Relatos de vida

“Pamela”, sobreviviendo al COVID

“ Pamela ”, vecina de la ciudad de Río Gallegos, desde hace casi un año padece las secuelas de la enfermedad COVID mundialmente conocida como SARS-CoV-2. A partir de un 30 de septiembre del 2020, Pamela quedó internada e incomunicada de su familia, hoy nos cuenta cómo es volver a la vida luego de mucho tiempo.

Pamela Raipane.
Pamela Raipane.
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En la recorrida que realiza el móvil del Multimedio Tiempo, se encuentra en esta ocasión con la historia de Pamela Raipane, vecina de nuestra ciudad de Río Gallegos, que desde el Gran Buenos Aires nos cuenta en carne propia lo que sufrió con la pandemia. Sin embargo, hacemos un pasaje por su vida, contando el clásico relato, infancia, juventud complicada, el tener hijos desde joven y afrontarlo totalmente sola, un trabajo sin precedentes y lo que le depara en su futuro esta segunda oportunidad.

 

Un poco de mi familia

Pamela Raipane comienza su relato contando un poco de su familia y recordando a sus abuelos, la crianza y un breve repaso de la vida de sus padres.

Mi abuela Lastenia Soto, de parte paterna, falleció en el año 2019 a sus 96 años de edad, una mujer dedicada a su familia, quien tenía una vida plena y sana al lado del mar. Nacida y criada en Calbuco, una ciudad y comuna de la zona sur de Chile, localizada en la Región de Los Lagos.

Mi abuelo, Víctor Raipane, nacido y criado también en Calbuco, dedicado a la pesca y al buceo marino, una vida de campo y de mucho trabajo.

Mi abuela, María, de parte de mi madre, nacida y criada en Panguipulli, ciudad del sur de Chile y comuna de la provincia de Valdivia, Chile, en la costa del lago Panguipulli. Llegue a conocerla por muy poco tiempo, cuando yo tenía cuatro años de edad nos dejó, luego de una larga pelea contra el cáncer.

Mi padre viene de Valdivia, un hombre que trabaja todo el día, haciendo changas. Sino está en la calle, está trabajando para su vivienda.

Mi madre, Iliana del Carmen Raipane, es modista y sigue trabajando de ello, ella nacida y criada en Calbuco, siendo soltera, tuvo una hija a quien dejó a cargo de mi abuela y de allí vino hacia suelo argentino buscando un mejor pasar.

Por otro lado, mi padre José Contreras también tuvo un hijo en Valdivia. Luego de un tiempo, ambos vinieron hacia Argentina para buscar trabajo y se conocieron en Río Gallegos, luego de estar cinco años juntos, decidieron casarse y tuvieron hijos.

Infancia

Continuando con la sintonía del relato, avanzamos conociendo más de la infancia de Pamela:

“Mi infancia en la niñez fue hermosa, sana y pura. Recuerdo que, para mis siete años, me gustaba mucho jugar con arena, haciendo los clásicos castillos, con los bichitos que parecían las vaquitas de San Antonio, jugar con muñequitas, amigas contadas con los dedos de las manos, bastante linda infancia. Yo era muy arrebatada, me gustaba jugar con las herramientas de papá, herramientas del rubro de la construcción. En días de ocio, yo acompañaba a papá a llevar sus herramientas y llevarle ladrillo por ladrillo, era toda una aventura para mí.

Criada en el viejo barrio Belgrano, un barrio sumamente tranquilo y que hasta hoy en día recuerdo con cariño, por su gente y la zona”.

 

La escuela y el escape

Los escenarios desfavorables de una juventud traviesa y conflictiva atravesaron la vida de Pamela y esto nos decía:

“Comencé asistiendo a la Escuela Primaria Nº41, una gran escuela, grandes profesores y sobre todo unos buenos compañeros de banco, llena de amigas, de cuatro a cinco personas, nos juntábamos siempre en los recreos y disfrutábamos de pasar el tiempo.

Ya para mi secundaria, asistí en un principio al Secundario Nº17, un poco más agitada y difícil, no quería estudiar, me empecé a escapar, tuve un novio a los trece años y de ahí en adelante se complicaba más mi estudio, me vivía escapando”.

“Al cambiarme de secundario, me fui al Secundario Nº19, estuve un año y medio más y me junté con el papá de mis hijos con tan solo diecisiete años de edad, ya para mis dieciocho años quedé embarazada y tuve mi primer hijo varón, Braian, luego mi segunda hija a los dos años, Jeniffer”.

“Después de estar siete años con esta persona, decidimos ambas partes terminar la relación y cada uno seguir su camino, a los dos años, volví a enamorarme y decidí estar con una persona mucho mayor que yo, con esta persona tuve una tercera hija, llamada Leonela, después de mi separación por segunda vez, quedé embarazada de mi cuarto hijo”.

“La diabetes fue una enfermedad que estuvo presente en mí desde joven, pero no lo sabía, mi hijo nació con un sobrepeso y después supe de la diabetes, también complicado, pero con el tiempo se trató rápidamente”.

