Efemérides

Día de los Fieles Difuntos

El Día de los muertos o de los Fieles Difuntos es una tradicional celebración hispanoamericana dedicada a honrar a los ancestros difuntos. Se trata de una fecha relevante en el calendario eclesiástico que se dedica a rememorar a los seres queridos, al igual que sucede el Día de Todos los Santos.

  • 02/11/2021 • 00:24
Día de los Fieles Difuntos
Día de los Fieles Difuntos

Después de la festividad del 1° de noviembre, fecha en la que se celebra el Día de Todos los Santos, se conmemora otra fecha relevante en el calendario eclesiástico, el Día de los Fieles Difuntos. Se trata de dos acontecimientos que en ocasiones pueden llegar a confundirse, pero que presentan diferencias, a pesar de que en ambas se rememora a los seres queridos.

Mientras en el primer caso se honra a tanto a los santos conocidos como a los desconocidos, es decir, a las personas no canonizadas pero que ya viven en presencia de Dios, el Día de los Difuntos recuerda a los cristianos bautizados. En concreto, la Iglesia cree que este grupo de fallecidos se encuentra en el Purgatorio, al morir con culpa de pecados menores en sus almas.

Por ello, la finalidad de esta fecha es la dedicación a la oración por parte de los fieles por todas las almas que han acabado su vida terrenal y aún permanecen en estado de purificación. De esta manera, la jornada del 2 de noviembre se dedica a la oración para que los fieles difuntos de la Iglesia purgante acaben esta etapa y alcancen la presencia de Dios.

 

El origen de la celebración

El origen del Día de los Difuntos se encuentra en el año 998, cuando fue instituido por el monje benedictino San Odilón de Francia. Esta celebración que tiene lugar el 2 de noviembre fue adoptada por Roma en el siglo XVI y a partir de entonces comenzó a rememorarse entre los católicos de todo el mundo.

La celebración concretamente se basa en la doctrina de que las almas de los fieles que al tiempo de morir no han sido limpiadas de pecados veniales, o que no han hecho expiación por transgresiones del pasado, no pueden alcanzar la Visión Beatífica, y que se les puede ayudar a alcanzarla por rezos y por el sacrificio de la misa.

Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad

En el caso de la celebración indígena, por lo general, se lleva a cabo a finales de octubre, del 25 al 30 y principios de noviembre del 1° al 3. La fecha de inicio de estas celebraciones varía según las tradiciones de cada región. Esta celebración es considerada por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

En este Día se celebra el regreso temporal de los seres queridos difuntos con distintas expresiones populares diversas, muchas veces transmitidas de generación en generación, un día en el que se celebra la memoria, el recuerdo sobre el olvido.

Desde hace ya varios años Argentina adoptó este día y cada 2 de noviembre se realizan distintas celebraciones en todo el país, incluso por los organismos oficiales.

Sin embargo, este día no es considerado no laborable y mucho menos feriado.

México

Es una costumbre mexicana relacionada con el ciclo agrícola tradicional. Los indígenas hacían una gran fiesta en la primera luna llena del mes de noviembre, para celebrar la terminación de la cosecha del maíz. Ellos creían que ese día los difuntos tenían autorización para regresar a la tierra, a celebrar y compartir con sus parientes vivos, los frutos de la madre tierra.

Para los aztecas la muerte no era el final de la vida, sino simplemente una transformación. Creían que las personas muertas se convertirían en colibríes, para volar acompañando al Sol, cuando los dioses decidieran que habían alcanzado cierto grado de perfección.

Mientras esto sucedía, los dioses se llevaban a los muertos a un lugar al que llamaban Mictlán, que significa “lugar de la muerte” o “residencia de los muertos” para purificarse y seguir su camino.

Los aztecas no enterraban a los muertos sino que los incineraban.

La viuda, la hermana o la madre, preparaba tortillas, frijoles y bebidas. Un sacerdote debía comprobar que no faltara nada y al fin prendían fuego y mientras las llamas ardían, los familiares sentados aguardaban el fin, llorando y entonando tristes canciones. Las cenizas eran puestas en una urna junto con un jade que simbolizaba su corazón.

Cada año, en la primera noche de luna llena en noviembre, los familiares visitaban la urna donde estaban las cenizas del difunto y ponían alrededor el tipo de comida que le gustaba en vida para atraerlo, pues ese día tenían permiso los difuntos para visitar a sus parientes que habían quedado en la tierra.

El difunto ese día se convertía en el "huésped ilustre" a quien había de festejarse y agasajarse de la forma más atenta. Ponían también flores de Cempazúchitl, que son de color anaranjado brillante, y las deshojaban formando con los pétalos un camino hasta el templo para guiar al difunto en su camino de regreso a Mictlán.

Los misioneros españoles al llegar a México aprovecharon esta costumbre, para comenzar la tarea de la evangelización a través de la oración por los difuntos.

La costumbre azteca la dejaron prácticamente intacta, pero le dieron un sentido cristiano: El día 2 de noviembre, se dedica a la oración por las almas de los difuntos. Se visita el cementerio y junto a la tumba se pone un altar en memoria del difunto, sobre el cual se ponen objetos que le pertenecían, con el objetivo de recordar al difunto con todas sus virtudes y defectos y hacer mejor la oración.

El altar se adorna con papel de colores picado con motivos alusivos a la muerte, con el sentido religioso de ver la muerte sin tristeza, pues es sólo el paso a una nueva vida.

Cada uno de los familiares lleva una ofrenda al difunto que se pone también sobre el altar. Estas ofrendas consisten en alimentos o cosas que le gustaban al difunto: dulce de calabaza, dulces de leche, pan, flores. Estas ofrendas simbolizan las oraciones y sacrificios que los parientes ofrecerán por la salvación del difunto.

Los aztecas fabricaban calaveras de barro o piedra y las ponían cerca del altar de muertos para tranquilizar al dios de la muerte. Los misioneros, en vez de prohibirles esta costumbre pagana, les enseñaron a fabricar calaveras de azúcar como símbolo de la dulzura de la muerte para el que ha sido fiel a Dios.

El camino de flores de cempazúchitl, ahora se dirige hacia una imágen de la Virgen María o de Jesucristo, con la finalidad de señalar al difunto el único camino para llegar al cielo.

 

El agua que se pone sobre el altar simboliza las oraciones que pueden calmar la sed de las ánimas del purgatorio y representa la fuente de la vida; la sal simboliza la resurrección de los cuerpos por ser un elemento que se utiliza para la conservación; el incienso tiene la función de alejar al demonio; las veladoras representan la fe, la esperanza y el amor eterno; el fuego simboliza la purificación.

Los primeros misioneros pedían a los indígenas que escribieran oraciones por los muertos en los que señalaran con claridad el tipo de gracias que ellos pedían para el muerto de acuerdo a los defectos o virtudes que hubiera demostrado a lo largo de su vida.

Estas oraciones se recitaban frente al altar y después se ponían encima de él. Con el tiempo esta costumbre fue cambiando y ahora se escriben versos llamados “calaveras” en los que, con ironía, picardía y gracia, hablan de la muerte.

 

 

Horarios en el Cementerio de Río Gallegos

El cementerio de esta capital, hoy permanecerá abierto desde las 9:00 AM hasta las 18:00 PM.