Relatos de vida

Urbieta María Matilde, más de 80 años siendo vecina pionera

Vecina de la ciudad de Río Gallegos, quien, desde hace más de ochenta años, es reconocida por todos los vecinos por su larga trayectoria residiendo en la capital, hoy su relato contando parte de su familia, anécdotas del trabajo en el frío y cómo afectó su día a día esta pandemia.

Relato de vida de hoy: Urbieta María.
Relato de vida de hoy: Urbieta María.
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En la recorrida que realiza el móvil del Multimedio Tiempo, se encuentra en esta ocasión con la historia de María Urbieta, vecina de nuestra ciudad de Río Gallegos, que, en esta ocasión, nos recibió en su hogar amablemente respetando un cierto protocolo, para recordar su vida, su familia, sus valores y el trabajo desde los doce años de edad. Hoy, en Relatos de Vida, conocemos una parte de María Urbieta.

Historia

Acá comienza el relato de vida de María, conocemos a su padre, su madre y los pasos que llevaron adelante para vivir en la quinta eterna de los Urbieta.

“Mi padre, Domingo Urbieta, nació el l3 de marzo de 1906 en Tolosa, provincia de Guipuzcoa, en el país vasco, España. Allá sus padres, José María Urbieta y Gregoria Muñobe, se dedicaban a la labranza y tenían una lechería”.

“Eran cuatro hermanos que iban a la escuela y también ayudaban en las tareas”.

“A los dieciocho años papá se presentó en una oficina de la Armada Española y se enroló como marino, pero tuvo la mala

suerte de salir sorteado con el número 38 y quedó libre. Se quedó entonces con las ganas de hacerse a la mar y recorrer el mundo. No conforme con eso, al año siguiente, el 30 de noviembre de 1926, entró como voluntario, pero, para embarcarse tenía que aprender algún oficio, entonces se hizo peluquero”. “Autorizado por la Marina, se embarcó a Francia donde estuvo hasta el 6 de julio de 1928 que fue cuando solicitó viajar a la Argentina”.

“Llegó a Rosario, provincia de Santa Fe, donde trabajó en tambos y conoció a muchos vascos más. En 1932, con dos de ellos, Landa y Cazado, entró a trabajar en una empresa que construyó el regimiento en Comodoro Rivadavia. Cazado era carpintero y ebanista, Landa era tejedor y papá trabajó con él como ayudante”.

“Después de haber trabajado en Comodoro Rivadavia siguieron viaje a Río Gallegos, papá se hospedó en el hotel de Londres, que estaba en la playa y era de Manuel Alvarellos”.

“Una vez que terminó el trabajo en el Ejército, Juan Antonio Méndez lo empleó como repartidor en su negocio y después siguió como tal en la casa Fadul y en el almacén de Francisco Calo. También trabajó en el frigorífico Swift, como agarrador cuando entraban los animales que en seguida pasaban a ser faenados”.

“Mamá, Berta Neira, era empleada en la casa de Mary Fadul y el doctor Agustín Gallina. Sus padres, Manuel Neira y Carmen Silva, se casaron en Gallegos a principios de siglo y en 1910 viajaron a Punta Arenas para que naciera mi madre. Cuando mi mamá cumplió un mes, se murió mi abuela Carmen, entonces la criaron sus tíos, Jerez Neira, hasta que la tía igual falleció y al tío que trabajaba en el correo lo trasladaron a Mendoza”.

 

Infancia

Continuando el relato, pasamos un poco por una infancia un poco más cruda pero decidida y marcada por la mismísima María Urbieta:

“En el año 1939 es donde se conocen mis padres y ya para cuando el abuelo Manuel conoció al que sería su yerno pensó que era un austríaco por cómo le apodaban los yugoslavos porque no se le entendía nunca al 100% lo que quería decir”.

“Yo nazco el día 25 de mayo de 1940, al ser una fecha muy patriótica, le regalaron a mi madre un ajuar o por así decirlo ropa y accesorios muy bonitos. Ya para el año 1946 nace mi hermano, Domingo, y siempre cuenta que fue atendido por el doctor Zumalacarregui”.

“Si debo hablar de mi infancia puedo decir que siempre quise trabajar, mis padres siempre me impulsaron a hacer vida normal, estudiar, y luego poder trabajar, no quise hacerlo, desde los seis años ya hacía berrinches de no querer estudiar”.

“Mi madre lo único que hizo fue entenderme, pero me puso un límite, o estudiás o trabajás. Yo contenta decidí quedarme con la segunda opción y, desde los doce años, comencé a trabajar en los campos con mi padre”.

