Relatos de vida

Mayka: Desde Panamá a Argentina, el arte de pintar

Nacida en Panamá, Mayca nos cuenta parte de su vida para conocer como esta artista llego a tierras patagónicas y argentinas para mostrarnos su pasión más presente, el pintar y hacer de unas simples paredes apagadas un mural con colores vivos y llamativos.

Mayka y familia
Mayka y familia
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En la recorrida que realiza el móvil del Multimedio Tiempo, se encuentra en esta ocasión con la historia de esta joven mujer oriunda del gran Panamá, donde la pasión la sigue a donde vaya con su esposo y familia, hoy conocemos un poco más de esta gran artista y muralista, historia familia infancia y las herramientas que necesita para darle vida sus obras, hoy Mayca Mendizábal.

 

Familia y un poco de historia:

Mayka Mendizábal Blandon oriunda de Panamá residente en Río Gallegos hace más de cuatro años, muralista de la localidad y la Patagonia:

“Mis abuelos paternos son Gaspar Mendizábal (descendencia española) y Yolanda de Mendizábal Sánchez (de la capital de Panamá), mis abuelos maternos son Eduardo Blandon (descendencia francesa y colombiana) de la provincia de Darién.

Mi padre es Gaspar Mendizábal Sánchez, quien fue boxeador, entrenador y periodista deportivo; junto con él aprendí el deporte del boxeo, periodismo y el amor a la patria”.

“Por otro lado, mi madre es Aristela Blandón Bristan, es de la provincia del Darién, actualmente vive en portobello provincia de Colón, es mediadora comunitaria, instructora de folclore afro panameño y guía turística. “Ella me educó con mucho valor y respeto, las tradiciones familiares estaban en cada celebración ella nunca las dejaba pasar”.

 

Infancia:

Repasamos la infancia y niñez de la vecina Mayka, y esto es lo que nos comenta:
“Fue muy linda, me encantaba jugar, desde juegos de niñas como de niños, buscaba cualquier excusa para poder escaparme de casa y salir a divertirme, me encantaba trepar los árboles y más aún aquellos arboles enormes que tenían frutas para comer, era una niña muy independiente y hablantina más con los adultos; crecí en las calles de Juan Díaz calle número 6”.

“Las reglas en la casa eran básicamente las siguientes; cuando alguien llegaba a casa tenías que retirarte del lugar, el respeto hacia el adulto era extrema, te hablaban con la mirada. Otra regla era que en la casa solo los padres podían decir malas palabras, nos hablaban mucho con refranes y sarcasmo, recuerdo siempre cada vez que hablo con mi familia como anécdota; recuerdo que un día mi abuela me estaba cuidando y al llegar mi mamá le pregunto cómo me había portado y mi abuela respondió, que yo le había tirado tierra y piedras en los ojos, y yo me fui llorando donde mi mamá y le dije que mi abuelita estaba mintiendo que ¡yo no le tire tierra en los ojos! , a lo que mi mamá me abraza y se echa a reír, en ese tiempo yo no entendía el sarcasmo”.

 

Estudios:

Avanzando en la juventud de esta vecina Panameña, nos cuenta donde realizó sus estudios y hacia donde quería llegar:
“En el jardín el colegio era nuestra Señora del Carmen, cuando ingrese me quede tranquila y feliz, sorprendida miraba porque los otros niños lloraban, sabia escribir mi nombre, las vocales y los colores ya que mi mamá estaba sin empleo y se dedicó a enseñarme durante muchos años”.

“Para la primaria me saltaron de jardín a primero en poco tiempo debido a mis conocimientos, y fui una niña “prodigio” muy participativa y activa. Para todos los actos, por ejemplo, quería participar y si no me buscaban e incentivaban para participar, cantaba en todos ellos. Una vez representé a la escuela en un concurso de canto y estaba enferma con fiebre, aun así, quedé de segundo lugar y así con todo lo demás”.

“Mi secundaria la hice en el instituto profesional y técnico “Ángel Rubio”, estaba en las ligas de voleibol, en artística era una de las mejores alumnas. Recuerdo muy claro como un día, mi profesora de arte mando a buscar a mi papá porque decía que él o un adulto hacia mis dibujos, con tono un tanto intrigante y de acusación. Y después estuve en el instituto “Justo Arosemena” no me gustaba porque eran turnos muy completos y con demasiada carga, mañana y tarde, pero aun así tuve buenas amistadas que hoy en día todavía las tengo vigentes, nos comunicamos a menudo. Luego me gradué del Bachiller en Comercio con Turismo, al tiempo continué mis estudios, pero llegué a completar solo el primer año de la universidad en Radio y Televisión”.

