Ventana al mundo

Nada que envidiar a una República Bananera

Trump deja herida de muerte la credibilidad norteamericana luego del esperpéntico espectáculo de la toma del Capitolio por parte de sus fieles. La decadencia imperial de una Nación que supo invadir países para exportar su ‘’democracia’’. ¿Cómo conviven bajo una misma bandera dos sectores tan antagónicos? El planeta, a la expectativa. Consecuencias en Latinoamérica.

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*Por Mariano Tagliotti

Difícil de predecir, casi imposible de imaginar. Estados Unidos tiene una historia maravillosa, inspiradora en muchos sentidos, de familias que encontraron de frente el sueño americano para poder desarrollar sus ambiciones. Tiene arte, deporte, cultura, ciencia, progreso técnico y científico, escritores galardonados, obras de ingeniería que son la maravilla del avance humano, pero también contiene una cara que se asemeja a un espejo deformado de lo peor de la civilización. Esas dos almas en un país continental han acentuado sus diferencias y hoy, espoleadas por un inescrupuloso, combaten cuerpo a cuerpo.

Lo bizarro de las imágenes que llegaban desde el Capitolio de Washington DC durante la jornada del 6 de enero de 2021 quedará instaurado por décadas en el glosario universal de la infamia. El avance de un brancaleónico grupo de supremacistas seguidores de Donald Trump, denunciando una conflagración del Nuevo Orden Mundial para perjudicar a su inconmovible líder, hasta tomar las instalaciones del Congreso, previo destrozo de todo el material comunicacional apostado por las cadenas de medios americanas en las afueras del afamado edificio, y de enfrentarse cara a cara con la desprevenida policía de Washington DC, claramente mal preparada para la ocasión.

Todo este movimiento post clara y contundente derrota electoral del Partido Republicano, la vieja insignia de un tal Abraham Lincoln, hoy atada a los intereses de agenda puramente personal del inclasificable magnate pelirrojo. Joe Biden venció en el voto popular por 81.283.485 contra los 74.223.744 de Donald Trump. Y en el Colegio Electoral, que en definitiva es quien decide en una democracia indirecta como la de los norteamericanos, la victoria demócrata no permite dudas; 306 votos electorales para Biden, 232 para Trump. Y además, Biden recuperó la friolera de 5 estados clave que Hillary Clinton había perdido en 2017 frente a Trump (Pensilvania, Wisconsin, Michigan y Arizona, más el improbable Georgia, bastión tradicional de la derecha sureña norteamericana).

Y entonces, ¿dónde reside el debate? ¿En cuál quebradero mental indescifrable comienza la duda? ¿Cuál es la amenaza o la supuesta sospecha de fraude?

Los datos concretos, puros y duros, indican que todas las demandas interpuestas por el equipo de abogados trumpistas liderados por el ex alcalde de Nueva York Rudolph Giuliani, se dieron de frente contra un paredón, o como alegoría humorística y jugando con los sueños del magnate Trump, contra un muro parecido al que quiso levantar y no pudo en la frontera sur con México. No se constató que votara gente muerta, no pudo probarse que los votos por correo fuesen manipulados, no hubo ningún indicio de votaciones fuera de tiempo o forma, y todo esto fue chequeado y balanceado por comisiones siempre bi-partidarias, lo que dejaba margen aún menor para las dudas, y datos que finalmente fueron alejando aún más al líder de la base más pensante del Partido Republicano, que siempre desconfió de su figura y sólo lo acompañó en el sorpresivo éxito de 2016. Al final del día, el problema es que Trump simplemente no acepta perder. La escalada de enojos del 45 presidente de USA, lo llevó a pelearse con el jefe de la bancada republicana en el Senado, Mitch Mc Connell, y hasta con su propio y fiel vicepresidente Mike Pence, que lo acompañó hasta la puerta del cementerio, para finalmente dejarlo sólo ante las acusaciones de ‘’cobardía’’ y ‘’traición’’.

