Indio Solari

El recuerdo de un testigo de los orígenes

La sorpresiva partida del Indio Solari despertó una inmediata oleada de recuerdos y melancolía en miles de fanáticos que rememoraron sus épocas de juventud al ritmo de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. En el marco de esta triste noticia, Tiempo FM, entrevistó al escritor e historiador Leo Abraham, quien compartió su testimonio como uno de los privilegiados testigos que presenció los primeros pasos de la banda, cuando el fenómeno masivo era todavía un secreto de culto.

  • 05/06/2026 • 16:16
El recuerdo de un testigo de los orígenes
El recuerdo de un testigo de los orígenes

"Es un día triste, la verdad. Inmediatamente con la noticia uno viaja a la adolescencia, a cuando teníamos 16 o 17 años", expresó Abraham notablemente conmovido, añadiendo que, aunque se conocía la compleja enfermedad del músico, la pérdida no deja de impactar de lleno en toda una generación.

El día que los Redondos tocaron en su escuela

Durante el relato, el historiador remarcó una coincidencia que marcó su vida para siempre: su primer contacto con la banda ocurrió en su propio colegio secundario de Santa Lucía, en Florencio Varela. "Yo no busqué a Los Redondos, ellos llegaron a mí. Yo era un 'niño viejito' porque solo escuchaba tango, pero mis compañeros de barrio que seguían a Sumo me empezaron a insistir", recordó.

El quiebre definitivo se dio el 12 y 13 de octubre de 1991, cuando la banda liderada por Solari se presentó en el gimnasio de su escuela, un lugar que además lleva el nombre de su hermano. "Ese día, bajo una lluvia tremenda, nos empapamos al salir. Ver eso a mi edad me generó un impacto tremendo. A partir de ahí los empezamos a seguir a todos lados", relató sobre una época analógica donde conseguir una remera estampada implicaba viajar tres horas hasta Munro y las letras de los temas inéditos se transcribían a mano escuchando "cassettes piratas".

El mito de la bufanda: un tesoro barrial

Entre los recuerdos más preciados que Abraham atesora de los primeros años de la mística ricotera —junto a una foto autografiada en el colegio— se destaca una histórica anécdota ocurrida durante un concierto en el microestadio de Racing Club.

"Estábamos cerca del escenario. El Indio cantaba, se sacó la bufanda y la tiró. Me cayó en el hombro, por la espalda. Mis amigos, con un código tremendo, me cubrieron para que pudiera girar, agarrarla y guardarla. Me fui temblando de frío y transpiración, pero con la bufanda", rememoró con emoción.

Ese accesorio se transformó con los años en un objeto de culto casi religioso en su entorno: "Hasta el día de hoy mis hijos la tienen. Lo más gracioso es que, con el tiempo, los hijos de mis vecinos venían a casa y me pedían si se la podía mostrar. La tocaban como si fuese una reliquia".

Al finalizar, Abraham reflexionó sobre el estatus de mito que rodea desde hoy al cantante: "Queda todo un legado, su música nos va a acompañar siempre. Siento una profunda tristeza por el hombre que se fue, pero nos quedan los mejores recuerdos de un proceso adolescente que nos atrapó por completo".