Río Gallegos

Si no habilitan a gastronómicos algunos reabrirán igual sus locales

Según el secretario General de UTHGRA, Augusto Báez, el plazo otorgado al Gobierno provincial y municipal es hasta el 21 de septiembre. “Todos los días recibo gente y muchos no tienen ni para comer”, advirtió el dirigente. Desde la Asociación aclararon que esperan evitar esta “desobediencia”, pero reclamaron una mesa de trabajo.

Cerca de 250 automóviles marcharon por Río Gallegos. (Foto: Leandro Franco)
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La multitudinaria marcha en automóviles de hoteleros, gastronómicos y trabajadores aunados en UTHGRA realizada ayer por la tarde en Río Gallegos, trajo consigo un ultimátum para el Gobierno provincial y municipal: el plazo del 21 de septiembre para que autoricen la reapertura de los locales, de lo contrario abrirán de hecho los negocios.

“La mano está muy complicada y por eso nos adherimos a la marcha y desde que empezó esta cuarentena tuvimos muchas bajas de trabajadores y si no nos habilitan, habrán más”, advirtió Augusto Báez, secretario General de UTHGRA.

El dirigente explicó que existen “empresarios que no pueden pagar ni el 25% del sueldo, y como no pueden pagarlo, los trabajadores están con expectativas con cobrar el ATP, pero con eso no alcanza”.

 El reclamo del sector se intensificó cuando el Gobierno provincial no incluyó en el decreto que rige hasta el 20 de septiembre, la extensión del delivery hasta las 12 de la noche.

No hubo contagios porque todos establecieron el protocolo que fue aprobado y por eso la idea es que nos escuche el Gobierno porque no sabemos si pasamos este mes porque no escucharon el reclamo formal que presentamos, así que esperamos que por lo menos escuchen esto”, advirtió.

Báez remarcó que acordaron con la Asociación de Hoteleros y Gastronómicos “abrir el 22 de septiembre, si no nos habilitan” ya que “esto no da para más”.

Una reapertura no autorizada provocará clausuras. Para el dirigente “se complicará bastante pero de qué sirve que te clausuren si no tenés como pagar la multa hoy en día”, cuestionó.

El rubro pudo abrir sus puertas durante solo algunas semanas antes del brote, y cuando funcionaron lo hicieron al 50%.

Por lo menos 500 familias dependen de esta actividad, señaló Báez, que volvió a marcar la “necesidad de trabajar”.

“Todos los días recibo gente y me dicen que no dan más, y algunos no tienen ni para comer”, alertó.

A la fecha hubo cerca de 70 despidos. “Son 70 familias y buscamos la manera pero no tuvimos soluciones de nada”, resaltó.

Por ahora la situación más compleja es en Río Gallegos -con brote y disposición ASPO-, ya que en El Calafate, por ejemplo, localidad que vive netamente del turismo y presenta una gran cantidad de locales de este rubro, las mayoría de los gastronómicos “pudieron cobrar el 75-5 del sueldo”, aunque “desde abril que no veían un peso”.

 

Evitarlo

Se estima que cerca de 250 autos formaron parte de la caravana lo que expone un reclamo duro y desesperación de propietarios “que están al borde de la desobediencia”, indicó Paulo Lunzevich, referente del sector.

“Estamos tratando de evitar esa desobediencia porque si allí hay una ruptura, es un camino del cual no hay retorno”, señaló sobre la posibilidad de que algunos gastronómicos reabran sus puertas el 22 de septiembre.

“Es cierto que hay gente del sector que no le importa más nada, porque dicen que si nadie controla en la calle, y ellos lo hacen mientras se funden, entonces prefieren que los vayan a cerrar aunque estamos tratando de no llegar a eso”, aclaró.

El último encuentro que mantuvo Lunzevich con autoridades del Ministerio de la Producción y de Comercio, fue aproximadamente dos semanas atrás cuando el Gobierno lanzó “Santa Cruz Protege”, programa destinado a asistir a los comercios.

 

TS: ¿Qué sucederá si después del 20 de septiembre, en el nuevo decreto, se restringen aun más las medidas?

Dependerá de las circunstancias. Nosotros planteamos y dejamos un camino de transición para poder sobrellevar esto, pero incluso con retroceso, en marzo y abril, cuando hubo mayor restricción, teníamos el delivery hasta las 23:00 y hoy no lo tenemos. Si estiramos el horario de delivery más una mesa de trabajo para ordenar las cosas hacia adelante con consenso y una proyección, sabremos que por lo menos tenemos, por ejemplo, 10 días en los que debamos aguantar, y sabremos que son 10 días. Y si hay que modificar el protocolo, lo hacemos, pero el tema es sentarnos a hablar pero si no hay respuestas y solo hay más restricciones, la gente estará más molesta y uno no puede predecir qué es lo que hará la gente que está desesperada. Uno no exagera porque no sabe qué puede pasar, es impredecible si no hay un esquema de contención adecuada.


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