Modificar la naturaleza

Manos mágicas

Natalia Molina y Máximo Funes, o Don Funes, como el mismo se reconoce, son el fiel reflejo del trabajo y los sueños cumplidos. Con una historia más que interesante para contar se abrieron a NOS donde repasaron su trabajo y explicaron como llegaron a convertirse en productores reconocidos por el mundo a raíz de sus innovadores métodos.    

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“La Nati” y “Don Funes” son dos laburantes que decidieron hace 7 años cambiar sus vidas. Dedicados a la educación y la albañilería, respectivamente, hace muchos años han iniciado un camino que los llena de satisfacciones y los ha llevado a objetivos de superación constante. Dedicados actualmente a la producción frutohortícola y la introducción de valor agregado de su propia materia prima, han logrado hacerse reconocidos en el mundo por modificar tierras infértiles convirtiéndolas en un verdadero paraíso. Son los únicos productores artesanales de cebada, tiene su propio lúpulo, también algo fuera de lo común en estas latitudes, elaboran sus propias herramientas entre muchas cosas más que se han animado a contar a NOS

El reciclado era el camino

Por inquietud Natalia compró “un pedazo de tierra” a 800 metros de Gobernador Gregores, “una tierra totalmente infértil porque era greda”, recuerda Don Funes a NOS, a siete años de iniciado el proyecto de la granja. La primera decisión fue comenzar a construir en la nueva propiedad, siempre pensando en que podrían así “trabajar mejor la tierra”, desde ese momento comenzaron a mejorarla hasta convertirse en “los primeros en la zona agrícola de cultivar en greda”, logrando la adaptación de las plantas, cultivo de hoja, tomates, papa. “No crecía nada, fue una lucha constante de mejorar la tierra”.

Durante los primeros años vivieron a 200 metros del basural, de donde se recolectaba todo lo que era madera y parte de poda, lo que se convertía en carbón y se iba incorporando al terreno “generando un pequeño micro organismo”, nos dice Funes. En paralelo, cuenta que se ofrecieron a limpiar la caballeriza de los caballos de carrera “porque la cama de los caballos viene con viruta de pino y eso es acido por su naturaleza al mismo tiempo que la tierra donde vivimos nosotros es muy alcalina, entonces al empezar a mezclar ese abono compensamos el PH y lo llevamos a aun neutro. Ese fue el primer logro que tuvimos”, relata el ahora devenido a productor con relación a como fueron investigando y sumando experiencia, ya que los logros se han ido acrecentando en este tiempo. En los inicios, por 1 metro cuadrado de tierra se colocaban 5 bolsas de abono de equino, “tenemos una tierra de 2.000 metros cuadrados. Imagínese la cantidad de bolsa que movió el Renault 9”, se sorprende y sigue: “Después del tercer año de 5 bolsas bajamos a 3, y ahora no se si estamos más viejo o nos estamos conformando, pero después de 7 años bajamos a 1 bolsa”.

“La casa en un 80 % es de reciclado, incluyendo los muebles, todo del basural.  Ya instalados acá empezamos trabajar la tierra, la primera vez pusimos mil arbolitos en greda, solo 2 quedaron vivos, después pusimos 2500 y así fuimos haciendo la tierra con el abono”.

La idea eran dos gallinas

Natalia y don Funes son parejas hace 22 años y siempre se han complementado. “Ella es muy inteligente y yo muy habilidoso con las manos”, comenta nuestro entrevistado al confesar que “no venimos de padres chacareros, no trabajamos de chacareros, nuestro oficio era la construcción, pero un día mí pareja quería tener dos gallinas, y como yo soy secundante de ella, empecé a apoyar en esto”.

Como muchos productores empezaron con algunos cursos brindados por el INTA, aunque luego se valieron de la investigación propia. Al poco tiempo a las gallinas le sumaron los faisanes y fueron los primeros en tener producción de codornices bajo el paralelo 42.

Volviendo a la tierra y la plantación, Funes se muestra orgulloso  al comentar que “hoy por hoy sacamos todo lo que tiene que ver con hojas, además de tomates papas, zapallitos, ajo, frutales, frutas finas, de todo”, y amplia con detalle: “Tenemos girasoles que adaptamos de Alemania, incluso el lúpulo para nuestra cerveza. Algo que muchos no saben es que  solo en el paralelo 42, pero nosotros lo tenemos acá en la chacra, tenemos 14 plantas en plena producción, esa sigue siendo la satisfacción, no ganamos mucho dinero pero si la satisfacción de decir que lo pudimos lograr”.

“Llámele continuidad, ganas o la simple búsqueda de intentar hacer las cosas lo mejor posible”, remarca.

Cervezas

“Hace un año y medio que nos hemos metido en la cerveza artesanal”, indican los productores. Siempre el objetivo es buscar un ingreso económico para la casa, “se vende un tomate, una lechuga, también podemos vender una cerveza”, explica.

En este sentido, lo que sucedió es que a raíz de sus plantaciones de lúpulo y cebada, se han convertido en los únicos de la Patagonia en cerrar el circuito cervecero artesanal. “Si bien muchos pueden pensar que es algo común la plantación de cebada, vale la pena mencionar que hace 200 años no hay malteros artesanales. Además tenemos el lúpulo que, si bien solo se compra en la cordillera, nosotros lo adaptamos y lo tenemos acá, aprendimos también a reproducir las levaduras, entonces todo el insumo lo fabricamos en la chacra”, subrayó.

“Sin quererlo esto le dio una fama importante a la chacra, pero nuestro fuerte no es la cerveza sino que la suma de todos los componentes que tenemos”.

Las visitas

En la actualidad la chacra recibe, a lo largo del año, a dos clases de turistas o personas, gente que se acerca a investigar  sobre como es el cultivo en greda, “esto es lo primero que llama la atención”, y después también grupos muy relacionados a la “onda verde” o el reciclado. “Nosotros les explicamos que no somos de ese palo, somos pobres, entonces la pobreza nos hace ser inventivos, nos permite esto. Nati es muy inteligente y yo soy habilidoso con las manos, entonces hacemos un buen equipo de trabajo”.

Los visitantes “se llevan ideas, vienen los cerveceros de la provincia, de la región, ha venido el CONICET. El boom de la cerveza llevo a que nos conociesen y aprovechamos de meter el bocadillo de la chacra, que nos parece a nosotros lo más importante”.  

“La idea mía como gitano era vender” confiesa Don Funes, aunque reafirma que “la idea real y que es la que se sostiene es que haciendo autoconsumo nos ahorramos un montón de dinero y con el remanente vamos a la feria o le vendemos a los vecinos y así es como funciona la chacra. Tenemos nuestros dulces artesanales, licores, fruta fina, la cerveza, todo se vende”.

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