Anécdota

Siguiendo con el relato de vida, nuestra vecina recuerda una anécdota bajo cero, donde con risas contaba lo que era trabajar en inviernos muy extendidos:

“Nosotros debíamos ganarle al viento y al frío, jornadas intensas que comenzaban desde bien temprano hasta largas horas de la tarde. Dejábamos la tierra bien preparada en la tarde y a la mañana siguiente, 06:00 arriba, el clima calmo y a aprovechar a sembrar las semillas livianas sin que vuele todo y se nos pierda la cosecha”.

“Una anécdota que también recuerdo con todos los sentidos puestos es una del año 1976: Escarcharnos de frío con la nieve de la época, sacando nieve por doquier con el padre de mis hijas, para poder sembrar las semillas y adelantar la cosecha, las primeras eran de espinaca. Congelados, manos gigantes y rojas a punto de explotar”.

“Los sabañones eran muy comunes que te pasen si trabajabas con bajas temperaturas, una picazón, dolor y sensación en todo tu cuerpo llegando así a lastimarte por rascar esa sensación. El calentarse de golpe era todo un protocolo, porque si lo apurabas te consumía entero”.

Premio Villarino

“Este reconocimiento o premio fue muy hermoso para mí, una sorpresa porque no sabía que iban a hacerlo. Los Urbieta o Erbieta, somos una familia pionera de nuestro sur, de Río Gallegos, una historia rica en historia y de mucho sacrificio. Siempre tuvo en la base los valores, el trabajo y la responsabilidad, así que fue muy importante y satisfactorio recibir este reconocimiento”.

“Siento que deberían darle un poco más de reconocimientos a las viviendas de las familias pioneras de Río Gallegos.

Yo trabajé muchos años en la chacra con mis padres y creo que eso fue lo destacable en mi vida como para el resto, el trabajar desde doce años hasta más o menos mis treinta y cinco años”.

Recuerdo de la chacra. 

Pandemia

Mientras avanza la nota es inevitable observar los barbijos, el alcohol en gel sobre la mesa y la distancia entre yo y la vecina, acá un breve análisis de María sobre cómo fue su pandemia hasta la actualidad:

“La llevé bastante bien a decir verdad, desde el año pasado que estoy cuidándome y con todos los recaudos nunca recaí con ninguna enfermedad. Tengo 81 años y me mantengo muy bien en pie. Me gustaría volver a circular con tranquilidad en la calle, yo me manejo sola, pero hace dos años sufrí una caída y me quebré la cadera, sino, andaba para todos lados”.

“No paro de moverme, pero con mucho cuidado, cocino, lavo la casa, limpio todo, hago pan casero y demás”.

“Con mis vacunas puestas y sin efectos adversos, me colocaron la Covishield”.

“Mis expectativas son que podamos volver lo antes posible a la normalidad y que podamos estar en conjunto, en salud, si no hay salud no hay nada. Toda mi familia se estuvo cuidando siempre de este terrible virus y no ha pasado a mayores”.

 

Jóvenes

“Hay que incentivar mucho más a nuestros jóvenes, hay que entenderlos y no irles en contra de su voluntad. Creo que les faltan herramientas para poder ser guiados y saber qué es lo que quieren para su vida, yo los noto que dan vueltas por todas partes y no saben qué hacer”.

“Los valores no son los de antes, uno trabajaba y elegía a su modo lo que quería hacer. Yo, por ejemplo, no quise ir al colegio, no es por mis padres, porque ellos trataron de que asistiese al colegio de monjas, por ejemplo, pero no pude evitar pedir dejar la escuela, feliz fui y seguí trabajando”.

“Yo lo que aprendí, lo hice ya en grande, leer, escribir y saber de la historia. Mi madre fue también quien me ayudó a estudiar un poco, saber lo que era la escritura, cocinar, limpiar y tejer”.

María hoy. 

Soñar y volver a ser niño

“Muchas veces, sueño seguido con mis padres, más con mamá y otras con papá, porque me acuerdo de la quinta siempre, recordar como armábamos todo un cronograma de trabajo anotado en una pizarrita y él me iba indicando lo que tenía que hacer en muchos casos con su ausencia, él iba a la ciudad como proveedor de verduras y yo quedaba con mi madre en la quinta, pero a trabajar. Debía regar los pozos con el motor de agua, sacaba los caños y hacía toda la labor”.

“De ellos, si debo sacar una característica que repetí, fue el trabajo, sin lugar a dudas”.

“Mi padre falleció a sus 73 años, siempre plantado en la quinta, no se quería ir de su lugar y su hogar, se enfermó y nos dejó. Mi madre, por su parte, falleció a sus 78 años”.

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