BASTA DE FEMICIDIOS

Por Úrsula, por todas

El colectivo Ni Una Menos lanzó una convocatoria nacional para exigir justicia por los crímenes contra las mujeres. En lo que va del 2021 ya se cometieron 44 femicidios a lo largo y ancho de la Argentina. En Santa Cruz también se gritará “Vivas nos queremos”. 

La concentración es hoy desde las 11:00 frente al Tribunal de Justicia.
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Con la premisa “BASTA DE JUSTICIA PATRIARCAL” y “BASTA DE REPRESIÓN POLICIAL”, el colectivo Ni Una Menos convocó una marcha nacional para este miércoles. El epicentro tendrá lugar en Tribunales desde las 17:00 y a lo largo del país se replicará la acción.

En Río Gallegos la concentración será desde las 11:00 frente al Tribunal Superior de Justicia de Santa Cruz, medida a la que las localidades del interior santacruceño adherirán.

 

Por qué se movilizan

Desde Ni Una Menos enfatizaron que Úrsula tenía 18 años, estuvo de novia con Matías Martínez, policía bonaerense, con antecedentes. Un violento que la golpeó y la amenazó de muerte. Hasta que la mató. Úrsula y su mamá lo habían denunciado. El agresor estaba con carpeta psiquiátrica por las reiteradas denuncias en su contra por violencia de género. Ante esto rememoran que 1 de cada 5 femicidios en el país son cometidos por miembros de las fuerzas de seguridad. Pero la violencia de género no es motivo suficiente para que lo exoneren: Se cubren, se amparan, afianzan su pacto corporativo.

Úrsula tenía miedo de que la maten y la mataron. Pidió ayuda, hizo denuncias. Sus posteos en las redes sociales y su voz desesperada a las amigas hablan en un lenguaje que es de la calle, de las movilizaciones, de la constatación cotidiana de que la rabia no alcanza, de que es necesario organizarla para cambiarlo todo. Pero todo, de cuajo. Porque su historia no es extraordinaria, es dolorosamente común.

“Si un día no vuelvo, rompan todo”, publicó días antes de ser asesinada. Sus amigas habían recibido sus pedidos de auxilio, estaban ahí para ella, sosteniéndola, viendo en simultáneo cómo el Estado demoraba las medidas de protección y no evaluaba el riesgo en que estaba Úrsula. Cuando se encontró su cuerpo salieron a la calle. ¿Quién puede evitar sentir en el cuerpo propio el zarpazo de dolor y rabia? Esta vez la reacción fue rápida: La bonaerense salió a reprimir, criticaron. Un disparo de bala de goma en la cara de una de las amigas es la respuesta de la Policía al femicidio de Úrsula. El ministro de Seguridad, Sergio Berni, lo justificó diciendo que habían quemado un patrullero, repudiaron desde el Colectivo. La chica herida estaba sola frente a un pelotón, y ante esto lamentaron “protegen sus bienes y no a las víctimas. La policía es responsable. Su responsable político también”.

Ante esto añadieron: “¿Qué pasa cuando una mujer, lesbiana, travesti o trans denuncia violencia de género? Espera horas que la atiendan en la línea 144, y cuando sucede le dicen que vaya a la comisaría a hacer la denuncia o a la Oficina de Violencia Doméstica si está en CABA. Otra vez la espera de horas y la revictimización. Con suerte, consigue que se dicten medidas de protección: Para todas las mismas”.

Botón antipánico -si hay-, restricción de acercamiento para el violento y en muchos casos “restricción recíproca” de acercamiento. La víctima es quien tiene que llevar los oficios a la comisaría para que estén al tanto y comuniquen al agresor. ¿Quién controla que se cumplan las medidas? Las víctimas. Y cuando se violan, en la inmensa mayoría de los casos, y accionan el botón antipánico les dicen que no pueden hacer mucho. No pueden detener a los agresores. Las amenazas no son tenidas en cuenta, se las considera un delito leve. Igual que las “lesiones” que si no te dejan inválida son consideradas “leves”. Esas causas nunca avanzan. Las víctimas no terminan de entender a quién tienen que llamar para pedir ayuda porque no saben qué juzgado ni qué fiscalía interviene, manifiestan.

Es por eso que apuntan que la burocracia del Estado y la Justicia no toman en serio el riesgo denunciado una y otra vez a la hora de evaluar la peligrosidad del agresor si ya ha tenido otros episodios de violencia porque si cambia la víctima cambia la causa y no se analiza. No hay quién acompañe a la víctima. Ni el patrocinio jurídico gratuito, que es ley, está puesto en marcha. Tampoco se designa a otras personas para el acompañamiento. La víctima está sola frente a la policía -que nos toma por locas- y a una justicia que no escucha. Sola, salvo por el acompañamiento de amigas o de organizaciones feministas en el mejor de los casos. Solas, encerradas por ese sistema de medidas de restricción que nadie hace cumplir. Existen los refugios pero son pocos y siguen sosteniendo el paradigma de perderlo todo en un encierro obligado y privado de los afectos cercanos mientras los agresores siguen con su vida.

“Por eso nos concentramos en Tribunales, en la Ciudad de Buenos Aires, y en cada tribunal del país para denunciar esta violencia que busca disciplinarnos, esta precariedad de la vida que nos condena a dejar el cuerpo en horas y horas de trabajo mal pago y no pago para no poder garantizar siquiera lo básico. Por Úrsula y por todes, volvemos a decir que vivas nos queremos. ¡Ni Una Menos! ¡Vivas y libres nos queremos! Basta de justicia patriarcal y de represión policial”.

“La víctima está sola frente a la policía -que nos toma por locas- y a una Justicia que no escucha”


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