Río Gallegos

Camilo vino, vio y venció

Debut del Paseo Aniversario 136 con un ‘’first class’’ mundial.  La organización, a la altura. Un espectáculo gratuito para el vecino que sirve como puerta de entrada a la saga de Luna Park que protagonizará el hombre de Medellín y su troupe (con entradas de alto valor). La ausencia de alcohol, la clave de la paz.

Camilo junto a Keyla
Camilo junto a Keyla
COMPARTÍ ESTA NOTA

Medellín era a finales de los ochenta y principios de los noventa la ciudad más peligrosa del mundo. Reinaba el Cartel de Pablo Emilio Escobar Gaviria, en una guerra abierta que puso de rodillas al Estado colombiano. A los ricos los secuestraba y les ponía bombas, a los pobres…también. Había muertos todos los días, a toda hora, en cualquier esquina. Dos millones de habitantes vivían en libertad condicional. La basura se apilaba sobre los cadáveres que nadie, se preocupaba por levantar.

Allí se crió Camilo Echeverry Correa, en una casa donde no se veía televisión, y se escuchaba mucho The Beatles y Charly García. Un niño de tintes bohemios, superdotado, de oído musical casi absoluto y una capacidad para alternar instrumentos pocas veces vista en la historia de Colombia. Toca de todo, pero además, lo toca muy bien. Es capaz de llenar cualquier escenario latinoamericano, de pago; la diferencia es que en Gallegos fue abierto a la concurrencia. Se arrancó con un verdadero número uno, cálido, capaz de interactuar con una niña. Todo el temor a un enfriamiento lo fue sepultando bajo capas de frazadas y la obsesión por cuidar sus cuerdas vocales se notó; lo que viene es maratónico, el desafío del viento y frío (y la posible lluvia) estaba latente, pero no se achicó.

A Medellín le decían ‘’Metrayo’’, por las ráfagas del sicariato narco. Hoy, es la ciudad más pujante, sustentable y ecológica de la región. Es un pequeño milagro en sí mismo, con una refundación cultural desde las cenizas. En su alegría, sencillez, espontaneidad y picaresca, Camilo es un ‘’paisa’’ auténtico, un hombre hecho a sí mismo, perfeccionado por la escudería Montaner, muy enamorado de EvaLuna y con un futuro que invariablemente, va a ir virando hacia el rock (al estilo juanes) melódico (al estilo maná) sin dejar su coto de caza preferido: la balada romántica, de letra amigable, de no humillación a la mujer, de formato familiar, que tantas alegrías le dio.

El tipo, definitivamente, la ve. Quién te dice Río Gallegos, nunca tuvimos la ola de violencia de Colombia, pero nos hemos desgastado malqueriendo nuestro lugar y vandalizando el espacio público hasta pozos escandalosos. Quién te dice, si motivado por una inmensa ola de autoestima, nos permitimos la posibilidad de imaginar una ciudad abierta, para todos, sin un rosario en la mano rezando que no destrocen las fuentes, decks, paseos, glorietas. Que no se pisen los rosales. Va a parecer un exceso del cronista, pero cada vez que se pisotea un rosal, llora el alma de una ciudad.

No hay destino en una urbe que no respeta sus valores, símbolos, espacios compartidos. Que de la alegría que trae este maravilloso, complejo, cansador, agotador, ciclotímico, movilizador paseo, podamos sacar ese mensaje. Valemos algo, en lo individual, pero valemos mucho más, en lo colectivo.

Desde no sembrar de millones de colillas el espacio urbano (cada una contamina 50.000 litros de agua dulce) hasta levantar las heces de los canes que debemos sacar a pasear con correa. Poder se puede, SIN ALCOHOL, el Festival transcurre en familia y en paz.  Y eso, es una señal.

Anoche, bailaron y cantaron niños que estuvieron encerrados sin fecha de vencimiento a la vista hasta que apareció la vacunación masiva. Abuelos que perdieron hijos, nietos que perdieron abuelos, por la Pandemia. Vecinos que se quedaron sin ahorros, que cerraron un emprendimiento, que la están peleando. Pensar en una fiesta popular en lo curdo del invierno 2020, era poco menos que delirar. Gallegos estaba triste; hoy se puso de pie. Y lo vimos propios, y visitantes.

Poco, definitivamente no es.

COMENTÁ