Columna de Opinión

Nadie puede realizarse en una comunidad que no se realiza

Por Paola Vessvessian, Diputada Nacional. 

Paola Vessvessian.
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Pocos días atrás, luego de extensas discusiones, dimos media sanción a un proyecto de ley para que aquellas fortunas personales más grandes del país realicen una contribución por única vez.

En este debate tan intenso, que sigue ocupando importantes espacios en la agenda pública, no pocas veces tengo la impresión de que para algunos es muy fácil perder la perspectiva y la coherencia.

Por una parte, me gustaría recordar que, desde los inicios de la pandemia en la Argentina, surgieron iniciativas de similar tenor desde todos los espacios políticos, incluyendo a aquellos que hoy expresan furibunda oposición.

Seguramente es por eso que a muchas argentinas y argentinos nos esté costando tanto entender la discusión actual.

Por la otra, también me gustaría recordar que se trata de sólo una de todas las decisiones, dentro de la multiplicidad que hemos venido tomando (y que deberemos tomar) para afrontar circunstancias verdaderamente extraordinarias en la historia de la Argentina y de la Humanidad, como es la de sostener la integración de una sociedad asolada por un virus mortal, que debió hacerle frente a la pandemia desde una macroeconomía cuyos descalabros eran monumentales, y que arrastraba una dinámica de desempleo y pobreza crecientes.

Y, entre toda esa batería de medidas tomadas y por tomar, hoy estamos incorporando este APORTE EXTRAORDINARIO sobre GRANDES FORTUNAS.

Y quiero puntualizar muy bien lo significa cada uno de los términos, porque hay quienes, por ignorancia o con intenciones aviesas, han tratado (y siguen haciéndolo) de presentar esta iniciativa como la creación de un nuevo impuesto.

Pocas veces la titulación de una Ley ha sido tan precisa como lo es en este caso, porque se trata de un aporte, por única vez, que harán sólo las más grandes fortunas personales; solamente aquellas que son tan grandes, que se estima que no llegarán a 10.000 las personas alcanzadas.

Yo quiero insistir en la consideración del contexto. Porque esta ley no pone en duda, de ninguna manera, la legitimidad del patrimonio sea ganado con sacrificio o sea heredado, haya sido obtenido con total transparencia, o no tanta.

Es perfectamente comprensible que esta decisión sea vista como un sacrificio para quienes tienen que realizar el APORTE, porque es, con certeza, un esfuerzo. Pero atravesamos un momento en el que son millones y millones quienes están también haciendo enormes sacrificios.

Vivir en sociedad implica recibir los beneficios de la vida en comunidad y también, por supuesto, obligaciones.

Evita nos decía que donde hay una necesidad hay un derecho. Y, en una sociedad como la nuestra está muy claro que no son idénticas las necesidades. Millones de familias están recibiendo hoy asistencia para cubrir un derecho tan básico como es el de la alimentación.

Como sociedad, no solamente tenemos la obligación de no abandonar a quienes más sufren, a quienes tienen menos herramientas, sino también de generar las condiciones para que todos podamos desarrollarnos a nuestro máximo potencial.

Y, por la otra parte, en la vida en sociedad, también lo justo que cada quien aporte de acuerdo a sus posibilidades.

En este contexto, como señalé, son millones y millones quienes están aportando. En las barriadas más empobrecidas, hemos visto como miles de militantes, organizados o individualmente, voluntariamente han asistido a compatriotas en los momentos más críticos y siguen haciéndolo.

A la mayoría de ellos no les sobra nada y entregan lo único que tienen y que a la vez es lo único que no se puede comprar: horas de sus vidas.

Tan importante es este aporte, que nadie ha dejado de reconocer esa vital e insustituible contribución

Otras personas, a quienes hemos dado en llamar trabajadores esenciales, aportaron sostenidamente su esfuerzo para que el conjunto de la sociedad pudiera cuidarse, arriesgando su salud y su vida.

Me refiero a quienes garantizaron todas las cadenas de valor que permitieron que hubiera alimentos, agua potable, electricidad, por solo poner algunos ejemplos y, esencialmente a quienes nos cuidaron desde el sistema de salud y las fuerzas de seguridad.

Entre ellas, han sido demasiadas las que aportaron lo que ninguna fortuna alguna pueden pagar, porque sencillamente no tiene precio: dieron sus vidas.

Bajo este prisma, el de las necesidades y aportes a la vida en sociedad, es que debemos entender a este proyecto de ley.

Porque el aporte de quienes más tienen ayudará a la mejora del conjunto, lo que es fácil de comprender cuando se considera adonde irán los recursos.

Es que la Ley también prevé los destinos de esos fondos:

  • un veinte por ciento a equipamiento médico, elementos de protección, medicamentos, vacunas y todo otro insumo crítico para la prevención y asistencia sanitaria;
  • veinte por ciento a subsidios a las micro, pequeñas y medianas empresas, para sostener el empleo y las remuneraciones de sus trabajadores;
  • otro veinte por ciento para el programa de becas Progresar;
  • un quince por ciento para el Fondo de Integración Socio Urbana, enfocado en la mejora de la salud y de las condiciones habitacionales de los habitantes de los barrios populares;
  • y el veinticinco por ciento restante, a programas de exploración, desarrollo y producción de gas natural, con la obligación de reinvertir utilidades en nuevos proyectos gasíferos.

Estoy convencida de que una gran parte de quienes quedarán obligados por esta norma, comparten los valores solidarios que la fundan y no serán tan renuentes como lo han sido algunos diputados y diputadas que cerradamente se han opuesto a este aporte.

Afortunadamente, fuimos mayoría quienes decidimos nuestro voto pensando en esos millones de personas que tienen cara, tienen nombres y apellidos, pero que necesitan tener también mejores servicios de salud, mejores posibilidades de educarse, mejorar la calidad de su hábitat y, sobre todo mejores condiciones productivas.

Confío que por ellas y para ellas, este aporte extraordinario prontamente será Ley.

Porque, como nos enseñaba Perón, nadie puede realizarse en una comunidad que no se realiza.


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