Una tarde violenta

Ante el asombro del mundo y previamente incitadas por el presidente Trump, las milicias neofascistas, entre ellas los famosos Prouds Boys, comenzaron la carga sobre la policía en las escalinatas del Capitolio. Los aparatos represivos de un país que puede eliminar mediante drones a cualquier líder opositor que circule por el mundo, no pudieron prevenir la acción de 50.000 acampantes llegados a la capital en el lapso de la última semana, desde todos los confines de la Nación. Un ítem que preocupa al mundo es la relación laxa, amistosa y cómplice del saliente presidente Trump con estas formaciones irregulares, esparcidas por toda la geografía norteamericana, bañadas de un discurso de odio y fuertemente armadas. Murieron cuatro atacantes al Capitolio, en enfrentamientos con la policía de D.C. ¿Se hará cargo el multimillonario de la sangre derramada o mirará hacia otro lado?

¿Habrá una toma de poder en paz el día 20 de enero en una ciudad fuertemente militarizada? ¿SE PERMITIRÁ LA GOBERNABILIDAD de JOE BIDEN, al cual ya le resulta imposible disimular su fastidio contra la inaceptabilidad de la realidad del presidente saliente, CON TANTOS MILLONES DE OPOSITORES ALZADOS CONTRA LAS INSTITUCIONES? ¿Hasta dónde puede resistir un sistema de gobierno con actores tan antagonistas? La idea de América de estos movilizados dista mucho de la de los movimientos civiles, verdes, de mujeres, jóvenes. ¿Hay alguna manera de acercar posiciones o todo seguirá la cuesta descendiente de la radicalización violenta? El neofascismo nada en aguas muy cómodas en el anonimato de Internet, de las teorías conspirativas y recluta cada día nuevos partidarios…

Las heridas son muy profundas y sus consecuencias no se acaban en los límites geográficos de la gran potencia del Norte. Mientras dure la hegemonía mundial de Estados Unidos, recientemente discutida por China, todos tendremos que tener puestos los ojos en su política interna, que por extensión, siempre forma parte de la nuestra. En las mismas escaleras del Capitolio por donde atravesó armada con rifles a repetición la ex soldado Ashli Babbit antes de ser abatida, tendrá que jurar su presidencia en una democracia debilitada el electo PRIMER MANDATARIO de 78 años, Joseph Biden.

 

*¿Cómo afecta en la relación con Argentina el desmadre institucional del vecino país del Norte?

Lo cierto es que Estados Unidos es núcleo fundamental del Fondo Monetario Internacional. El organismo tiene sede en Washington, que aporta la mayor cantidad del capital y que además, cuenta con poder de veto sobre la otorgación de préstamos. Durante la administración de Cambiemos, nuestro país se endeudó con el Fondo y asoman tres datos importantes de cara al futuro, que serán parte de la mesa de conversaciones del gobierno de Alberto Fernández y el de Joe Biden…

  • La Argentina recibió alrededor de US$ 45 mil millones del Fondo y deberá devolverle casi US$ 53 mil millones hasta 2024.
  • El FMI no acepta quitas en sus préstamos, por lo que el Gobierno buscaría un nuevo acuerdo de “facilidades extendidas” para, principalmente, alargar los vencimientos que tiene con el organismo.
  • Del entendimiento entre nuestro país y el organismo multilateral dependerá en buena parte el destino de dos generaciones de argentinos. La deuda tal como está planteada si se paga en término condiciona fuertemente cualquier expectativa de crecimiento económico.

 

*El manifestante, Jake Angeli, conocido por los seguidores como QAnon Shaman (el Chamán de QAnon), rápidamente se convirtió en un símbolo del espectáculo extraño y aterrador cuando circularon fotos de él recorriendo los pasillos del Capitolio sosteniendo una bandera estadounidense pegada a una lanza en una mano y un megáfono en la otra, e incluso parado sin camisa encima del estrado del Senado.

Angeli, quien vive en Arizona, no pudo ser contactado para hacer comentarios, pero su primo, Adam Angeli, confirmó que el hombre de los cuernos era su pariente, en una breve llamada con CNN el miércoles. Adam Angeli dijo que pensaba que su primo podría estar cambiando de empleo y que «es un patriota, es un tipo de persona muy grande en Estados Unidos»


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