Especial Día Internacional de la Mujer

“No soy una superhéroe, sólo soy una mamá que quiere lo mejor para sus hijos”

Mariela Puche decidió derrumbar las barreras de género y dedicarse a realizar actividades que siempre estuvieron asociadas a los hombres. A pesar de que fue muy duro, hoy cuenta orgullosa la historia de fortaleza y valentía que debió atravesar para poder convertirse en su mejor versión y demostrarle al mundo que la mujer puede todo y más.

  • 08/03/2022 • 09:00
Ella es Mariela
Ella es Mariela

Mariela llegó a nuestro país en el año 1988 a los trece años de edad, en busca de su madre. Actualmente, tiene 48 años de edad y es nacionalizada argentina, es una entrenadora fitness, albañil, voluntaria de la Cruz Roja, árbitra de fútbol, jugadora de fútbol, voluntaria de hisopado en pandemia, mamá soltera de 4 hijos, conductora de ambulancias y poseedora de interminables oficios e historias de superación y valentía.

En diálogo con TiempoSur, Mariela Puche nos contó que, como consecuencia de las circunstancias que le tocó atravesar junto a sus hijos, debió aprender a realizar diversos oficios para sobrevivir: “Cuando me quedé sola, debí comenzar a criar a mis hijos pequeños y un embarazo a cuestas. Tuve que aprender diferentes oficios como los más comunes, que son poder hacer un balde de mezcla, poder pegar un ladrillo, hacer un revoque, lo más básico en cuanto a albañilería. Después, uno va aprendiendo con el correr del tiempo porque la obligación de ser padre y madre en el hogar te lo exige. Los hijos piden, tienen hambre, tienen desnudez, y todo eso te lleva y conlleva a que aprendas rápidamente todo lo que tenés que realizar para ganarte el sustento y llevarlo a tu casa”, relató.

La historia de Mariela tiene un duro trasfondo: una infancia cruda y triste, llena de abandonos y obstáculos que sólo pudieron ser superados con cada golpe de realidad: “Crecí con mis abuelos porque mis padres me abandonaron al nacer. Como ellos eran gente de campo, trabajaban muy fuertemente hombreando, con la leña, con el carbón, con lo que sembraban para vender en una feria los fines de semana. Yo era la nieta mujer dentro de la casa, pero hacia el rol del nieto varón porque tenía que hombrear también a la par de mi abuelo”, rememoró.

Una mujer, miles de oficios

Actualmente, Mariela es miembro activo de la Cruz Roja Argentina ayudando a la comunidad ya sea en desastres naturales o simplemente conteniendo a alguna persona que necesita apoyo emocional. En paralelo, se desempeña como árbitra de fútbol y chofer de ambulancia, lo que la llevó a atravesar todos los estigmas que introducirse en un mundo predominado por el género masculino conllevaba: “Soy árbitra hace 20 años. En el año 2003 me recibí como árbitra de fútbol, tanto en cancha grande como FUTSAL. Estuve 17 años en AFA como árbitra y después me volqué al FUTSAL (fútbol de salón) a través de la Confederación de FUTSAL Argentina, a través de AFUSA, y hace 5 años que estoy como árbitro de CAF y ya he salido en varios nacionales desde que estoy dirigiendo fútbol de salón. Y como chofer de ambulancia estoy hace 5 años. Cuando se le entregó la ambulancia a la Cruz Roja había que aprender. Hubo que darle rienda suelta a aprender, a aprender a conducir la ambulancia, conocer todo el sistema de trabajo y como trasladar a los pacientes. Me ocupo del servicio voluntario luego de salir del trabajo, ya que es mi vocación ayudar a mi prójimo”, agregó.

Rompiendo barreras de género

“Nosotras somos, para los demás, el género más débil, pero yo siempre desafié en esa postura al hombre. Yo también lo podía hacer. Como mujeres también podemos hacerlo en esa impronta, no solamente el hombre. Obviamente, vamos a tener menos cantidad de fuerza a lo que haga un hombre, pero vamos a tratar de trabajar igual para aprender porque todos los oficios se aprenden. No tiene género el oficio. Lo puede hacer el hombre como lo puede hacer una mujer. Y uno se va instruyendo y va aprendiendo con el correr del tiempo”.

