El Calafate

Santa Cruz| La Villa (no) Turística

Consecuencias de la cuarentena en una localidad que vive del turismo y que está en el borde del abismo. Un hotelero, que no sabe si le convendrá abrir para llenar “seis habitaciones” cuando haya temporada; una agencia de turismo que cerró oficinas, redujo personal, pero esperará “hasta el final” y una ONG que cada vez asiste a más familias -incluso a trabajadores municipales- con un merendero y bolsones de alimentos. Todos coindicen, en una palabra: Incertidumbre.

Locales cerrados o puestos en alquiler en las calles de El Calafate.
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El Calafate definida como zona de trasmisión comunitaria y con 233 casos activos de COVID-19, de acuerdo al último parte oficial del Ministerio de Salud, debería salir de DISPO y continuar desde el lunes y hasta el 25 de octubre en aislamiento social, preventivo y obligatorio -ASPO-, ya que así los dispuso el nuevo Decreto provincial.  

Pero el intendente, Javier Belloni, en conferencia de prensa brindada el lunes por la noche, recordó que había solicitado al Jefe de Gabinete de la Nación continuar en fase DIPSO, pero también lo pidió a la provincia.

El Jefe Comunal argumentó que hay que “aprender a convivir con el virus”, pero más que nada indicó que la ciudad cuenta con capacidad sanitaria para sobrellevar los casos, que se están amesetando.

Todo se funda en la necesidad de que a la Villa Turística le habiliten los vuelos, el Parque Nacional Los Glaciares, para de a poco, poder comenzar a mover el turismo, fuente principal de divisas.

La ciudad está literalmente “parada” desde marzo y varios sectores coindicen en un planteo: Primero, incertidumbre, y luego falta de un plan que exponga, sea en diciembre, marzo, o incluso más allá en el tiempo, cuándo podrá comenzará el turismo, actividad de la que todo depende. Las consecuencias a ocho meses de la pandemia, no solo son notorias sino que se profundizaron.

Variables

“Las variables que uno sabe que deben estar en juego activas, no lo están, como es la apertura del Parque Nacional Los Glaciares, que es un atractivo, pero si no hay vuelos, ni colectivos, no hay llegada. Si una variable no funciona en el turismo, las demás se caen”, dijo a TiempoSur, Miguel Rodríguez, propietario del conocido hotel “Kapenke”, que estuvo abierto ininterrumpidamente desde hace 40 años.

Rodríguez aclaró que por más que habiliten los vuelos “hoy” la situación no cambiará repentinamente. “Esto no sería posible si mañana hay vuelos, pero lo que no hay es un plan a futuro”, consideró y agregó: “Si nos dicen que no habrá actividad hasta marzo, abril o que nos digan si habrá asistencia o no, uno tomaría ciertos recaudos, porque los sueldos hay que pagarlos, los servicios también y en invierno. Al no haber un plan de salida al turismo nacional, uno no sabe hasta qué punto va a resistir”.

Su caso -resaltó- es menos acuciante porque es dueño de las instalaciones de 50 habitaciones, pero no los hoteles que deben pagar un alquiler.

Por ahora vende al 50% del valor para “promocionar”, sin la necesidad de pagar un adelanto, reprogramación y sin costo de cancelación. “Ni siquiera exigimos pago por adelantado, porque cuando se pueda, veremos”, sostuvo.

Rodríguez aclaró que tampoco es “negocio” abrir –cuando sea que esto suceda- sólo para contar con seis habitaciones ocupadas.

“En Calafate hay turismo nacional e internacional, que es el que tiene llegada de turistas europeos en su mayoría y para esta época ya empezamos a vender, pero sabemos que si para enero y febrero no se vende, el que quiera abrir, si puede reacomodarse, hay que ver en qué condiciones lo hace”, vertió.

Destacó el caso de los restaurantes. “Están abiertos desde mayo y fue más el costo que pagaron al abrir, porque no hay consumo, que les hubiera convenido estar cerrados porque pusieron mucha plata encima”.

Rodríguez recapituló y expuso que “primero debe estar la circulación habilitada dentro del país, segundo la movilidad aérea y terrestre, y una vez que esto esté habilitado ver que cada destino tenga disponibles sus atractivos, pero si esas cosas no se organizan y no hay un plan para acomodarlo, será inviable cualquier cosa en El Calafate”.

