El rol del Estado en la salud pública

La mentira tiene patas cortas

Por Dr. Gabriel Giordano. 

Dr. Gabriel Giordano. 
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Estamos viviendo tiempos de Pandemia, y si algo hemos entendido en esta larga vigilia de aislamiento social, es el valor de los sanitaristas, por lo que corresponde recurrir a la memoria para revindicar un gran hombre que se lo pretendió manchar desde la prensa amarilla, y que resulta ser el padre del sanitariosmo argentino. EL PADRE DEL SANITARISMO ARGENTINO, que importante fue para nuestra Argentina el médico sanitarista precursor de salud pública, Ramón Carrillo, ( el negro)  padre del sanitarismo en la Argentina, se  destaco como neurólogo y neurocirujano, llevó a cabo una transformación sin precedentes en la salud pública de nuestro país desde una concepción social de la medicina, señalando  “no hacia los factores directos de la enfermedad –los gérmenes microbianos– sino hacia los indirectos”. “La mala vivienda, la alimentación inadecuada y los salarios bajos –sostenía– tienen tanta o más trascendencia en el estado sanitario de un pueblo, que la constelación más virulenta de agentes biológicos”

En 1946 Juan Domingo Perón lo designó al frente de la Secretaría de Salud Pública, más tarde elevada al rango de ministerio. Durante los ocho años de gestión, en combinación con la Fundación Eva Perón, realizó una tarea titánica. Entre 1946 y 1951 se construyeron 21 hospitales con una capacidad de 22.000 camas. La fundación construyó policlínicos en Avellaneda, Lanús, San Martín, Ezeiza, Catamarca, Salta, Mendoza, Jujuy, Santiago del Estero, San Juan, Corrientes, Entre Ríos y Rosario. Se estableció la gratuidad de la atención de los pacientes, los estudios, los tratamientos y la provisión de medicamentos. Un novedoso tren sanitario recorría el país durante cuatro meses al año, haciendo análisis clínicos y radiografías y ofreciendo asistencia médica y odontológica hasta en los lugares más remotos del país, a muchos de los cuales nunca había llegado un médico. Se lanzaron planes masivos de educación sanitaria y campañas intensivas de vacunación, con lo que en pocos años se logró la erradicación del paludismo, la eliminación de las epidemias de tifus y brucelosis, se logró combatir casi por completo la sífilis y disminuir la incidencia de la enfermedad de Chagas. Además, el índice de mortalidad por tuberculosis se redujo en un 75 por ciento y la mortalidad infantil descendió a la mitad. Se crearon más de 200 centros de atención sanitaria en todo el país y más de medio centenar de institutos de especialización. o impulsó la creación de EMESTA, primera fábrica nacional de medicamentos, ideada para el abastecimiento de remedios a bajo precio. También apoyó a laboratorios nacionales, a través de incentivos económicos, procurando que la población tuviera acceso a los remedios.

El impulsor de la medicina social había nacido en Santiago del Estero el 7 de marzo de 1906. Fue un alumno brillante y comprometido, de convicciones fuertes, que terminó el secundario resuelto a seguir la carrera de medicina. Para eso, dejó su Santiago natal y viajó a Buenos Aires volcándose de lleno al estudio. En 1929 se recibió con medalla de oro. Alma inquieta y decidida, alternó entre la teoría y la práctica, realizando trabajos científicos junto al reconocido neurocirujano Manuel Balado, escribiendo para la Revista del Círculo Médico, y trabajando en las prácticas en el Hospital de Clínicas. En 1930 obtuvo una beca de la UBA para perfeccionarse en Europa como neurólogo y neurocirujano. Viajó por Holanda, Francia y Alemania, y regresó a Buenos Aires en 1933, en plena década infame, una etapa que se caracterizó por la ausencia de la participación popular, la persecución a la oposición, la tortura a los detenidos políticos, la creciente dependencia de nuestro país y la proliferación de los negociados. Por aquella época, tomó contacto con las figuras emblemáticas de una corriente nacionalista, en la que se destacaron su coterráneo Homero Manzi, Arturo Jauretche y Raúl Scalabrini Ortiz.

