Especial 2017

Deep Web: El lado oscuro de internet

Internet es una extensa red de computadoras interconectadas entre sí por medio de líneas troncales (grandes autopistas de datos), que llegan a los usuarios a través de una conexión conocida como “bucle de abonado”.

  • 01/01/2018 • 07:00
Hay que tomar recaudos para no caer en manos de un depredador
Hay que tomar recaudos para no caer en manos de un depredador

A esta estructura se le suman los contenidos que existen y circulan por dicha red. La vinculación entre estos contenidos y los usuarios está dada por un “protocolo de comunicaciones”, mediando entre ellos una aplicación llamada navegador (por ejemplo: Google Chrome, Mozilla Firefox, Internet Explorer, entre otros). Así, amigo lector, Ud. puede tener su casilla de correo electrónico, leer el diario, consultar un mapa, recorrer en forma virtual un museo, entretenerse con su juego favorito, todo ello gracias a la existencia de esta vinculación entre usted y los contenidos disponibles en internet. 

De esta forma, al usar un navegador, aunque uno no lo sepa, lo hace cumpliendo ciertas reglas. Esas reglas siguen un protocolo de comunicación, que permite establecer una vinculación. En internet, el protocolo utilizado se denomina TCP/IP (Terminal Control Protocol/Internet Protocol). Normalmente se alude a él como un protocolo, aunque en realidad es una familia de protocolos que “resuelven” para un usuario, los inconvenientes que pueden surgir al acceder a internet. Una de estas normas es que, al ingresar, cada usuario se identifica mediante su dirección IP (que Ud. puede verificar en ente momento colocando en su navegador la dirección http://www.see-my-ip.com/). Esta identificación hace prácticamente imposible ingresar a internet y navegar por alguno de los sitios en forma anónima. Así, cuando un usuario ingresa a internet, su computadora se comunica con un router, el cual se conecta con los servidores de la empresa que brindan el servicio de internet, y de allí a la página web que se vaya a visitar. Esto conforma una ruta preestablecida y directa.

Por otro lado, se encuentran los contenidos que están en los servidores. Los usuarios acceden a los  datos través de portales o páginas web, utilizando los navegadores. En estos últimos, se pueden ejecutar aplicaciones de búsqueda como Google, Yahoo, Buscopio, entre otros. La información es encontrada porque los sitios donde se alojan los contenidos están indexados, es decir, clasificados en listas por categorías. Así, cuando colocamos una palabra clave en un buscador, este identifica entre los contenidos indexados y nos da los resultados. De allí, nosotros seleccionamos los que nos parecen interesantes y analizamos cuál de esos resultados posee la información que estábamos buscando.

Ahora bien, no todos los servidores que están conectados a internet tienen sus contenidos  indexados. De hecho, se estima que entre el 85 y 95% no lo está, por lo que tenemos una enorme cantidad de información que no es accesible utilizando los navegadores tradicionales. Esto conforma un espacio conocido como la Deep Web, que se podría traducir como la red profunda. Para acceder a estos contenidos necesitamos navegadores no tradicionales, como por ejemplo el navegador Tor. Estos, nos permiten acceder a esos contenidos que no están indexados y tienen características particulares. Su rasgo más importante es que nos permiten navegar sin que nos puedan identificar a través de nuestra dirección IP, ya que esta permanece oculta. Por ello, si sabemos cómo utilizar este navegador, nos podemos mover por la Deep Web de manera anónima. Al mismo tiempo, en la Deep Web tampoco podemos determinar fehacientemente, dónde están ubicados físicamente los servidores que alojan los contenidos a los que estamos accediendo. De esta manera, tenemos una estructura donde no sabemos quién nos está dando la información, de donde proviene y los sitios son accedidos por usuarios que no son identificables.

Como podrá imaginar, todo esto habilita un sinnúmero de posibilidades. Por ejemplo, esto le permite a usuarios chinos acceder a sitios que el gobierno chino censura, intercambiar información entre usuarios sin que entes como la NSA  (National Security Agency, agencia de seguridad nacional de EEUU) pueda verificar sus identidades; o permitir que ciertos ciudadanos venezolanos expresen lo que están viviendo sin que las autoridades venezolanas los identifiquen. También podemos encontrarnos con venta de armas, drogas, prostitución infantil y ofertas de todas las actividades ilegales posibles, todo ello amparado en el anonimato de quienes ofrecen y quienes consumen el servicio o producto.  

Así, podríamos comparar la internet tradicional con una ciudad. Allí, podemos tomar un transporte seguro a direcciones determinadas, los negocios donde adquirimos servicios o productos son identificables al igual que sus dueños, los sitios web representan a instituciones estatales o privadas reconocidas y, los sitios que realizan alguna actividad ilegal son inmediatamente localizados y colocados en listas negras. Partiendo de esta idea, la Deep Web sería literalmente una “jungla”. Los sitios a los cuales accedemos son imposibles de localizar físicamente y no podremos saber quién está detrás de ellos, tampoco es recomendable descargar archivos ya que es muy posible que posean virus y los estafadores abundan. 
Claramente la jungla no es un lugar para ir de paseo, las personas que allí se internen deben poseer un alto instinto de supervivencia, saber perfectamente qué están haciendo, con quién se están comunicando y tomar una buena cantidad de recaudos para no caer en las fauces de algún depredador.