Historia

"Mi viejo rebelde": el recuerdo de Osvaldo Bayer

Ana Bayer, la hija menor del historiador y periodista, habló sobre su documental. El trabajo, que se podrá ver del 18 al 21 de febrero, relata la vida del inolvidable autor de “La Patagonia Rebelde”.

Ana y su padre Osvaldo. Archivo personal de Ana Bayer.
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El documental se estrenó el 31 de octubre de 2018 en la ciudad de Berlín. Originalmente, fue una pieza audiovisual de quince minutos que Ana le obsequió a su padre cuando cumplió 90 años. El corte final dura una hora y diez minutos. Mi viejo rebelde se estrenó en la primera edición del Refugees Welcome Film Festival y se exhibió en el 33º Festival de Cine Latinoamericano de Trieste. Durante 2018 y 2019, Ana realizó una gira por la Argentina para presentar el documental, recorriendo más de treinta ciudades.

 

-¿Cómo surgió la idea de realizar el documental?

-Siempre me gustó filmar la vida familiar, aunque nunca tuve la intención de hacer algo con ese material. Fue complicado conservarlo debido a las sucesivas mudanzas durante el exilio. En los últimos años pensé que sería interesante mostrar al público aquella vida familiar para dar a conocer a otro Osvaldo.

 

-¿Qué va a descubrir el espectador en Mi viejo rebelde?

-Se podría decir que lo que van a ver es la mirada de la hija hacia el padre. Es diferente narrar la vida del padre siendo hija. Uno debe intuir hasta dónde puede mostrar la vida íntima de una persona pública. 

Siempre me hubiera gustado estudiar cine, pero eran épocas difíciles debido al exilio en los años '70 y '80; no había terminado la escuela, motivo por el cual me dediqué desde la juventud a la danza. Luego fui coreógrafa y docente, también hice dirección de teatro. Todo este perfil autodidacta me ayudó mucho cuando decidí hacer el documental, por ejemplo, para intuir el ritmo del mismo, la duración de las escenas y su musicalización.

Mi primera obra de teatro-danza fue durante el exilio, en Berlín, en el año 1980. Fue sobre las Madres de Plaza de Mayo; un momento importante para mí porque pude unir la historia real con la danza, cosa que en esos años se desconocía.

En la película se ve el lado de entrecasa de Osvaldo Bayer. Mucha gente lo conocía como personaje público, serio, formal. En el filme se ve su humildad, su casa, que muchos conocieron; sabemos que su amigo Osvaldo Soriano la había denominado “El Tugurio”. También van a poder ver imágenes del exilio en Alemania, la vuelta a la Argentina, la vida que hizo en sus últimos años, viviendo seis meses en Berlín y seis en Buenos Aires.

 

-¿Qué es lo que más recordás y querés destacar sobre su vida en este documental?

-Como periodista, Osvaldo acumulaba una gran cantidad de papeles y libros, nunca tiraba un diario a la basura. Tenía mucha memoria, se acordaba de fechas de publicaciones de notas, algo impensable hoy en día, que con un click encontrás todo en la computadora. Hace unos años hice orden en su archivo, lo tuve que hacer durante su ausencia, porque se enojaba si le tiraba los papeles. Pude filmar momentos con él donde no se daba cuenta que lo estaba filmando, por eso se lo ve muy natural. En sí siempre cuando un cineasta lo filmaba él se ponía en pose, pero conmigo no, estaba despeinado y relajado, siempre con un chiste, lo típico en el trato entre padre e hija. Todo esto hace que el filme sea muy natural, emocional, tierno, gracioso y nostálgico.

En Mi viejo rebelde quise destacar su humor, símbolo de gran inteligencia, y su coherencia por los Derechos Humanos, sin olvidar nunca su profesión. Además quise destacar el papel fundamental que tuvo mi madre como su mujer, su amiga y compañera de vida.

 

-Contá acerca del recorrido del documental.

-Me habían contactado varios cineastas para colaborar en el proyecto, uno de ellos fue el gran documentalista Ernesto Gut, con quien ya había trabajado anteriormente. El título del documental fue su idea. Teníamos intención de presentar el proyecto al INCAA pero no se concretó.

Pude presentar un extracto del documental en la fiesta de cumpleaños 90 de Osvaldo, celebrada en la placita de su barrio. Lo recuerdo como un día increíble, vinieron miles de  personas a festejar con él, fue muy emocionante. Al año siguiente pude proyectarla junto a él en el Centro Cultural de la Cooperación (CCC), aquella fue la última vez que mi padre se presentó en público. Pasada una semana, me pidió ver nuevamente el filme, que proyecté sobre la pared de su casa. Pudo revivir y disfrutar de su vida junto a varias personas que vieron el documental con él. Fue muy feliz, a pesar de no encontrarse bien de salud. A las pocas semanas falleció.

Debido a las ganas que tenía de mostrarle el filme a mi padre lo antes posible, no pude entregar el proyecto al INCAA pero sí tuve una gran satisfacción de haber podido presentar la película en Berlín, Italia, y en un total de tres giras por Argentina. Quería conocer la gente y los lugares que mi padre visitó. Él me contaba del enorme cariño que tenía por la gente de las provincias del interior de nuestro país, entre ellas, Mar del Plata, Santa Rosa, Villa María, San Juan, La Rioja, Neuquén, Paraná y Santa Fe. (Ministerio de Cultura de la Nación)


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