Cerrado, por ahora

“Patagonia Dreams” es una agencia de viaje que “aguantó” hasta septiembre, según contó su propietario, Rodrigo Kreser. La empresa no cerró definitivamente, está “a la espera”, pero sí debió cerrar sus dos oficinas en El Calafate, El Chaltén, el aeropuerto y reducir a 9 la planta de personal que era aproximadamente el triple.

Esperamos hasta septiembre, pero una empresa no puede estar más de seis meses sin trabajar”, advirtió.

Ahora se dedica a cuidar “los pocos recursos” con lo que dispone hasta “que todo se active”.

Mientras tanto funcionan en una oficina virtual y estima que deberá vender sus nueve colectivos, a razón de uno por cada mes, para poder subsistir hasta que llegue la tan ansiada vacuna contra el virus, pero que en el medio se deberá lidiar con los posibles rebrotes, tal como sucede actualmente en Europa, de donde provienen los turistas.

Lejos quedó la espera para junio, julio o agosto, meses en los cuales se veían probables para poder comenzar a trabajar.

“Nos negábamos a tener una oficina virtual, pero con la crisis que tenemos, todavía nadie se pone de acuerdo si por lo menos habrá vuelos”, acusó y marcó: “Es muy difícil no saber absolutamente nada. Sólo sabemos que debemos cumplir con nuestras obligaciones y esperar, porque Patagonia Dreams no va a cerrar. Yo voy a esperar hasta el final”.

Solo comida

Calafate Solidario” se creó hace dos años, pero ahora es obvio advertir que su trabajo “más fuerte” fue en la pandemia, que se rige por una regla: El paso del tiempo es directamente proporcional a la cantidad de familias que cada vez más se suman e ingresan al grupo de vulnerabilidad.

Asistimos con mercadería, bolsones de comida y hacemos emprendimientos. Somos vecinos que ayudamos a otros vecinos”, explicó Melisa Ríos a TiempoSur.

En marzo, iniciaron con la asistencia de 100 familias, actualmente lo hacen con 1200 mensualmente gracias a donaciones que reciben de la comunidad y ventas que realizan para solventar la compra de mercaderías.

A veces alcanza para asistir cada 15 días, otras cada 30.

Desde el domingo pasado funciona el merendero “Ricitos de oro” al que acudieron 100 personas.

“Se da leche, facturas, panes y les damos bolsones con alimentos y es gente que se va anotando en una lista, que son las familias más vulnerables”, precisó.

“El Calafate depende netamente del turismo, entonces con la pandemia encontramos gente que trabajaba del turismo y hoy no tienen un peso y necesitan ayuda”, contó.

La asistencia alcanza a “bastantes” trabajadores municipales. “Los trabajadores deben pagar muy alta la cuota de sus casas y ese descuento que se les hace, luego no les alcanza”, indicó.

La ONG funciona en el local de la UCR, único espacio que pudieron obtener.

A pocos meses de fin de año, Ríos calculó que podrían llegar a asistir a más de 2 mil familias para las fiestas. “El Calafate tiene poco más de 5 mil casas, nosotros creemos que serán más de la mitad en esa fecha que necesitarán ayuda”, alertó.

Por completo

El turismo es la única actividad “cerrada por completo”, señaló Pablo Strafaccio, convencional provincial de la UCR. “La pesca funciona, la minería, también, el petróleo, la obra pública, mal o bien pero trabajan, pero el turismo no y es una desesperación porque esto pasa hace ocho meses”, resaltó.

El opositor de El Calafate aclaró que no defiende a Belloni, pero mencionó que no es el Intendente quien tiene la potestad de abrir los vuelos, habilitar el Parque Nacional Los Glaciares y permitir el turismo.

“Nadie sabe cuándo volveremos a trabajar, porque nadie nos dice cuándo”, reclamó. “Hay incertidumbre”, insistió y planteó que El Calafate puede estar con DIPSO o ASPO y Belloni puede “habilitar lo que quiera”, pero “si no hay actividad turística, ¿de qué sirve?”. 

Lo único que para Strafaccio es claro es que El Calafate “está al borde del abismo”.

 


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