Relatos de vida

“Rincón Gaucho”, desde 1978 una cultura patagónica

Manfredo Dreizler, reconocido vecino de la ciudad de Río Gallegos y quien fue propietario fundador del Rincón Gaucho, nos cedió un poco de tiempo para contarnos gran parte de su historia de vida y cómo, con los valores de sus padres, aprendió a vivir con responsabilidades desde chico y trabajando hasta sus últimos días. Cristian, su hijo, terminó su relato y entre emociones encontradas, nos contaba un poco más de él.

  • 18/08/2021 • 12:45
Relatos de vida: Rincón Gaucho.
Relatos de vida: Rincón Gaucho.

En la recorrida que realiza el móvil del Multimedio Tiempo, se encuentra en esta ocasión con la historia de Manfredo Eugenio Dreizler, vecino de la ciudad de Río Gallegos, quien con amabilidad nos recibía en agosto del 2020, entre la pandemia y una enfermedad que lo tenía en vilo, nos contó cómo fundó el Rincón Gaucho y gran parte de su vida.

Manfredo Eugenio Dreizler:

Acá empieza el relato de vida de Manfredo Dreizler, entre risas y haciendo mucha memoria nos decía:

“Soy un vecino nacido un 30 de agosto del año 1942, en Villa Ballester, Buenos Aires, donde al tiempo nos trasladamos a San Julián. Me crie bajo un hogar lleno de amor y enseñanzas abocadas al respeto, la educación y sobre todo el trabajo, fui a una escuela de pupilos, las viejas escuelas de antes, hice hasta el sexto grado y de allí me trasladé hacia Río Gallegos para hacer el servicio militar, en el año 1960”.

“Mi padre llamado Guillermo Roberto Dreizler, nacido y criado en Stuttgart, capital del estado Baden-Württemberg, en el suroeste de Alemania, y mi abuela María Marta Richard, nacida y criada en Ulm ciudad aledaña del estado alemán de Baden-Wurtemberg. Ellos llegaron a Argentina entre la Primera y Segunda Guerra Mundial, primero mi padre y luego trajo a mi madre, buscando un porvenir, ya que era una época muy cruda y no había otra que salir por otras tierras”.


El Rincón Gaucho

“Rincón Gaucho surge en el año 1978, primero tenía el nombre de “Los tres muñecos”, por mis tres hijos varones, para mi ellos siempre fueron unos muñequitos, por ser tan guapetones y por estar siempre bien vestidos y puestos para la ocasión. Después de un largo periodo de tener y llevar ese nombre, que siempre lo voy a guardar en mi corazón, tuve que cambiarle el nombre a “El Rincón Gaucho” porque en el colegio siempre cargaban a mis hijos apodándolos los tres muñecos, viste cómo son los chicos”.

“El negocio siempre fue del ámbito rural, cosas de cuero, billeteras, cuchillos, la vestimenta típica del gaucho y claro con el tiempo también se fue modernizando hacia lo que era una ciudad moderna, camperas para mujeres, camperas de hombre, carteras para las mujeres que buscaban otro estilo y por supuesto que el pueblo iba viendo con el tiempo que el uso del cuero fue aumentando y por ende las ventas subían”.

“En pocas palabras, una época donde había mucho progreso, muchas posibilidades para salir adelante que por estos últimos años ha costado mucho”.

´89 Un año difícil

Continuando con el relato, Manfredo nos cuenta uno de los peores años que transitó con su rincón y cómo fue superándolo:

“Fue tremendo, con el negocio a fines del año ´89, llegué a fundirme totalmente con nuestro Rincón Gaucho. En esos años, estábamos a nivel país, muy mal económicamente, hubo una inflación tan grande en el país, que cada material, herramienta y mercadería que teníamos que comprar, subía de un día para otro y se iba haciendo cuesta arriba”.

“Teníamos muchos créditos dados y la gente pagaba, pero a partir de ahí con toda esa inflación dejaron de pagar, perdimos todo eso, mercaderías por las nubes y así llegamos al quiebre. El negocio se perdió prácticamente por un año entero, una etapa muy dura, sufrida por la familia, problemas económicos y llegando para febrero del próximo año, de a poco, íbamos recuperando y regresando a la normalidad”.

“El siguiente año y el posterior, fueron claves para levantar vuelo y hacer una competencia sana con la talabartería más cercana. Una de las características que impulsó todo fue el crecimiento demográfico y la autonomía de nuestra ciudad, la llegada de muchas personas para el ´92, fueron las que generaban trabajo y por ende necesidad de comprar artículos de talabartería”.


