Deporte

Lo vacunó otra vez

El albiverde volvió a malograr al celeste, venciéndolo como local 3 a 1, y  quedó un solo punto del Boca puntero, que goleó 4 a 1 a Ferro en su cancha. Emmanuel Echávez, Mariano Matus y Maximiliano Díaz fueron los nombres y apellidos en la tarde-noche triunfal de clásico. Como referencia estadística, en el encuentro  de ida, Boxing -sobre el final-   le robó dos puntos al equipo de Olguín Gerson. Ayer, fue profeta en su tierra y se apropió de los tres.

  • 03/06/2013 • 00:00

Tres jeringas, que bajo celosa y cuidadosa supervisión se encontraban debidamente esterilizadas, para su letal aplicación.
A cargo de tres enfermeros de turno, y en orden. Que cumpliendo estrictamente  instrucciones de rigor, se encargaron de herir de muerte, al menos en lo que al clásico compete, a su adversario de toda la vida.
Identificados, como  Emmanuel Echávez, quien presentó su credencial de verdugo en el cotejo anterior (había sellado el dos a dos final). En grado de reincidente, convirtió un gol de  gran factura, allanando el camino hacia  la victoria final. Esa que se encargaron de recorrer, el implacable Mariano Matus, y Maximiliano Díaz.
El celeste, transitoriamente, a través de una monada de Eduardo Lastra, en el la cancha de arriba, perfecto cabezazo mediante, colocó la chapa del partido igualado en uno.

Vayamos por parte. En sendos diagnósticos que se contraponen por la actualidad antagónica  entre los clásicos adversarios. La salud futbolística y posicional de Hispano, en función de la adversidad corrida en las dos últimas presentaciones -incluida la de ayer— lejos de mejorar, empeora a pasos agigantados.
El último jueves de local, completando la fecha anterior, cayó de local uno-dos, ante Petrolero, a minutos del final, con gol de contra de Paquito Sandoval.
Por el mismo marcador, el equipo de Carlos Padín ofició de verdugo de turno, dándole un empujoncito más, a su afligente situación, que lo ubica penúltimo con cuatro unidades. Solo está arriba de Ferro, colista del  certamen, que al  igual que el celeste, volvió a perder  como local, y por abultado cero-cuatro.  El puntero del campeonato es Boca, que ahora totaliza 20, contra 19 de Boxing, producto de los tres que sumó ayer en Rivadavia y Provincias Unidas, ante su clásico rival.

Boxing en las antípodas. Sumó en las dos última presentaciones. Dos a  uno de visitante ante Ferro. Y tres a uno de local ante hispano.
Con un planteo por demás audaz, ofensivo pergeñado por el verborragico Carlos Padín, que volvió a desgañitar su garganta impartiendo indicaciones constantemente.
Fue así en todo momento. Cuando no se había movido el marcador ni para un lado, ni para el otro. Cuando  se adelantaron en el mismo, con el gol de Emmanuel Echávez. Cuando se lo empató el mono Lastra. Y también, cuando tomaron la distancia definitiva de tres a uno.

Tres-cuatro tres- No se confunda amigo lector, que no es una dato cabulero, para  los sorteos de quiniela de hoy, en los  3 turnos,  a los que nos tiene acostumbrados la lotería nacional y la de provincia de Buenos Aires.
La estabilidad  alcanzada en la alineación titular. Con la consolidación de la pareja central  en la última línea, a través de Franco Negri y el gallego Casal, le ha concedido esa   dosis de confiabilidad demostrada, cuando por ese sector se lo atacó al equipo.
Más el otro integrante  que completa esa arriesgada zaga de tres, Martín Muñoz.
Salida rápida y circulación por ambas bandas de la mitad de la cancha. Ida y vuelta de Matías Aguilar. Proyección y participación en ataque, de Juan Caamaño- Y arriba, los tres mosqueteros.  
Aunque se distorsiona lo de Emmanuel Echávez.  De a ratos es media punta, limpiando el camino  a pura gambeta y pegada de media distancia, como  llave para abrir cerradas defensas.
Miguel Montes de Oca, por afuera. Y  el inefable Mariano Matus que siempre, tarde o temprano, infla redes ajenas.

Del otro lado cuatro-cuatro-dos: claro está nos referimos al el elenco de Olguín Gerson que, al igual que el partido anterior, reincidió en aquello de pecado de juventud defensiva. Nunca lograron, a pesar del despliegue del experimentado Caros Maciel, cubrir las espaldas que dejaban la excursiones ofensivas del autor del único tanto de la visita. Nos referimos al mono Lastra.
Fretes y Págola, completaron la  convencional línea de cuatro.
Apostó su entrenador a tres  volantes en el medio, muy abiertos. Con Fretes y Facundo Carrizo, por los andariveles. Recargando la labor de recuperación en el abnegado Gabriel Robledo, el sólo no podía.
El otro Págola, Leandro, nunca definió su posición, no se sabía si era enlace o punta, y se lo terminaron  de comer crudo sus pares alviberdes.
La movilidad de Carlos Arévalo, que las pidió todas y que encabezó en más de una ocasión, especialmente cuando estaban uno-dos en el tanteador, dispuso de 2 jugadas claras para convertir. Un remate cruzado, que cuando se colaba en el arco, sobre la línea una pierna salvadora ahogó el grito de empate.
Otra, por arriba. Y un desborde que el número nueve visitante, llegó tarde para empujarla.

Claves de la victoria- La mejor, rápida y efectiva circulación de la pelota, originada desde el fondo y con inevitable continuidad en la mitad de la cancha. Llegando por las puntas. Desbordes de Miguel Montes de Oca o de Emmanuel Echávez, según el flanco, por donde se urdía la jugada.
Y que tiene su fiel, y hasta fina,  interpretación en el magnifica definición de Mariano, luego de capitalizar un centro al corazón del área para definir.
La virtud que le cupo al ganador del clásico es que ganó sin ser dominador ostensible del trámite.
Cuando ejerció  tenencia  de pelota y terreno, resultó más hiriente y productivo que su adversario.
Precisamente, en una profunda contra, el albiverde movió  con rapidez la bola de izquierda a derecha, encontrando la  definición de uno de los dos volantes centrales, Maximiliano Díaz, que estampaba el tres a uno, rotundo  e ilevantable.
Tal vez, algo exagerado, en virtud que al margen de que el equipo de Olguín Gerson, se viera superado en la actividad ofensiva. En ese sentido, generó algunas situaciones, pero  sus ejecutantes fallaron en el disparo final.
Bajo un cielo oscuro y cerrado, como testigos de lo ocurrido en Rivadavia Y Provincias Unidas, el clásico fue conforme al último enfrentamiento entre ambos.
Con hegemonía boxinguista mediante, volvió a teñirse  de verde y  blanco, con efervescencia de festejo incluido.
Empero, al combo integrado por cuerpo técnico, jugadores e hinchada, poco y nada le interesa, el análisis final del juego, evaluador implacable, de quien acertó mas y erró menos.
Porque al fin y al cabo, como reza un viejo adagio en este sentido, los clásicos no se merecen, se ganan.