Trabajo

Pasaban los años y el trabajo era necesario para la vida de esta joven vecina:

“A partir de dejar el secundario, primero fui a trabajar a una casa de limpieza, cuando mi tía estaba enferma, me fui yo a cubrirla, desde ahí fue el primer vistazo al mundo del trabajo y el ser mucho más responsable. Al tiempo continué trabajando con mi tía, pero para un hotel, vendía productos de diversos rubros, estuve como niñera, cuidando a unos nenes durante un tiempo. La vida me dio muchas puertas para poder salir adelante, al tiempo entré en unos proyectos de autogestión en el Belén y planes sociales de mujeres, que nos pagaban unos 150 pesos por mes, debíamos concurrir al Belén a hacer un curso de tejido de telar, hacíamos entre todas cosas para vender, luego pasé a un curso de cocina y vendíamos muchas comidas variadas, todo esto para mis 23 años de edad. Trabajé en una rotisería durante un tiempo, pasé a una empresa de limpieza, encargada de una escuela”.

“13 Años atrás, comencé a trabajar para ALAS durante tres años y medio, casi cuatro, desde ahí nos absorbió la empresa de La Anónima, yo era auxiliar de línea de cajas, cuando hice el cambio solo fui a línea de cajas para trabajar media jornada hasta hace un tiempo”.

 

Arrepentimientos

“Hoy en día me arrepiento de haber dejado de estudiar, yo tenía ganas de estudiar trabajo social, me anoté para hacerlo, pedí las copias que había que rendir cuando no terminás de estudiar y finalmente desistí de seguir ese camino, estaba embarazada de mi tercera hija cuando quería estudiar y no pude avanzar”.

“Actualmente mis deseos serían volver a trabajar y no sé si me podré recuperar al 100 por ciento, antes del año con mi reserva laboral, si es así, con gusto volveré, pero sino, están viendo si me pueden jubilar o en otro caso indemnizarme luego de mis trece años de servicio.

Sinceramente no creo que pueda volver por este año entero a trabajar y a la normalidad”.

 

La enfermedad

Tocando el tema de la salud, empiezan a aparecer esos dolores de la vida:

“Siempre tuve buena salud, sin embargo, para mi tercer embarazo me detectaron diabetes gestacional, me quedé con eso y resulta que sufría de diabetes, fue muy complicada esa etapa, al hacerme la ecografía, ya estaba embarazada de una semana y media y allí me dijeron todo”. “Eso fue muy impactante para mí, yo no sabía para nada que estaba embarazada, solo fui y se lo conté a mi hija mayor que estaba embarazada nuevamente. Decidí contárselo a su padre y él al estar ya con otra persona no me hizo caso en nada y no quiso hacer absolutamente nada al respecto, así que luché sola y salí adelante. La pasé realmente muy sola y comencé con tratamientos, mucho tiempo internada luchando con insulinas y demás, esto para el año 2014, cuando nació mi último hijo”.

“Continué trabajando para el supermercado y a la par vendiendo artículos de perfumería”.

 

Año 2020, tratar de olvidar

Un año trágico y difícil para la vida y momento de Pamela, esto dio un giro radical:

“En este momento mi hija mayor es quien está a cargo de la casa, ella me ayuda a cuidar de mí, a cuidar de los chicos y hacer las cosas del hogar, es una luchadora y la valoro muchísimo”.

“Me contagié en esta pandemia, de esta enfermedad que nos tiene inquietos todo el tiempo, todo por vender algo de rotisería en una etapa donde no podía asistir a mi trabajo por tener diabetes. Las ventas fueron excelentes pero un billete fue suficiente para darme vuelta la vida, estaba impregnado en algo y contraje COVID, eso rápidamente pasó a manos de mi hijo que también cayó enfermo”.

“A los cinco días de comenzar con breves síntomas, comencé con problemas respiratorios más densos, me pesaba el pecho, sentía mucha fatiga y la tos seca, nunca relacioné esto con el COVID, ya que no tenía fiebre y era uno de los factores principales para predecir que se trataba de ello. No daba más y decidí yo sola acercarme al hospital decidida a internarme, porque era grave, caí internada con síntomas muy fuertes, me indicaron desde el hospital que debían entubarme que estaba muy mal, desde esas últimas indicaciones médicas no recuerdo más nada”.

“Desperté luego de dos meses y medio en coma, desde un 30 de septiembre hasta un 4 de noviembre, primero en Río Gallegos luego derivada sin más soluciones, si seguía en Gallegos, me moría. Luego de otro medio mes en la clínica de Colegiales de Buenos Aires, como seguía enferma, me habían pasado en primeras instancias a la clínica de Santa Catalina y de allí a Colegiales por la alta fiebre, solo podía mover los ojos, cuando quería llamar a la enfermera no podía”.

“Sondas por todas partes, para poder comer, y luego de forma oral por meses, más un dolor terrible que no se lo desearía a nadie. La dificultad fue mi tráquea, donde estaba infectada y de allí la rehabilitación”.

 

Actualidad y esperanza

Actualmente saliendo adelante y queriendo regresar a mi hogar:

“Todos los días un poco más de esfuerzo para poder mover mis músculos, desde hace un par de meses recién pude mover mi mano izquierda, me incentivé a mover las piernas, los brazos y de a poco voy recuperando la movilidad de mi brazo y mano derecha. Esto es el día a día, mover las piernas, comenzar a movilizarme en las paralelas con vendas, luego un andador y hace tres semanas comenzando a moverme más, luego bicicleta”.

“Los médicos tienen mucha fe en mi persona por avanzar tan rápido con mi movilidad y recuperación. Este próximo 30 de septiembre va pasar un año que estoy internada y recuperando mi persona desde Buenos Aires”.

“Un paso que faltaría para poder regresar a Río Gallegos sería poder conseguir una silla de ruedas automática, cuando la consiga, podré volver. Lo que dicen por mi obra social es que puede demorar al menos unos dos meses más”.

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