Inicios y actualidad

“Nuestro Rincón en sus pequeños comienzos fue un lugar chico, donde se vendían muy pocas cosas, variedad de dos a tres objetos como mucho, bombachas, las botas y monturas, sobre todo. Con el paso de los años se fue agrandando con mucho sacrificio a lo que hoy conocemos, vestimenta de gran calidad, materiales especiales de telas, cueros y algodón, la cultura bien patagónica, en sí, una tienda de talabartería”.

“Actualmente quien se encarga de cuidar y llevar las riendas del negocio es mi hijo Cristian, yo voy a ser sincero, mi hijo tiene un talento y sé que lo va a sacar adelante, ya estoy viejo y un poco enfermo, creo que di todo de mi lado y ya aporté lo que tenía que aportar”.

“La época que estamos viviendo es de terror, con esta problemática de la pandemia, las inseguridades que se generan día a día, es muy triste y a veces me pregunto qué será de nosotros en un tiempo más. Desde aquellos años ´70, hasta los principios del negocio, nunca se vivió algo tan fuerte como esta enfermedad fulminante”.

El cliente

Manfredo continúa su relato comentando cómo era la clientela de su época y cómo fue cambiando hacia las culturas de ciudad.

“La clientela de antes era de la época, distinto a ahora, tal cual, todos mis clientes y sin mentir, la mayoría venían del campo, pioneros de grandes tierras gauchescas, compraban todo lo que necesitaban para el día o para las largas noches de frío en el campo”.
“Ahora en la actualidad, la gente que era de campo se está de alguna forma “extinguiendo”, mis clientes fueron falleciendo y los más actuales se van aggiornando a la ciudad, si vienen al pueblo, vienen por el dinero del trabajo agrario del sector, muchas estancias han ido cerrando con el paso del tiempo y ellos eran los primeros en hacérmelo saber. Ahora la gente está muy preocupada, negocios cerrados, con un futuro por delante muy incierto, yo esto lo hablo por los jóvenes, para mí, mi generación ya no queda mucho que hacer, un futuro complicado para los jóvenes”.

 

¿Cómo hizo para mantenerse tan vigente el negocio?

Un rubro muy difícil de mantener en la actualidad y la duda de saber cómo se mantenía, a lo que Manfredo contestó:

“La clave era gastar menos de lo que se gana, hoy en día es al revés, la gente gasta más de lo que debería, mucho sacrificio por delante y así a día de hoy es como sigue vigente el negocio”.

“Como te comenté antes, yo vengo de San Julián a Río Gallegos en el año ´60, pero antes de venir a la ciudad, yo trabajé en muchos lugares, uno debe tener dentro de uno el espíritu de progreso. Siempre tuve sueños, cuando tenía 30 años quería esto y aquello y se me fueron dando gracias a que me esmeré en tenerlo y hoy en día puedo disfrutar de mis frutos”.

¿Cómo continúa el Rincón 2020?

“Ahora prácticamente el negocio está cerrado, digamos que hay que buscar la forma de reactivar el comercio, porque es muy difícil progresar de esta forma. Yo creo que, para salir adelante, los jóvenes son quienes se deben poner las pilas, nosotros los viejos, ¿qué vamos a hacer?”. “Yo tengo 78 años, no tengo más proyectos, les queda seguir a los jóvenes de hoy, avanzar y buscar la solución a esta problemática”.

“Hoy en día la gente se queja por tener temor a no poder levantarse de todo eso, pero, si hacen el sacrificio, se van a levantar, nos levantamos de dos guerras…¿Cómo no nos vamos a levantar de una pandemia?”

A casi un año del fallecimiento del señor Manfredo, Cristian Dreizler, su hijo, tuvo la respuesta a esta incógnita y esto nos decía:

“Como a todos nos agarró sobre “los puchos”, tuvimos que ajustar y adaptarnos a la época de crisis, desde el año pasado. Vengo de despedir en el 2018 a mi madre por una larga enfermedad como lo fue el Alzheimer y para un 27 de agosto del 2020, despedir a mi padre, luego de pelearla con una hemorragia isquémica”.

“Yo sigo sus valores y sus enseñanzas, un tipo muy emprendedor, muy pujante para avanzar en la vida, en los proyectos y derecho como todo gen de alemán. Hay que seguir adelante, ser fuerte por la familia y no desanimarse; siempre me dijo: “Si nos quedamos parados, la cosa no va”.

“Estoy agradecido por su crianza y valores que ganamos como la cultura del trabajo, la responsabilidad y sobre todo el respeto. Yo siendo el hijo del medio, me agarró de punto y se adentró de lleno en mí para los negocios y el comercio, yo siempre complicaba las cosas a veces, hasta que aprendí y construí lo que aprendí a su lado para llevar adelante los negocios”.