Malvinas en primera persona

Daniel Herlein recordó la guerra, el arraigo patagónico y el vínculo de Río Gallegos

El veterano de guerra Daniel Herlein , piloto de combate durante el conflicto del Atlántico Sur , compartió en diálogo con el programa Tiempo FM sus vivencias sobre la guerra de Malvinas , el profundo significado que la fecha tiene en Río Gallegos , su relación con exsoldados y distintos episodios de su vida ligada a la aviación en la Patagonia.

  • 05/04/2026 • 17:00

En diálogo con Tiempo FM, Daniel Herlein puso el foco en la forma en que se vive el 2 de abril en la capital santacruceña y afirmó que “acá el 2 de abril, valga la palabra, no se festeja, se siente”. En ese mismo sentido, marcó una diferencia con otras regiones del país y sostuvo que “en el norte se festeja, acá se siente”, al recordar además testimonios de vecinos que atravesaron aquellos días de alarma, sirenas y oscurecimiento preventivo por temor a bombardeos.

El excombatiente remarcó su pertenencia con la ciudad luego de décadas de residencia en el sur y expresó que “tengo la suerte y la gracia de Dios de haber estado en la Patagonia 40 años ya” y que lleva “treinta y seis en Río Gallegos y creo que soy uno más, porque es lo que yo siento”. En esa línea, agregó que formó su familia en esta ciudad y señaló que tiene “dos hijas, una esposa riogalleguense”, desde donde también reforzó su identificación con el sentimiento malvinero que, según describió, se transmite entre generaciones.

Al referirse a la reciente vigilia, Herlein evocó la respuesta espontánea de la comunidad y destacó que “nadie los empujó. Fueron solos. La gente va sola acá”. También relató momentos de fuerte carga simbólica que vivió en contacto con chicos y familias, como cuando “un chico con una banderita me regaló una pulserita, una nena que la hizo ella”, y valoró ese gesto al preguntarse “¿cuánto vale eso? ¿De dónde sale eso? Sale del espíritu, sale de vos como papá, de la gente, del abuelo, de Gallegos, esta ciudad histórica, ciudad heroica que tuvo Malvinas”.

En otro tramo de la entrevista, el veterano describió la relación que mantiene con instituciones educativas y con alumnos que lo reciben cada año en actos patrios. Allí contó que suele visitar a los estudiantes antes de cada ceremonia y relató que “yo me voy y los visito antes del acto, y ya se acuerdan de mí y empiezan a gritar”, mientras definió esos encuentros como “caricias de la vida”. También subrayó que no busca exposición pública y explicó: “Yo no soy un actor, no soy una persona que se da con los medios, no soy un profesional”, aunque reconoció que cada invitación representa para él y sus compañeros “un premio para nosotros”.

Herlein también comparó la forma en que la causa Malvinas permanece presente en Santa Cruz respecto de otras provincias donde tiene vínculos familiares. Sobre ese punto, manifestó que en lugares como Córdoba o Buenos Aires el 2 de abril “es una fecha más”, aunque aclaró que allí “la respetan, la consideran, pero una fecha más en el calendario”. Frente a eso, desafió a poner a prueba el conocimiento de los más jóvenes y afirmó que “acá lo saben todos”, al sostener que esa es “la gran diferencia” que observa con Río Gallegos y “al norte del Paralelo 42”.

Vuelos 

El excombatiente repasó además el escenario previo a la guerra y recordó la intensa conectividad aérea que existía en la región. En ese marco, señaló que comenzó a operar en el sur en 1981, en la “época de oro” de LADE, a la que definió como “una maravillosa línea aérea regional que operó acá más de 50 años”. Rememoró que entonces realizaban vuelos permanentes en la precordillera y la costa, que había conexiones con Turbio, Comodoro Rivadavia y las islas, y afirmó que “toda la Malvina era una cosa más en nuestro paisaje”, en una etapa que definió como “muy especial” por “el tránsito tremendo que teníamos y las cosas que nos pasaron”.

