Cuarentena

Notas para una política pública sobre la Infancia en tiempos de pandemia

El ingreso de Argentina a la Fase 4 en la cuarentena, salvo AMBA, genera nuevos desafíos para los gobiernos de todas las jurisdicciones.

Una agenda posible para la infancia.
COMPARTÍ ESTA NOTA

Por: Rubén Zárate[i] y Patricia Arias[ii]

Cuarentena. La Fase IV y la heterogeneidad.

El ingreso de Argentina a la Fase 4 en la cuarentena, salvo AMBA, genera nuevos desafíos para los gobiernos de todas las jurisdicciones. Hasta ahora la coordinación interjurisdiccional bajo el liderazgo del gobierno nacional se ha sostenido en la homogeneidad. Los desafíos actuales enfrentarán una mayor complejidad y una creciente diversidad.

Entre los segmentos sociales que han comenzado a emerger con necesidades propias se encuentran los niños, niñas y adolescentes que constituyen alrededor del 30% de los habitantes de cada una de las ciudades. En ese sentido, aún no se ha logrado superar las fronteras que ponen énfasis en la escolarización y en el discurso médico que inicialmente ubicó a niños y niñas como ‘vectores’ peligrosos de contagios. Así, la niñez es todavía una población invisible del confinamiento y no puede tener voz por sí misma en el ejercicio de sus derechos.

Es urgente entonces, debatir e incluir en las políticas públicas nuevos criterios que recuperen la categoría de infancia como una cualidad organizadora de la sociedad y las ciudades.

 

Miedos, médicos y medios.

Hay que revisar el enfoque adultocéntrico del manejo de la crisis e incluir a la infancia como sujeto de derecho y de especial protección. Un ejemplo interesante en el mundo lo dio la Primer Ministra de Noruega que dedicó una conferencia de prensa para responder las consultas de niños y niñas. El nuevo ecosistema comunicacional basado en medios tradicionales y redes desafía a funcionarios y gobiernos de todas las latitudes y jurisdicciones a establecer estrategias de comunicación directas sin la mediación familiar.

La comunicación atraviesa los hogares con estadísticas de muerte, que acentúan los temores en los hogares. Es probable que los adultos puedan analizar y debatir esa información, sin embargo, múltiples fuentes de información pueden estar al alcance de niños y niñas con la incidencia que ello conlleva. La infodemia, como señaló la OMS es otro aspecto de la pandemia.

Asimismo, no es posible obviar que en la situación de encierro se registran incrementos en la violencia doméstica e incluso de femicidios; ambas cuestiones directamente vinculadas a niños y niñas.          

Basados en la declaración de los derechos de la infancia, advertimos que el discurso dominante no debería inducir a la invisibilización de la infancia de la vista pública. Por ende, es importante recuperar la condición pública del tratamiento de los problemas de la infancia en la nueva fase de la cuarentena, considerando tanto el peligro de la invisibilización como de la supuesta responsabilidad de multiplicar contagios que se le ha adjudicado a la infancia desde el discurso dominante.

 

Escuelas igualadoras, virus y confinamientos.

El Ministro Trotta ha comenzado a transitar con acierto un camino que diferencia entre evaluación y calificación, poniendo de relevancia la desigualdad que conlleva la condición previa y la ‘ausencia’ de la escuela como factor igualador.

Estos conceptos pueden ser organizadores de políticas de mayor involucramiento multiactoral en procesos educativos, tomando en cuenta los niveles de autonomía personal o grupal como así también cada escuela desde sus vinculaciones comunitarias. Disminuir la brecha digital en este tiempo considerando las condiciones urbanas y las situaciones de vulnerabilidad de las familias en relación a la infancia puede ser un abordaje necesario en la crisis y deseable a medida que se vaya superando.

No disponer de vacunas o remedios requiere incluir miradas que trasciendan la emergencia pero que sean consistentes con la emergencia. Gran parte del malestar actual de las familias es producto de la dificultad para brindar soluciones a sus hijos/as y para afrontar un horizonte de gran incertidumbre sobre sus condiciones de existencia.

A mediados de abril el Consejo Federal de Niñez, Adolescencia y Familia presidido por Gabriel Lerner realizó un aporte significativo para comenzar a definir los ejes centrales ante el Covid-19 recomendando enfatizar las siguientes áreas: a) Reconocer a las áreas de niñez como esenciales; especialmente aquellos equipos que trabajan con niños y niñas sin cuidados parentales, quienes asisten a familias en situación de vulnerabilidad, y quienes trabajan con adolescentes infractores; b) Requerir que el personal esencial de las áreas de niñez perciba el plus salarial contemplado para el personal de salud; c) Solicitar que las áreas de salud mental puedan reforzar sus acciones dirigidas a niños, niñas y adolescentes; d) Resaltar la importancia de que en el marco de una cuarentena administrada, los niños, niñas y adolescentes que se encuentran sin cuidados parentales puedan tener prioridad en el acceso de salidas a plazas para su esparcimiento; e) Visibilizar la necesidad de articular acciones en casos de que se requieran traslados interprovinciales de niños, niñas y adolescentes; y f) Solicitar la facilitación de gestiones de cambio de titularidad en la AUH.

Esto constituye un marco orientador para todos los organismos públicos y los actores sociales, especialmente para gobiernos y sociedades locales que ejercen la democracia de proximidad  con sentido comunitario.

 

Una agenda posible para la infancia.