Hasta 1945; había dedicado su vida a la docencia y a la investigación, pero en 1946; tras el triunfo de Perón; Ramón Carrillo ( el negro) se volcó de lleno al desarrollo de un plan de salud pública nacional. En 1937 recibió el Premio Nacional de Ciencias. Poco después fue convocado para organizar el Servicio de Neurocirugía del Hospital Militar Central. Tuvo entonces la oportunidad de atender a los conscriptos del interior, cuyas historias clínicas lo hicieron entrar en contacto con las enfermedades propias de cada región de la Argentina, muchas de ellas originadas en la pobreza. Fue precisamente en el Hospital Militar donde conoció a Juan Domingo Perón, un encuentro decisivo para su futuro y el de la salud pública del país. Hasta 1945, había dedicado su vida a la docencia y a la investigación, pero en 1946, tras el triunfo de Perón, Ramón Carrillo se volcó de lleno al desarrollo de un plan de salud pública nacional, que fue a un mismo tiempo su consagración profesional y su ruina personal. En julio de 1954, en medio de internas dentro del peronismo y aquejado por una hipertensión arterial maligna, Carrillo debió renunciar a su puesto. Tras obtener una beca de investigación, partió con toda su familia hacia Estados Unidos, con la esperanza de tratarse de su enfermedad, pero el triunfo de la autodenominada “Revolución Libertadora” lo dejó sin recursos y debió emplearse en Hanna Mineralization and Co., una empresa minera estadounidense que tenía un emprendimiento a unos kilómetros de Belem do Pará, en Brasil. Hacia allí viajaría en noviembre de aquel año. Mientras tanto, en Buenos Aires sus propiedades fueron allanadas y Carrillo fue acusado de enriquecimiento ilícito y malversación de fondos. Si yo desaparezco, queda mi obra y queda la verdad sobre mi gigantesco esfuerzo donde dejé la vida. No tengo odios y he juzgado y tratado a los hombres siempre por su lado bueno, buscando el rincón que en cada uno de nosotros alberga el soplo divino” escribió al periodista Segundo Ponzio Godoy antes de morir. Poco después, el 20 de diciembre de 1956, moría a los 50 años el fundador del sanitarismo argentino tras sufrir un accidente cerebrovascular.

PRIORIZAR LA SALUD

Por eso la PANDEMIA nos dejo ya como enseñanza que el papel del ESTADO resulta primordial en la protección de un derecho como la salud, y no sólo por las características sociales sino también por las particulares fallas a la que se encontraría sometido el sistema en caso de estar librado a las leyes habituales del mercado que promocionan las políticas neo liberales. Entiendo que en la figura de Ramón Carrillo va el reconocimiento a los médicos y médicas, enfermeros y enfermeras y demás operadores del sistema de salud,  más allá de un billete bien merecido, el notable neurocirujano, es ejemplo para y de todos los héroes anónimos que integran el sistema de salud tanto público como privado de la Argentina  quienes están luchado contra este enemigo anónimo, el COVIG 19, priorizando la vida ante cualquier otro bien, no pudiendo distraerse con falsa imputaciones que pretenden agrietar el tejido social. Sin lugar a dudas  un Estado presente, un Estado que nos cuide es nada menos ni nada más que sanitarismos puro, por que La Patria es el otro.

Como lo puede ser de otra forma, el tema queda abierto señores lectores y de seguro nos encontraremos nuevamente para desmitificar las mentiras que se dijeron de primer sanitarista argentino. Así que los convoco a nuestro próxima nota.-

 

 

EL ROL DEL ESTADO EN LA SALUD PUBLICA – SEGUNDA PARTE.-

LA MENTIRA TIENE PATAS CORTAS

Somos testigos, una vez más en nuestra Argentina, de las maldades que se pueden hacer contra las personas que ya no están para defenderse. Es grave la calumnia o la maledicencia, el sembrar dudas, cargarse a una persona de bien apoyándose en trascendidos, en miradas obtusas y en caprichos ideológicos que, llamados mal y pronto, son producto de la “mala leche y la mezquindad, grupetes que pretende una sociedad fragmentada sobre la grita que les permite imponer políticas neo liberales de espalda al pueblo. Repudiamos por esta vía las versiones que se opusieran a que figure la imagen de Ramón Carrillo en un eventual billete de 5 mil pesos. Las acusaciones de nazi, de mal ejemplo, de homofóbico, de promotor de la eugenesia en nuestras tierras, de cobijar criminales de guerra, comenzaron a circular como reguero de pólvora, sin límites, en forma imprudente, y lo más grave, sin ostentar ninguna prueba documental que demuestre tantos infundios, atacando a la figura de Carrillo, un hombre extraordinario, fue creciendo entre nosotros como pionero y modelo del sanitarismo y la salud pública, más aún en estos aciagos tiempos de pandemia por el maldito COVID-19, cuando nuestros médicos y todo el personal de la salud son los verdaderos héroes en esta patriada. La Argentina antes de Perón era un país desigual, donde los que mandaban vivían muy bien y la mayoría del pueblo estaba sojuzgado a no tener acceso a los derechos esenciales, entre otras cosas la salud.

