento pero no se descarta un ardid.
Susana y Vicente en Punta Cana. Tras su muerte, la suegra declaró que él era violento pero no se descarta un ardid.

Por Sara Delggado

 

María del Carmen Espiritoso, de 83 años, pasa sus horas en el Hotel Los Latinos, donde permanece custodiada luego de que se supiera que estuvo involucrada en pergeñar el crimen de su yerno, Vicente Maillo, muerto hace ya once días.

Cuando el pedido de justicia por el homicidio del comerciante apuntaba a los responsables de la seguridad pública y algunos aprovechaban para sacar a relucir su xenofobia, culpando a enemigos que “seguro vienen del norte”, la jueza Marcela Quintana ya sabía que la entradera no existió.

Y no fue porque surgieran testimonios de arrepentimiento espontáneos, porque las horas posteriores al crimen, la viuda, Susana Reina (54), y sus hijos Luis (23) y José (34), a los que el comerciante les puso su apellido, ya estaban sospechados.

Fue porque mientras Susana se dejaba sostener compungida en el cementerio, sus hijos llevaban el cajón y lloraban en abrazos de vecinos y amigos, los investigadores analizaban las cámaras de vigilancia.

En la primera versión que dio la familia, la esposa del comerciante dijo que ese jueves 16 de noviembre, entró a su casa después de la una de la madrugada y que al hacerlo, un delincuente la forzó a ingresar con ella. Entonces, el ladrón mató a su marido de cuatro puntazos y a ella la dejó maniatada pero sin ningún rasguño, hasta que llegó uno de sus hijos, la rescató y juntos dieron aviso a la Policía.

La casa de Maillo tenía una cámara de vigilancia en el ingreso, pero no aportó imágenes de la “entradera”. Misteriosamente el contenido de la filmación no estaba. Por lo tanto, la Policía tuvo que ampliar el radio a cámaras vecinas, hasta encontrar el momento en el que la mujer entra a su casa, pero con una variante: lo hace con el misterioso encapuchado, sin que hubiera forcejeo.

Con el avance de la investigación, se pudo determinar que el día anterior, uno de los hijastros de Maillo, había estado caminando por la ciudad con una persona que tenía las mismas características que el encapuchado.

Los investigadores dejaron transcurrir las horas siguientes al crimen, para seguir de cerca los pasos de los integrantes del círculo íntimo y ver “cómo se manejaban”. Así, constataron que el mismo viernes en el que parte de la comunidad se acercó al cementerio para despedir al histórico comerciante, la viuda y sus hijos fueron a un estudio jurídico para consultar sobre los trámites para iniciar la sucesión de los bienes y saber con exactitud cómo tomar posesión de la administración de las cuentas bancarias.

Un dato que trascendió por estas horas es que existiría a nombre de Vicente un plazo fijo en el Banco Santa Cruz por $18 millones y otra cuenta compartida con la mujer, por $4 millones.

También se sabía que la idea de Susana y sus hijos era reabrir todos los negocios el martes pasado -el lunes fue feriado por el Día de la Soberanía Nacional-. 

A los interrogantes planteados en una entradera de la que no se llevan nada, se sumaron las tareas de inteligencia sobre el grupo familiar. Es por eso que dos días después de que Espiritoso llorase sobre su silla de ruedas durante el entierro de su yerno, ya acorralada por la evidencia recolectada, se sentó a declarar ante Quintana y se hizo cargo de todo. Sin embargo, los investigadores coinciden en que se trató de una jugada desesperada, ya que por su avanzada edad, la anciana no podrá estar en cárcel común.

Pero ¿qué habría dicho Espiritoso? Según fuentes de la investigación, la mujer contó que la noche del asesinato le preparó a su yerno unos huevos revueltos en los que les puso varias pastillas de Alplax molidas, provocando la indefensión de Maillo, que quedó sedado casi de inmediato.

La mujer relató que tomó la decisión de mandar a matar a su yerno porque él ejercía violencia de género contra su hija. Dijo que ella hacía tiempo quería separarse, pero que el comerciante se rehusaba y le hacía la vida imposible. En su relato, con el que intentó demonizar a Maillo, Espiritoso también reveló un presunto y oscuro secreto familiar -cuya veracidad se desconoce- culpando a su yerno de abuso contra una menor.

Además, la anciana habría mencionado que pactó con el sicario pagarle la suma de $38 mil, de los cuales $28 mil habrían sido entregados de forma previa al crimen, quedando pendientes todavía otros $10 mil.

En su indagatoria, la suegra de Maillo habría dicho que ella personalmente contrató a un “barrendero” para que cometiera el crimen. Lo curioso es que en las filmaciones de las cámaras vecinas, también se ve que más temprano durante la noche del asesinato, parado justo en la puerta de la casa, hay un trabajador municipal de la cuadrilla de Barrido y Limpieza. En la secuencia, la esposa del comerciante llega a la casa, pero al ver que el municipal hacía su trabajo, decide retirarse para regresar más tarde. De todas formas, en la causa que ya fue entregada a la jueza Quintana, figura la identificación fisonómica del homicida, al que se ve claramente en varias cámaras de seguridad de la ciudad.

Actualmente, tanto la esposa de Maillo como sus hijastros y la abuela tienen patrocinio particular de Arturo Saa y Elsa Pastori, pero no forma parte del equipo la ex jueza Claudia Guerra, tal como se había dicho. Los abogados que llevan adelante el caso mantienen un hermetismo infranqueable por cualquier off the record, y ya dijeron que acordaron no hablar con periodistas.

A todo esto, en las redes sociales, ese mundillo 2.0 donde falacias y verdades se mezclan en el muro, una serie de imágenes producto de la pesquisa de vecinos, dejó en evidencia que José y su esposa, que permanece en libertad, estaban “contando los días” para irse al Caribe.

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