La historia de Andy: un final feliz
Cuando Andy recién había llegado a este mundo, su familia recibió un desgarrador diagnóstico: su pequeño bebé, quien recién había nacido, padecía atresia biliar. Tras una lucha incansable por vivir, Andy logró superar todos los obstáculos y, tras tres años de lucha, ahora se encuentra de vuelta en Río Gallegos.
Andy aún no tenía dos meses de nacido cuando el doctor logró observar que algo no andaba bien: su piel tenía un color muy particular, lo que no era para nada normal en un bebé recién nacido. Al hacerle los estudios pertinentes, descubrieron que Andy tenía atresia biliar, una enfermedad que provoca que las vías biliares sean anormalmente estrechas, estén bloqueadas o directamente no estén, lo que generaba que su hígado no funcione correctamente.
En diálogo con TiempoSur su papá, Ismael Calderón, contó cómo fue atravesar este duro momento tras una larga lucha por la vida de Andy: “Andy nació el 14 de febrero del año 2019. Al nacer, se veía un nene sano, normal. El tema es que, antes de sus dos meses, (los doctores) descubrieron que su hígado no funcionaba. La patología que le descubren es atresia en las vías biliares. Él tuvo que ser derivado a Buenos Aires y la primera cirugía donde le salvaron la vida fue antes de sus dos meses y fue operado de su hígado. La mayoría de los nenes que eran operados de eso su tiempo de vida oscilaba entre las dos semanas, tres semanas como mucho porque se morían. Este nene aguantó dos meses, imagínate, milagroso. Quedó con su hígado muy dañado ya que hizo colangitis muy seguido. En el mes de octubre del mismo año él, a nivel nacional, queda primero en la lista de espera del INCUCAI. El 28 de enero fue trasplantado con un órgano cadavérico, que era de un nenito de seis años que había fallecido”, contó Ismael.
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Un porvenir desolador
Según cuenta Ismael, el papá de Andy, los momentos luego del desolador diagnóstico de su pequeño fueron muy duros: “Mira… es como que me preparé a que se muera. Tuve la suerte de estar en un hospital donde te preparan. Obvio que es difícil porque, imagínate que entraba a cualquier cirugía y siempre te decían los médicos “bueno, dale un beso y despedite”, y era como que la despedida era como que no iba a salir, o en una de esas se quedaba en el camino y era despedirlo, darle el último beso… es feo la lista de espera, es feo el proceso del trasplante, es feo la incertidumbre porque vos, al no tener experiencia y al pasar por esto realmente no pretendés que alguien se muera para salvar a tu hijo… es muy duro, muy fuerte”, rememoró Ismael.
“El amor de esta familia, ante el dolor, pudo darle vida a mi hijo. Aprendí que cuando hay amor hay todo. Me cambió la vida”, añadió el papá de Andy.
Una nueva tormenta
Ismael rememora que, tras quedarse solo con su pequeño durante un duro momento, recordaba el haber dejado todo por estar ahí junto a su bebé, cosa de la cual no se arrepiente: “Yo lo amo mucho, yo dejé muchas cosas estos tres años por Andy. Dejé mi trabajo, dejé mi vida. Y me di cuenta que las madres solteras lo pueden hacer, porque por lo general lo hacen las madres a esto, y si lo hace la mujer el hombre también tiene que hacerlo. Y no es obligación, es de amor que lo tenés que hacer, porque lo que yo hice es de padre, no es de héroe. Es lo que nos corresponde, cuidar a nuestros hijos, eso es lo que me correspondía. Andy me enseñó que se podía salir. Cuando pasas por momentos delicados de la salud de un hijo lo que importa es sacarlo adelante, y es lo que me importaba, antes que mi vida, antes que mis sentimientos, antes que cualquier cosa”, remarcó.
Luego de que pasaran los momentos más difíciles, Andy se recuperaba de su hígado, pero otra tormenta azotaba su vida y la de su familia: tras una neumonía, a Andy se le despertó un cáncer: “Te juro que pensé que se moría. Andy, en realidad, cuando fui a un control el 20 de noviembre de 2020 pensé que tenía un resfrío. Pero no tenía un resfrío, tenía una neumonía. Esa neumonía le había complicado el pulmón derecho re feo. Era como que le tenían que sacar el pulmón. Lamentablemente, después de la neumonía, él se contagia con el virus de Epstein-Barr (mononucleosis). En nosotros, las personas normales no trasplantadas es un virus que te da un poquito de fiebre, se te inflaman un poco los ganglios, pero en Andy fue tres meses de fiebre y este virus le termina despertando un cáncer linfoproliferativo. ¿Trasplantado, neumonía, virus y cáncer? Los médicos me dijeron “hasta acá llegó, no va a salir”. Fue difícil, fue duro. Andy cuando empezó con la quimio obvio que me dijeron que iba a quedar con las defensas bajas, entonces se le infectó el hígado y le salvaron la vida poniéndole un catéter en el hígado. Ese catéter le ayudo mucho y le mejoró la calidad de vida. Andy lo hizo parte de su cuerpo y no se lo quería sacar”, recordó.
El sol tras la tormenta
Tras tantos puntapiés y obstáculos, las ganas de vivir de Andy fueron más fuertes que todo y finalmente consiguió que le den el alta: “Yo empecé a disfrutar de la salud de Andy desde el momento en el que le sacaron el catéter. Disfrutarlo en una plaza fue enseñarle a él que era mejor que el hospital. El último día que estuve con la doctora, quien lo atendió por tres años, me dice “pensar que cuantas veces te dije que no salía, que estaba complicado y hoy le estoy dando el alta”, es emocionante, es grandioso y milagroso”, agregó Ismael.
“Me siento comprometido con la vida, porque imagínate que, ante el dolor, ellos nos dieron amor. Y el hígado que tiene Andy es de ese nene que hoy lo cuida, que hoy vive en Andy. Yo digo que cuido dos nenes, no uno. Me siento muy comprometido con eso. Si vos me decís, ¿por qué hacés tanto? Es porque me dieron más que plata, más que cualquier cosa. Me dieron la posibilidad de que mi hijo esté con vida. Cómo no voy a valorar, cómo no voy a pelear, cómo me va a importar si alguien me quiere a mi o no me quiere. La verdad que muchos me dicen que he perdido muchas cosas y yo me río porque yo no perdí nada, al contrario. Las penas, las tristezas, todo lo que pasó hoy vale la pena haberlo pasado. Hoy puedo disfrutar de mi hijo en la calle, en una plaza. No tiene precio lo que hoy estoy viviendo”, concluyó Ismael.