Como decíamos, todas las “acusaciones” en su contra, realizadas por los profetas del odio, no tienen elementos probatorios indubitables. Son absolutamente falsas. En realidad, desconocen absolutamente su personalidad y su pensamiento. Desde niño, recibió su formación religiosa de manos de su madre, quien le inculcó los valores del catecismo y del humanismo cristiano, los cuales abrazó siempre como una forma de vida práctica, testimonial y confesional. Carrillo en su juventud estuvo afiliado al Partido Demócrata Nacional y le tocó participar como representante de Santiago del Estero en la Convención que debía elegir la fórmula Patrón Costas-Iriondo, el 4 de junio de 1943. Si bien esto es cierto, no fue un convencido de la militancia política. Caen en un grave error los que lo sindican como nacionalista católico. Nunca fue nacionalista. Lo cierto es que fue un científico de pura cepa, alejado de los mitines ideológicos y dedicado a la investigación científica. En 1930, obtuvo la beca universitaria para realizar estudios de postgrado en Amsterdam, en París y en Berlín, especializándose en neuropatología. Fueron tres años intensos de investigación sobre esclerosis cerebral, polineuritis experimental, mecanismo de las impregnaciones, técnicas de colocación del tejido cerebral y estudios sobre anatomía comparada. Mayormente estuvo radicado en Amsterdam, desde septiembre de 1930 hasta agosto de 1932. En septiembre de ese año partió a Berlín por un mes, para trabajar junto al profesor Schhuster. Luego en octubre de 1932, se dirigió a Suiza como representante argentino del Primer Congreso Internacional de Neurología y, finalmente, llegó a París. Durante su breve estancia en Berlín no coincidió con el ascenso de Hitler al poder, ni mucho menos se reunió con él, ni con ningún representante del partido nazi. Esto es un verdadero disparate. Por eso resulta algo más que improbable suponer que un joven becario santiagueño de 26 años, sin ninguna entidad, hubiera sido recibido por Hitler y mucho más ridículo que se hubiese tomado una fotografía con él.

Durante sus días en Berlín, es probable que por curiosidad haya presenciado algún acto de Adolf Hitler, como cuenta Karina Ramacciotti, sin dar muchas precisiones. Estamos hablando de un dirigente alemán en sus inicios políticos. ¿Quién se podría imaginar como iba a evolucionar a lo largo de los años `30? Ni hablar de lo que sucedería durante la 2ª Guerra Mundial y, lo que es más grave, con el Holocausto.

En cuanto a que Carrillo mantenía algunos conceptos biológicos acerca de la “raza argentina”, es otro absurdo. Si hay alguien que provenía de la Argentina profunda y que se sentía orgulloso por ello, era el mismo “Negro” Carrillo. En una ocasión pasaba con su automóvil frente al Jardín Zoológico y le comentó a su acompañante, el Dr. Fournery: “No entremos, pues con la cara y aspecto de mono que tengo, me encierran en una jaula”. Así de simple y sencillo era, que se mofaba de su condición física.

En noviembre de 1952 regresó a nuestro país Josephine Baker, ya fallecida Evita. El 29 de ese mes, Perón y Carrillo la reciben nuevamente. En ese encuentro fijaron juntos las bases para constituir el primer “Instituto Antirracista Argentino”. La afamada actriz afroamericana sugirió que lo nombraran a Perón presidente honorario del “Instituto Internacional Antirracista”. En ese encuentro Baker le preguntó al entonces morocho ministro de Salud, Carrillo: “¿Donde están los negros en la Argentina?”. El eminente sanitarista le respondió: “En estos momentos solo hay dos, usted y yo”. Baker hizo viajes por todo el país; quedó tan agradecida que cuando fue a despedirse de Perón, casi ruborizada le dijo: “Señor presidente le ruego que me disculpe, pero no quiero irme, sin darle un beso en la mano”. Años más tarde, Perón se refirió a este suceso: “Esto me emocionó mucho porque era una mujer humilde, una gran artista, una luchadora, y porque pensé también en esos prejuicios que los negros anidan en su mente cuando se encuentran con los blancos. Era una mujer culta y de exquisita educación”.

El objetivo primordial de Carrillo como buen médico, fue priorizar la salud contra la enfermedad, sin caer en el disparate de pensar en la creación de una raza argentina. Decía claramente: “En una sociedad no deben ni pueden existir clases sociales definidas por índices económicos. Lo económico hace en él a su necesidad, no a su dignidad”.

Se lo acusa también de haber dictado en los años ’50 (sin dar muchas precisiones) conferencias sobre la “guerra psicológica”, como si hablar de esos temas fuera un pecado o un tabú. El origen de la “guerra psicológica” se remonta a los Escitas (siglo IX a. C.), a Sun Tzu (siglo V a. C.), y más modernamente lo desarrolla el Cap. B.H. Liddell Hart. Resulta más que obvio, que la guerra afecta a sus soldados, no sólo en cuestiones físicas, sino también en cuestiones afectivas, psicológicas y en estados de ánimo. Pensar que esas cuestiones tienen que ver con resabios del ejército nazi, es de un grado de ignorancia supina y caprichosa e intencional Pues esas cuestiones que hacen a la formación militar y psicológica de las tropas, fueron tratadas por los especialistas de las naciones más avanzadas, más aún por aquellas que tuvieron que enfrentar las dos guerras mundiales.