Como se ha dicho es necesario diseñar políticas públicas específicas basadas en el cuidado de la infancia en tiempos de confinamiento. La concepción “estar confinados” que remite a una obligación a estar aislados socialmente por razones sanitarias se desliza implícitamente a las ideas de ‘relegación’, ‘reclusión’, ‘destierro’.

Por un lado, se debe intentar lograr una comunicación directa de los gobiernos, especialmente locales con los niños, niñas y adolescentes y por otro -sobre la misma base-interpelar a los adultos que ejercen las funciones de crianza y educativas, atravesadas por una incertidumbre inédita que cuestiona habitus e instituidos significativos.

Sin desconocer una mayor complejidad proponemos que se consideren algunos ejes que permitan tornar pensables las posiciones subjetivas actuales y mediatas de niños y niñas:

La construcción del tiempo o la reconstrucción del mismo, frente a la caída de las rutinas.

Las rutinas diarias familiares y escolares son organizadoras psíquicas y sociales, indispensables para el desarrollo de la infancia. La incertidumbre en relación a hábitos y costumbres que se naturalizan en lo cotidiano, conmueve las dinámicas familiares.

No se tratará de forzar el cumplimiento de rutinas perdidas ni de sustituirlas por otras similares, sino de sostener cierto ordenamiento posible conociendo las nuevas necesidades de la infancia en la nueva dinámica emergente. Esclarecer las nuevas coordenadas temporo-espaciales, explicitando el tiempo real y el simbólico para reestructurar la modalidad del lazo intrafamiliar. Así, cada configuración familiar buscará delimitar esa jerarquización, singularmente; buscando que el orden exterior impuesto no interfiera en la posibilidad de lo creativo en el manejo del tiempo.

Se tratará de explicarles con tranquilidad (y sin desestimar sus capacidades cognitivas y afectivas) que lo que sucede es una situación transitoria. Muchas veces los niños tienen una dimensión diferente del tiempo si la comparamos con las de adultos, incluir y respetar este tiempo en la comunicación tiene un alto valor para gobiernos, instituciones, medios de comunicación y familias.

 

El juego como instrumento del aprendizaje, debería quedar privilegiado nuevamente.

En los procesos de escolarización suele ubicarse el juego en versus al “trabajo”. Se enlaza también con la asimilación de la infancia en su rol de alumno, como diría Gimeno Sacristán “el alumno como invención”. La situación actual por fuera de circuitos presenciales realza la categoría infancia y por ende, es una excelente oportunidad para retomar el juego como herramienta de aprendizaje. A su vez, las figuras parentales se aproximarán a sus funciones evitando emular a los maestros y conectándose ellos mismos con la capacidad lúdica.

Que lo lúdico sea buscado y encontrado en diversos momentos de la nueva cotidianeidad, compartiendo historias, canciones, adivinanzas, cuentos, etc. donde ambos (niños-adultos) se alternen dialécticamente en sus funciones aprendientes-enseñantes: mostrar lo que se sabe, enseñar lo aprendido, simultaneizar las posiciones subjetivas constitutivas del aprender, dar lugar a interrogantes buscando respuestas y tolerando la provisoriedad de ellas. Las instituciones tanto educativas como de relaciones comunitarias y sociales pueden jugar un rol muy significativo desde lo público para que esto no quede reducido a lo privado como único ámbito.

 

III. La potencia de los modelos identificatorios en esta situación peculiar.

Los adultos que sostienen a los niños y niñas, tienen un desafío mayor en estas circunstancias; en primer lugar, acerca del manejo de sus propios temores y la incidencia que pudiera tener en los hijos/alumnos. En este punto es central considerar que si bien el discurso médico es importante en esta instancia hay otros abordajes que pueden mejorar el juicio crítico de los niños y niñas.

Los cuidados transformados en nuevos hábitos, llevan implícito el miedo a la muerte. Ese miedo es tramitado de modos muy diferente en la infancia, sin el impacto que tiene en la adultez. Por ende, es recomendable dar información acorde a las etapas evolutivas del niño, sin exceso de información, pero esclarecedora de los cambios y de los riesgos. El trabajo sobre los miedos de los adultos evitará que no se traslade de forma irreflexiva a niños y niñas. La sucesión de alteraciones de lo habitual, requiere plasticidad de los adultos, evitando angustias que pudieran potenciar un malestar sobrante en las infancias.

Toda crisis es generadora de nuevas formas de subjetivación y de nuevas formas de encuentro en medio de la inseguridad; sostener a los más pequeños en un escenario de máxima incertidumbre invita a los adultos a la creación de micro-escenarios de certezas aliviadoras de malestar, donde la vulnerabilidad propia de sujetos en desarrollo encuentre cauces para sentirse seguros. Es importante también comprender algunas conductas que pudieran aparecer: niños más demandantes, niños más inquietos corporalmente denotando inquietud interna, manifestaciones de enojos hacia adultos como modos simbólicos de mostrar la pérdida de lazos y rutinas, etc.

 

La infancia debe seguir siendo un desafío de lo público

Solo una batería de políticas públicas explicitas de carácter interjurisdiccional pero especialmente asumidas por los gobiernos locales, puede contribuir a evitar la tendencia de reducir a la esfera privada la responsabilidad sobre la infancia. Ella es una categoría social significativa y organizadora de la comunidad; explicitarla desde lo público permitirá la progresiva construcción de una nueva subjetividad que contemple los derechos de la infancia. La crisis también puede ser una oportunidad de humanización.

 

[i] Profesor Titular e Investigador I. Instituto de Trabajo, Economía y Territorio. UNPA

[ii] Profesora Asociada e Investigadora III. Directora del Instituto de Educación y Ciudadanía. UNPA