Relatos de verano

El Hombre Sonriente (que ama a Maradona)

En memoria de Diego Armando Maradona (1960-siempre). 

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1-Es un rincón pequeño de la ciudad. En una de las arterias que recuerda a un prócer liberal que sentó bases de la legalidad argentina: Alberdi, y al 200. Allí, el ambiente es colorido, como salido de las novelas de Tolkien. Artesanías, recuerdos, pedazos de historia de la región que se apilan ordenadas, con un cierto acomodamiento cósmico, metafísico. Todo encaja. Traer retazos de décadas anteriores, restaurarlos, pero por sobre todo construir una relación con los clientes, preguntarles como están, qué necesitan; todo ello habita en el alma del Hombre sonriente, desde las profundidades del alma. Ni el frío ni el viento patagónico han destemplado a un alma empática.

 

2-Lo saca de su ubicuidad, algunas veces al año, la manía de caminar descalzo mojándose apenas los pies en las playas de Las Toninas, y también visitar amigos, compañeros de ruta y familiares en la Cuenca Carbonífera que es núcleo de su corazón y sendero vital. ‘’Piensa y respira en Gallegos, late en Turbio’’, acota un vecino que lo conoce  y bien, con el cual debate las últimas líneas escritas por Norma Morandini, el devenir de los Ferrocarriles argentinos(un  Scalabrini ahí). En esta tarde compleja a nivel país, con incendios, olas de calor y para variar un clima oscilante en el Estuario, paso a visitarlo para charlar un rato.

 

3-‘’Hay una joyita que brilla, asomate’’, me indica apenas me recibe. En un rincón del local, descansa una colección de revistas Goles y El Gráfico de mediados de los 70 y principios de los 80. Valen su peso en oro, comprometidas en un nudo sentimental que pasaremos a explicar. Épocas DE DICTADURA, PIENSO. Muchas fotos de Videla, agradecimientos a coroneles, Rosario Central campeón, Quilmes campeón, Argentina 78’, Sergio Víctor Palma, el Lole ganando en Mónaco bajo la lluvia. ‘’Son los años felices’’, acota, ‘’los años felices de Diego, que no de nuestro país’’. Me invita a sentarme, me prepara un té y me deja con el milagro. De los 16 a los 21, es un Diego en estado puro, y mediante la alianza con las revistas más importantes de Editorial Atlántida seguimos el devenir de su vida, noviazgo con Claudia, fiestas en familia, entrenamientos, primeros pasos en Selección. Sonríe Pelu, en la pileta, en la playa, debuta como columnista gráfico, y escribe bien. No hay grandes enemigos a la vista, sólo desafíos. Es un Diego sano, buen compañero, afable, portador de un talento que sólo vieron algunos aunque se declaran testigos millones. ’’ El de Argentinos es el mejor de todos’’, me dice el Hombre Sonriente, y le brilla la calva, reflejada en sus ojos mediante el espejo que decoraba el palacete tras la ría hoy derrumbado.

‘’Los pasaba como postes, a todos’’. Párrafo aparte, la historia en Wembley, año 1980, ganan los ingleses 3 a 1, y Maradona ensaya el Gol del Siglo que vendrá en la altura y el calor mexicano 1986 mediante. Define ante la salida del arquero y la pelota se va besando el poste más lejano, pero toma nota a la acotación de su hermano ‘’Turco’’: que enganche y deja tirado a Shilton. Ese cerebro ya empieza a funcionar camino a la obra maestra.

 

4-‘’Por qué lo querés tanto’’?, le pregunto.

‘’Lo vi cuando vino a nuestra ciudad. Ahí aprendí a quererlo realmente. Venía del Mundialito de Uruguay, había quedado afuera por diferencia de gol contra Brasil. Fue un golpe en su carrera. Llegó y le dolía la panza. Pero le tiraron una pelota y se presentó. Jugó los 90 minutos, no quería salir. Se brindó. Eramos 12 mil en la cancha, aunque con el tiempo, parecen 200.000 mil’’. Una tarde templada y fresca, 13 de febrero de 1980; ¿el viento?, hizo una pausa para dejar jugar al joven que venía de ser goleador de los tres últimos campeonatos argentinos, y ah, campeón del mundo juvenil. Vialidad alisó la cancha, el Ejército ayudó en la ubicación de la gente, y el sueño de ‘’Pichón’’ Guatti y tantos otros se hizo realidad.

Después de un primer tiempo parejo, el  peso de la jerarquía fue inclinando la balanza y cayeron goles de todos colores en el crepúsculo del encuentro.  Nuestro protagonista, con los ojos llenos de magia, estaba en trance; ‘’Yo le grité Diego, Diego en un momento. Y él me miró, mientras caminaba hacia el córner, y me sonrió. Ese segundo para mí, que amo el fútbol, vale una vida. Con mis hijas el milagro más grande que me dio Dios. Faltaban quince minutos para que termine el amistoso contra la Selección Local, DE MUY DIGNA LABOR, y él la seguía pidiendo, en una cancha de tierra y piedras, en un potrero alisado’’.

Por eso guarda todas las revistas y diarios de aquel tiempo, con mentalidad de monje ermitaño, con celo de guardia cárcel, con amor de noviazgo adolescente. Por las tardes, se prepara el mate, bien adobado con burrito, se sienta a escuchar Gardel, y empieza a pasar las hojas que repasan la trayectoria vital del argentino más famoso. ‘’Para mí, esto es como el Evangelio’’.

Ojo, no es un mal plan, pienso. Afuera llueve, tengo chipá caliente que me espera en casa, mientras me acerca media docena de Gráficos para leer y devolver. Pelusa con la camiseta del Bicho, sonriendo, feliz.

Definitivamente, no es un mal plan.

‘’Lo amo porque siento, que me dio todo, y jamás me pidió nada. Le voy a deber mientras respire’’, cierra el Hombre Sonriente, con los ojos vidriosos.

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