Ya sobre el conflicto bélico, Herlein relató una anécdota que situó en pleno desarrollo de la guerra, cuando además de sus misiones de búsqueda de barcos ingleses desde Comodoro Rivadavia debía cumplir tareas de custodia en el aeropuerto. Allí recordó que un soldado se le acercó para contarle que su hermano había sufrido un accidente en Santiago del Estero y que no sabía si podría verlo. Entonces, según contó, decidió ayudarlo a escondidas: “Me fui a un Hércules que estaba en la plataforma, lo subí y le dije: ‘En una semana estás de vuelta porque me van a echar a mí’”. Décadas después volvió a cruzarse con aquel hombre en un acto y resumió ese momento con emoción al afirmar: “Lo encontré. No sabía si agradecerle o qué. Pero mirá lo que es la vida”.

Contacto

En la misma línea, Herlein se detuvo en el vínculo que sostuvo con los exsoldados a lo largo de los años y destacó que todavía mantiene contacto con varios de ellos. “Yo me sigo carteando todos los días con un par de ellos o me llaman”, indicó, antes de remarcar que muchos hoy rondan los 60 años, tienen empresas o trabajos consolidados y siguen reuniéndose para mantener viva la memoria. En relación con el costo humano de la guerra, recordó con dolor que “el primer soldado que murió en la guerra de Malvinas era un soldado mío, se llamaba Bordón, era correntino. Fue el primero que cayó en Malvinas. Era soldado mío”, al tiempo que evocó el destino de parte de su compañía enviada a Darwin para custodiar el aeropuerto donde operaban los Pucará.

Herlein también habló de las condiciones de vida y de trabajo que atravesaban los cuadros militares en aquellos años y dejó una definición tajante sobre su situación personal: “Yo era comandante de F-27, comandante instructor de F-27, un cargo importante, y era capitán. A mí no me alcanzaba para comer. Eso no lo dice nadie. No lo escribe nadie”. A partir de esa realidad, explicó que debió buscar otros destinos y orientar su vida hacia la actividad civil, primero en Caleta Olivia y luego nuevamente en Río Gallegos, en un recorrido que incluyó su paso por la municipalidad, la creación de una escuela de formación aeronáutica y la concreción del Aeropuerto Municipal Ciudad de Caleta Olivia, una obra que, según relató, lograron levantar con apoyo de la comunidad, cesiones de tierras y tareas articuladas sin erogaciones extraordinarias.

El veterano repasó luego su regreso definitivo a la capital provincial y mencionó que se instaló en la ciudad a fines de 1989 para integrarse a la aviación provincial. Más adelante, recordó que en 1993 fue convocado para hacerse cargo de la gerencia de Pingüino Líneas Aéreas, empresa que ayudó a organizar desde cero con la meta de conectar la mayor cantidad posible de localidades patagónicas. “La empresa compra en leasing dos aviones y se la armé yo”, recordó Herlein, quien añadió que ese proyecto fue uno de sus grandes desafíos y que el desempeño había sido positivo hasta que un problema familiar y el cierre de la compañía modificaron nuevamente su rumbo.

Entre los episodios más recordados de su trayectoria, Herlein mencionó el aterrizaje de emergencia que realizó en Río Gallegos a comienzos de la década del 90 y que todavía puede verse en registros audiovisuales. Relató que, tras no poder bajar el tren de aterrizaje, debió apoyar “de panza” el avión y contó que, en medio de esa situación, una de las puertas se abrió en pleno vuelo. Sobre ese instante, reconstruyó el diálogo con uno de los pasajeros: “Y me pega el grito: ‘Daniel, se me abrió la puerta, ¿qué hago?’. Y le digo yo: ‘Y tenela si ya aterrizamos’”. Con su tono distendido, añadió que después de resolver la emergencia volvió a buscar su campera y hasta el saco de otro ocupante de la aeronave.

Hacia el final, Herlein puso en valor el reconocimiento que recibió en distintos puntos de la provincia a partir de sus charlas, recuerdos y del libro que comenzó a escribir por impulso de amigos y periodistas. Según contó, primero empezó a tomar notas sin grandes pretensiones, luego ordenó ese material y finalmente presentó su obra en Puerto Santa Cruz y Turbio, donde recibió distinciones institucionales. A eso se sumó un reconocimiento de la Cámara de Diputados, algo que definió como inesperado y profundamente movilizante. “El respeto que han tenido conmigo, el respeto que tenés vos, que tiene el chico acá en la cabina, eso es nuestro premio, querido. El premio de la vida. Que vos me llames, que me consideres, que me saludes en la calle”.