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En medio de un barrio en desarrollo, crece el deterioro del Correo

La década del ´80 vio emerger un incremento poblacional del barrio APAP y provincial, al tiempo que se levantaron los cimientos de la sucursal Nº 1 del Correo Argentino para hacerle frente a la gran demanda. Hoy, es un espacio casi fantasma en el cual se proyecta su refacción, pero no llegan los recursos económicos para su concreción.

  • 07/09/2010 • 00:00
Edificado sobre aquella esquina del APAP, aguarda atender en soledad. (H. Córdoba)
Edificado sobre aquella esquina del APAP, aguarda atender en soledad. (H. Córdoba)

Emplazado sobre calle México 1501 en pleno corazón del barrio APAP y a pocos metros de la Av. Juan Domingo Perón de la localidad, está asentada la sucursal Nº 1 del Correo Argentino, aquel amplio edificio que se fundó con el propósito de prestar el servicio postal a aquel barrio que estaba en pleno apogeo poblacional, pero que para aquella época de 1986 aún era un sector que se encontraba alejado de la casa central riogalleguense.
En la actualidad, veinticuatro años después de su fundación, es una sucursal manual que no tiene la ventaja que ser como la del centro, automatizada, pero que reúne casi los mismos horarios y servicios. No obstante, el que recorre las arterias de la zona, se topa con la triste realidad que la sucursal Nº 1 del Correo Argentino pareciera ser un local abandonado, casi fantasma. Graffitis, carteles, afiches y vidrios rotos son el signo de un edificio público en total deterioro.
Con su acceso principal que roza con la esquina de la calle Tierra del Fuego, la extensión postal diariamente pretende cubrir la demanda de un intenso movimiento del subcentro de la ciudad, generado principalmente por el flujo vehicular de la Av. Perón. Pero la triste realidad es que este sitio está prácticamente vacío, sumido en el abandono y con serias falencias edilicias: humedad, grietas, rotura de cristales y la marca del paso del tiempo son los principales problemas de un edificio público de valor patrimonial.

Escenario de la vida diaria
Si bien son reiteradas las quejas de los vecinos por la falta de inversión en la fachada, los reclamos pasan desapercibidos, en primer lugar, porque quien debe enviar el dinero para inversiones llámese pintura o cambiar un cristal debe ser la Central de Buenos Aires.
Por decantación y a simple vista, se observa el deterioro de la fachada. Lo primero que llama la atención es la oxidación de sus aberturas y placas de revestimiento que tiñen el frente de un deslucido amarronado. Sus persianas de maderas entreabiertas, dan lugar a una fila de azulejos inexistentes. Asimismo, las veredas no escapan al estado de deterioro generalizado ya que hay numerosas baldosas sueltas y agrietadas, además de hendiduras y suciedad.
Por otra parte, su interior –relativamente- posee las mismas falencias que en el exterior del edificio. Una situación crítica es generada por la filtración de humedad ya que los días de lluvia ingresa agua, y en varios sectores se ha generado desprendimientos de terminaciones de revoques.
En los últimos tiempos, el concepto de espacio público ha sido objeto de múltiples quejas originadas desde diferentes perspectivas, pero por su sola condición de “estatal” deja mucho que desear. La sucursal Nº 1 del Correo Argentino es todo un problema, principalmente por su condición de prestador de servicio y escenario de la vida diaria. En la sucursal barrial, el flujo de personas que transitan en ella no es imponente ya que por el propio abandono del edificio es un condicionante. Sin embargo, ésta se maneja a través de un call center, y tiene los servicios postales, telegráficos y monetarios. Cabe mencionar que a diferencia de las demás localidades, la entidad postal en la capital santacruceña trabaja de 9:00 a 17:00, una hora más que el resto.
En un momento fue unipersonal contando sólo con un jefe de sucursal, pero por la cantidad de gente que la transita, se agregó un auxiliar. Asimismo, se elevó el pedido de incorporar carteros, pero aún no han tenido una respuesta.