Columna

¿Cuál es mi normalidad?

Por Bernardo Stamateas. 

Bernardo Stamateas
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En el mundo que vivimos muchas personas se preguntan qué quiere decir ser una buena persona. Dicho concepto, en realidad, está relacionado con la propia normalidad de cada uno. Es decir, con aquello que es normal para mí, que puede variar con respecto a lo que es normal para otros. Pero ¿quién establece los parámetros que indican cuál es “mi normalidad”? Algunos se basan en datos estadísticos, mientras que otros lo hacen en aquello que la sociedad o la moralidad establece. Las voces externas que escuchamos a diario suelen marcarnos qué está bien y qué está mal, pero cuando solamente presto atención al afuera, corro el riesgo de dudar de mí mismo.

Es por ello que deberíamos comprender que “todo me es lícito, pero no todo me conviene”. Los efectos que tenemos en nuestra vida están directamente relacionados con las elecciones que realizamos. Hoy en día, en medio de una pandemia, dicen los expertos que ha aumentado el consumo de psicofármacos para ayudarnos a lidiar con las presiones del exterior. Ahora, ¿qué ocurre cuando uno no se halla dentro de esos patrones? Muchos se frustran o se bajonean. Cuando reaccionamos de ese modo, nos convertimos, sin darnos cuenta, en protagonistas pasivos de nuestra vida. La buena noticia es que siempre puedo decidir implementar cambios para empezar a construir “mi normalidad” de manera activa. Esto significa elegir aquello que es mejor para mí, independientemente de lo que hagan los demás.

Estas son tres actitudes que todos podemos escoger adoptar que pueden ayudarnos a lograrlo:

  1. No sentir lástima por uno mismo

Algunas personas se presentan ante el mundo repitiendo a cada momento lo mucho que han sufrido en la vida. Esta postura únicamente nos lleva a desligarnos de nuestra responsabilidad culpando a alguien más por todo lo vivido. Esto perpetúa la sensación de fracaso porque mantiene nuestra mirada en el pasado y no nos permite avanzar.

  1. No ser guiado por las emociones negativas

Jamás uno debe moverse por lo que siente; sobre todo, cuando la emoción es negativa. ¿Por qué? Porque nuestro mundo emocional es cambiante y, cuando este tipo de emociones toman el control de nuestra vida, no somos capaces de pensar con claridad. Lo ideal, cuando nos sentimos mal, es darnos tiempo para calmarnos y así lograr ver la situación por medio del filtro de “la verdad”.

  1. No ser guiado por los pensamientos

Tampoco hay que moverse basado en los pensamientos negativos. Cuando estamos agobiados por las circunstancias, podemos caer en trampas mentales que nos mantienen dando vueltas en una misma situación sin poder resolverla. Es importante recordar que lo que pienso genera una emoción; por eso, es fundamental chequear lo que estoy pensando y dejar de brindarle toda mi atención a mi mente.

Te animo a tomar las riendas de tu vida, a ubicarte siempre en primer lugar, a amarte, valorarte y respetarte equilibradamente. Así lograrás construir la mejor normalidad para vos y tus seres queridos.

*Bernardo Stamateas, Dr. en Psicología.

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