Con relación a su actitud hacia los homosexuales, de la que tampoco hay evidencias reales, no se puede decir que era una personalidad homofóbica. En esa época, la postura sobre la homosexualidad sería justo analizarla en el contexto, pues es anacrónico imponer nuestras ideas del 2020 sobre los años `30, especialmente teniendo en cuenta que esa vetusta mirada sobre la condición sexual de las personas era moneda corriente también en Europa y Estados Unidos. Tanto es así, que hasta hace 30 años, la OMS consideraba a la homosexualidad como una enfermedad. Es de ponderar la buena amistad que tuvo Carrillo con el famoso cantor Miguel de Molina, un republicano antifranquista, abiertamente homosexual, que residió un tiempo en Buenos Aires en la época de Perón.

En cuanto a la hipotética vinculación de Carrillo con el médico danés Carl Vaernet, podemos decir que trabajó en el Ministerio de Salud Pública un tiempo y luego de 1955 en su consultorio particular en la zona de Palermo, hasta su muerte en 1965.

De ahí a sostener que Vaernet colaboró bajo las órdenes directas del ministro Carrillo hay un camino inexistente y especulativo. Además, tengamos en cuenta que en esa época era normal la presencia de extranjeros trabajando en distintos ministerios, entre los miles de empleados que prestaban servicios en el estado. A mayor abundamiento, me cuesta creer que Carrillo pudiera estar al tanto de los antecedentes de ese criminal de guerra. Más aún, tengamos en cuenta que su mano derecha en el ministerio fue el judío Salomón Chichilnisky y, de haberse enterado, lo hubieran denunciado a las autoridades.

Como buen católico, es imposible pretender su filiación o admiración por el nazismo, doctrina pagana y esotérica, plagada de errores y condenada por el papa Pío XI en su carta encíclica “Mit brennender Sorge” del 14 de marzo de 1937.

Por lo tanto, es un absurdo considerarlo fascista y más aún nazi. Nunca fue cuestionado ni objetado por el estado de Israel, ni por Pablo Manguel (líder de la Organización Israelita Argentina), otrora embajador argentino en el Estado de Israel, entre 1949 y 1954, designado por Perón. Manguel en su momento hizo protestas contra algunos colaboradores de la Dirección Nacional de Migraciones, pero nunca contra Carrillo.

Ramón- Carrillo (h)  geólogo, tercer hijo del neurocirujano que revoluciono el sistema de salud en Argentina, se ocupa de desmentir la campaña contra su padre, y espera hasta hoy una explicación del centro Simòn Wiesenthal, señala que mando dos mail al  referido centro y no contestaron, que por teléfono le pregunto al delegado en Argentina de donde habían sacado la información  para calumniar a su padre, contestándole que era "información pública". Le dijo que lo aclarara porque eso era muy vago, insistí y entonces me citó la película El triángulo Rosa y además mencionó libros de los autores Mariano García Karina Ramaccioti.  Claudio Avruj, presidente honorario del Museo Holocausto, se reunió con el sobrino, después de afirmar el nazismo de su padre y luego de ese encuentro se disculpó la DAIA mandó un comunicado en el que dice que la investigación está cerrada y que tiene que juntar pruebas del presunto nazismo. No se entiende el motivo por el cual se lo está acusando de algo que no fue, a lo que no perteneció y de lo que estuvo absolutamente ajeno, desde su concepción como humanista y cristiano.

Sin dudas con lo señaláramos en la primera parte de este artículo, la figura de Ramón Carrillo sin lugar a dudas pone de manifiesto la loable tarea del equipo de médicos y médicas, enfermeros y enfermeras y demás operadores del sistema de salud pública y privada, que está dando batalla a la PANDEMIA, y para ellos el notable neurocirujano, es ejemplo para y de todos los héroes anónimos que integran el sistema de salud tanto público como privado de la Argentina  quienes están luchado contra este enemigo anónimo, el COVIG 19. Sus legados se están poniendo en práctica priorizando la vida ante cualquier otro bien, no pudiendo distraerse con falsa imputaciones, injurias y calumnias que una vez más pretenden agrietar el tejido social. Con alegría advierto que el profesionalismo, la sensatez, y el recupero de valores como la solidaridad están haciendo posible enfrentar esta crisis sin ideologías, pero con el cloro convencimiento que como se ha dicho un Estado Presente no facilitara la salida lo más pronto posible gracias a entender el SANITARISMOS ARGENTINO como vital.

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