Fútbol

Joven peritense debutó en Huracán

Juan Gauto estuvo como titular esta tarde en el partido entre Huracán y Tigre.

Gauto en el partido de hoy. (Foto: Huracán)
Gauto en el partido de hoy. (Foto: Huracán)
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El futbolista peritense Juan Gauto, de tan solo 17 años, debutó como titular en Huracán en la jornada 10 de la copa de la Liga Profesional de Futbol en el partido en que enfrentó a Tigre. Su camiseta es la número 33.

 

Nacido en Corrientes, el joven vivió gran parte de su infancia en Perito Moreno y asegura sentir que esta localidad es su lugar y es donde paso la cuarentena durante 2020, donde no dejó de entrenar ni por un momento.

La historia de Globita, la perra que rescataron los juveniles de la pensión de Huracán

(Fuente: TyC Sports)

Juan Gauto, una de las promesas del semillero quemero, se encontró con una perra abandonada cerca de la sede del club y pidió que viva con ellos en el estadio. “Ahora es la reina acá y cuando estás mal, se te acerca”, le reconocen los chicos.

Gauto Globita

En su rol netamente deportivo, los clubes de fútbol pueden ser una fábrica de talentos. Pero también son generadores de sueños e ilusiones, a tal punto que chicos que recién entran a la preadolescencia pueden pasar a la adultez prácticamente en un instante. Abandonan su familia, su hogar, el colegio y sus compañeros, los amigos del barrio y tantas otras cosas y se trasladan cientos de kilómetros sin más que un bolso en el que llevan algo de ropa, a veces sin siquiera botines. Así empiezan a vivir como futbolistas profesionales, pero con la inocencia del niño aventurero. En la pensión de Huracán, en su estadio, viven 30 chicos. “En el club, desde que llegué, me dan mucho cariño, no hay nada más lindo que jugar en Huracán y vivir acá, es un sueño y no querría irme nunca”, asegura Juan Gauto, de 17 años y que llegó hace seis desde Perito Moreno.

Vivir en la pensión es un privilegio. Con cupos limitados, se asignan camas y tutorías, con los correspondientes acompañamientos profesionales según los presupuestos de cada club, en función de la proyección de cada juvenil. Alguna vez contó Sergio Agüero que no jugó en River porque no lo tomaban con pensión y su familia no podía acompañarlo todos los días a entrenar. Pero esta inversión por parte de las instituciones implica una mayor exigencia para poder conservar el lugar. Y en medio del desarraigo, no es sencillo. En Huracán surgió por parte de los propios pibes una herramienta más de contención: Globita. “La encontramos un día que fuimos a comer a la sede y pregunté, seguro de que me iban a decir que no, si podíamos traerla. Por suerte aceptaron y nos ayuda mucho, es muy compañera y duerme conmigo. Me hice cargo de ella y donde vaya va a ir conmigo”, cuenta Gauto, que ya fue cuatro veces al banco de suplentes con Primera, la última en el clásico ante San Lorenzo, y el viernes le hizo un gol a River en el Monumental en el amistoso del equipo comandado por Frank Darío Kudelka.

Globita se pasea por los pasillos de la platea Masantonio (ex Alcorta) con total autonomía. Sube las escaleras internas y, si la puerta está cerrada, con un par de ladridos cualquiera de los chicos o quienes los asisten van a recibirla. En algún momento, cuentan entre chistes, hubo que ajustar el cuidado sobre la limpieza luego de que la perra hiciera sus necesidades por los inagotables rincones del Palacio. Pero ya es habitual verla paseando y jugando con alguno de los chicos en la plaza de Luna y Los Patos. “Cuando estás mal, se te acerca. Es la reina acá, ja”, la define Jesús Gómez, jugador de la Sexta División que este verano se la llevó a Mar del Plata con su familia cuando cada chico regresaba a su ciudad de origen y en un paseo la perdió de vista por una hora y entre risas reconoce ahora que no pensaba contarle a nadie hasta encontrarla.

Los pibes mencionan con saludable naturalidad que a veces sufren bajones anímicos en este duro camino que transitan con un claro objetivo. Forman parte de la vida misma, lógicamente, y lo asimilan con mucho temple. La distancia es dura por la lejanía de los afectos y la ausencia en cumpleaños, nacimientos de hermanos y todo tipo de eventos únicos. “Se me complicó las primeras semanas, fue lo más difícil adaptarme, pero me ayudó que mi mamá me suelte para no extrañar tanto. Dejamos nuestras familias para algo, por un sueño que tenemos desde chiquitos”, explica Gauto con la serenidad propia de quien ya se asume como referente por ser uno de los más grandes del grupo que vive en el Ducó. “Con el paso de los años me fui acostumbrando, hice amigos que son casi hermanos. Traté de disfrutar siempre y cuando estuve mal, ellos estuvieron conmigo”, coincide Alexis Dulón, delantero de la Reserva, que llegó desde Salta. La sensación que transmiten es justamente esa, la de una familia ensamblada que se acompaña tanto en los buenos como en los malos momentos, celebra los logros ajenos y banca en conjunto ante las adversidades. Un hogar que tiene su mascota, claro, y en el que un sueño común ronda por los aires, el de algún día estrenarse en la gran cancha que tiene el que hoy en día es su casa.

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