 

Pasión y arte:

Luego de los estudios vienen las pasiones y el desarrollo de las personas, aquí Mayca con firmeza nos cuenta la pasión y el trabajo desde pequeña:

“Mi trabajo y pasión, creo que es desde niña, me la pasaba dibujando y en mi cuarto; cada tiempo cambiaba de mural que yo misma hacía con lápices pasteles y temperas. En ese entonces, mi mamá me dijo que me inscribiera en un curso de pintura en el taller de Portobello de Sandra Eleta, ya que yo dibujaba y pintaba bien, en ese tiempo decidir tomar cursos, hice mi primera exposición colectiva y fue un éxito, vendí dos cuadros y varias piedras pintadas. Tengo una anécdota que siempre recuerdo: cuando llegué a la galería Casa Cultural Huellas, unas niñas me estaban esperando para pedirme mi autógrafo, yo me eché a reír porque no entendía nada de eso -que me pidieran autógrafo- como entrar en un breve momento de fama, y de ahí se vino toda mi linda historia en el arte. Luego estuve en un curso en el domo universitario, participe en muestras colectivas, murales, etc.”

“Al llegar a Río Gallegos hace un poco más de cuatro años, me inscribí en el Polivalente de Arte, en un taller, el cual cursé un año ya que por diferentes motivos -ya sea por paros y demás no siguieron dándolo- y junto a mi esposo pintamos cuadros y murales. Juntos lo hicimos desde Panamá y ahora acá lo seguimos haciendo en diferentes lugares como La Plata, Pico Truncado, interior de Santa Cruz e interior de Buenos Aires”.

Dificultades:

Cada trabajo tiene ciertas dificultades y las de los muralistas no pasan de largo, acá observaremos cuáles son estos contratiempos para Mayka en esta labor:

“Si hablamos de las dificultades en Río Gallegos, creo que la dificultad más grande es el clima, ya que es muy cambiante y el frío a veces es mucho para mí, creo que en comparación con otros lugares que he trabajado a lo largo de mi carrera, pagan muy poco acá por los cuadros y murales, lo bueno es que siempre tenemos trabajo y es lo que me impulsa por supuesto a seguir haciendo lo que me gusta”.

“A la juventud la veo muy metida en la tecnología, cosa que la aparta de actividades físicas, interactuar con los demás incluida la familia. Falta la creatividad y las estrategias -eso antes nos los daban- los juegos didácticos y la práctica de competir de forma sana con otros para saber manejar las situaciones de la vida diaria y así llegar a la adultez con una mente saludable”.

Herramientas y pandemia:

Finalizando el relato, nuestra vecina panameña, nos cuenta cuáles son sus herramientas principales en esta labor del arte y, además, nos brinda un paso, un pensamiento sobre esta pandemia que sigue vigente, pero ya con una ola de contagios muy calma:

“Mis manos no hacen arte si no tengo herramientas tan básicas como lo son las pinturas, pinceles, y bastidores en el caso del cuadro. En el caso de los murales ya es más complicado porque requiero de escaleras o en otros casos un andamio dependiendo del tamaño, y algunas otras cosas para crear texturas y vida en mis obras”.

“Otras herramientas -que considero como tales- son las redes sociales, el hablar de boca en boca sobre mi trabajo y así llegar a distintos puntos, a distintas aristas de la gente de esta localidad como lo puede ser en el interior de Santa Cruz”.

“Sobre la pandemia, diré que fue triste pensar día tras día que algo nos podía pasar, además de estar lejos de tus familiares como madre, hermanos y sobrinos. Pero la tecnología en este caso nos unió más ya que hablábamos más de lo común, celebramos cumpleaños, baby shower, bautizos, jugábamos, nos poníamos retos, todo por la vía virtual. Con respecto a estar aislados, en casa fuimos muy conscientes, mi esposo y yo convivimos un tiempo con mis suegros y ellos -al ser de edad avanzada- nos enseñaron a ser más cautelosos.”  

“Por el encierro pinté más de lo común, lo triste era estar pendiente de los contagiados, fallecidos, la metralleta de noticias del caos a toda hora y de cada día tanto en argentina como en Panamá y el mundo”.

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