El formar parte de un mundo laboral que está predominado en su gran mayoría por hombres no fue nada fácil para Mariela, por lo que debió soportar comentarios mal intencionados y malos tratos que la llevaron a crear una coraza para poder sobrellevarlos: “(cuando decidí ser árbitra) costó que me aceptaran, sobre todo las personas que estaban hace más años y que ya, hoy por hoy, no están en vida o dejaron. Costó que el mundo futbolero de la Patagonia me aceptara porque es muy difícil. Antes de que salieran las leyes del 8M y la diversidad de género yo ya le había ganado la pulseada al hombre en cuanto al arbitraje. Yo ya me había hecho sentir y me había hecho respetar. Pero tuve que lidiar y padecer bastante para que el mundo futbolero de acá me pueda aceptar, pueda aceptar que había una mujer dentro de la cancha impartiendo justicia, que le iba a dar una orden, que lo iba a amonestar, que lo iba a sancionar, que lo iba a expulsar, que le iba a hacer un informe. A mí me costó lágrimas, y lo digo abiertamente porque no tengo por qué ocultarlo. Yo me acuerdo que los primeros años salía de la cancha en el entretiempo y me ponía a llorar, porque era tanto lo que me decían que herían el amor propio. Yo no lo entendía, pero me gustaba arbitrar. Dejé de jugar fútbol por el arbitraje porque me apasionaba”, expresó.

Una familia de mujeres fuertes

Mariela proviene de una familia de mujeres repletas de fortaleza que supieron afrontarse a las adversidades de la vida sin importar lo que los demás piensen en cuanto a su género: “Mi mamá actualmente tiene 65 años y sigue poniéndole el hombro a su casa. Nosotros siempre fuimos una familia de trabajo, de saber que había que salir a laburar para ganarse el pan que hay que llevar a la mesa. Y que si había hijos había que hacer llegar el pan de alguna forma, siempre que sea dignamente.  Mi abuela es una mujer de campo que tiene 98 años y sigue trabajando. Cuando se contagió Covid fue asintomática y goza de una muy buena salud. Ella sigue usando la cocina a leña, sigue picando leña a las 5 de la mañana cuando se levanta para hacer el fuego y es una mujer de 98 años, uno la admira. Así, hemos sido todas las mujeres dentro de nuestra familia por la parte materna, muy laburantes y que le hemos puesto el hombro a todo. No necesitamos tener un compañero para poder abastecer y arreglar nuestro hogar. Si se rompe el techo, una puerta o una ventana o si hay que pintar o pegar ladrillo no necesitamos a un compañero varón o esperar que venga el cabeza de casa para poder hacer las cosas. Las hacemos nosotras mismas”, contó Mariela orgullosa.

 

Mamá por sobre todas las cosas

Todo lo que Mariela hizo a lo largo de su vida lo hizo por sus hijos, quienes expresan su interminable orgullo hacia su mamá: “Ellos sienten orgullo. Siempre me vieron a mi como un superhéroe, pero yo les digo que no soy un súper héroe, soy una mamá común y corriente que la ha luchado para que ustedes no sufran, para que su sufrimiento no sea tan letal como otros niños pueden sufrir. Mis hijos no tenían por qué pagar el error que a veces uno comete o de elegir mal a una persona como compañero o de que la vida no nos haya sonreído de alguna forma. Para ellos soy una persona muy importante, ellos me respetan mucho, aman la vocación de servicio que yo tengo”, relató.

“Los hijos siempre van a copiar algo tuyo, entonces tenés que tratar de que lo que vayan a copiar sea bueno y que sirva para su futuro o para sus hijos el día de mañana, cuando ellos sean padres de familia”, remarcó.

“La mujer puede. Falta que le den un empujoncito o el ánimo que necesita. A veces no accionamos por falta de ánimo, por falta de que el otro diga “che, vos podés, tenés la fortaleza, parate, ponete de pie, sécate las lágrimas y andá a laburar y enfrentar a la vida”, porque si vos no enfrentás la vida te achica. Cuando vos le tenés miedo a la vida ella te pisotea, pero vos tenés que tener la fortaleza y la voluntad en tu interior. Así como la vía te desafía, desafiá vos a la vida y vas a ver como se te va a achicar la vida”, finalizó.