Malasia

Salvó a un perro abandonado que llevaba atada una desgarradora nota en su collar

El episodio ocurrió en Ipoh, Malasia. Un joven se encontraba realizando las compras cuando vio al animal asustado en medio de la ruta.

Salvó a un perro abandonado que llevaba atada una desgarradora nota en su collar
COMPARTÍ ESTA NOTA

Un joven se encontraba realizando las compras en un negocio cuando escuchó un ruido ensordecedor de bocinazos que venían de la calle. Allí, Lionel Vytialingam salió a verificar qué era lo que sucedía. En ese momento, vio a un perro aterrorizado que entraba y salía del tráfico, esquivando los autos, como queriendo cruzar la calle, pero sin poder lograrlo.

Rápidamente, el hombre que vive en Ipoh, en la zona septentrional de Malasia, se subió a su auto y fue a perseguir al pobre animal.

Cuando logró alcanzar al perro, Vytialingam encontró una carta atada con una banda de goma en el collar del animal.

El mensaje explicaba que la perra se llamaba Siggy y que su dueño ya no podía cuidarla. Al leer esto, Lionel se puso a llorar mientras leía la nota y decidió llevarse al animal a su casa.

Cómo encontró al perro en la ruta

“Me subí a mi auto, seguí al pequeño un poco y luego me detuve al costado del camino. Gracias a Dios, ella eligió caminar hacia mí, lejos de la mitad del camino”, contó el hombre.

Y añadió: “Tenía una nota doblada y atada alrededor de su cuello. Traté de no moverme para ganarme su confianza.

Qué decía la nota atada al collar

 

“Había esperanza, pensé, habría algún contacto o dirección del dueño. Pero era un tipo diferente de nota. Y rompí a llorar, con una mano firmemente agarrando sus nudos de piel pegajosa. Experimenté todo tipo de emociones, pero muy poca previsión”, aseguró el chico.

“Probablemente no era una buena vista para todos los vehículos que pasaban. Pero dentro de ese momento de vacío mental, decidí. Ella iba a subir a mi auto y salir de la carretera”, agregó.

“Se apartó por unos 10 minutos antes de que finalmente se me acercara por la espalda, olisqueó y luego se dio la vuelta para mirarme. Le pregunté si podía mirar su nota”, relató el joven.

Y siguió: “Ella había hecho el contacto visual más intenso y suplicante conmigo debajo de su franja enmarañada. Desenganché la nota, la abrí y la leí allí agachada al borde del camino”.

Y cerró: “No porque supiera lo que estaba haciendo o adónde ir, sino porque en ese momento supe que no necesitaba tener todas las respuestas antes de dar un paso adelante”.


COMENTARIOS