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“Menem fue una persona que no tenía límites”

En sus columnas Julio Bárbaro marca la cancha del espectro político semana a semana. Atendió a Tiempo FM , oportunidad para mechar sus conceptos con toda la fuerza vital de un hombre con 60 años en la actividad política. “Menem ingresa a la presidencia con una pelea hacia los grupos de poder y al poco tiempo termina siendo su mejor gerente de negocios”, indicó.

Julio Bárbaro, político y escritor argentino.
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Julio Donato Bárbaro es un político y escritor argentino, voz ineludible a la hora de hablar de la historia y la actualidad del peronismo argentino. Respetado a ambos lados del arco político, además es licenciado en Ciencias Políticas en la Universidad del Salvador, escritor y pensador argentino, perteneciente al peronismo. Fue diputado nacional (1973-1976) y secretario de Cultura de la Nación (1989-1991) durante la presidencia de Carlos Menem. Con este último, la relación de amistad terminó rota y el vínculo político, nulo, a partir de su salida del gobierno coincidente con la entrada de Cavallo. De eso nos habló en charla con Multimedio Tiempo. Extractos de su reportaje radial y semblanza de un hombre de la política con un raro sentido de la autocrítica. Quien fuese amigo personal y asistente del General Juan Domingo Perón, desgrana la sabiduría del andar por décadas dentro de los pasillos del poder.

Menem despertaba pasiones. En especial en un sector de la clase media, que se enamoró del “deme dos”, de Miami, de los electrodomésticos baratos, de aquellas tarifas congeladas y mínimas, de la Quilmes a un peso, del importado a mitad de precio del nacional,; el primer mundo, según los ultra liberales. El primer inmundo, según Bersuit Vergarabat.

Tres elecciones presidenciales ganadas, una interna increíble donde ganó de arremetida contra el aparato partidario del respetado Antonio Cafiero (gobernador de Buenos Aires en 1989), senador eterno por la provincia de La Rioja, y también, la persecución y encarcelamiento sufridas durante la dictadura militar desde 1976-1982.

Menem mostró, de cara al ballotage del 2003, su peor y más oscura cara, la del abandono antes de dirimirse el Presidente de la Nación en segunda vuelta contra el patagónico Néstor Kirchner, la de la cobardía. Apostó junto a su mesa chica de gobernadores que el pinguino llegado del sur no duraría más de 6 meses en la primera magistratura debido a lo flaco de su 22 por ciento conseguido en primera instancia electoral.

Despertó rencores insalvables, sobre todo en el aparato ferroviario, en el productivo, en los jubilados, en los trabajadores rurales que vieron rematadas sus tierras. El rifar las joyas de la abuela como pasaporte a un mitómano primer mundo, tuvo sus costos, sus ACV, sus familias destrozadas, sus PYMES históricas cerradas. Quien supiera bajar a corcel en carrera de los porosos cerros riojanos cual Facundo Quiroga del siglo XX, terminó aliado al más rancio de la derecha conservadora, abrazado al Almirante Rojas, aplicando la obediencia carnal a los Estados Unidos e indultando a los jerarcas genocidas de la noche más oscura argentina. Videla y Massera tenían un excelente concepto de Carlos Saúl Menem.

No hubo Revolución Productiva. No existió el salariazo. Sí sucedieron episodios, en forma de atentados, que jamás se esclarecieron, y de los cuales seguramente se llevó muchos secretos, muchos entresijos, numerosos encubrimientos, a la tumba en el Cementerio Islámico de San Justo donde responsará por la eternidad junto a su hijo mayor Carlos Menem Junior. Menem farandulizó de manera desvergonzada la política argentina; los Scioli, Macri, Reutemann, “Palito” Ortega le deben el comienzo de sus carreras a la voracidad de poder del riojano, que decidía optimizar recursos instalando candidatos famosos sin tener que gastar en campaña publicitaria, aún a costo de no tener (como se comprobó después en muchos casos), la menor idea del accionar político.

Bárbaro comentó que “destruyó la política Menem, al introducir cuadros improvisados por el sólo hecho de juntar votos. Pensemos que Menem lo va a vivir cuestionando a Alfonsín y éste entra en la historia con una dignidad que Menem no va a tener”.

¿Ir a la Guerra del Golfo sin pasar por el Congreso? Sin sonrojarse, las relaciones carnales lo exigían.

¿Echar a su mujer e hijos de la Residencia de Olivos para poder seguir con la alocada vida de soltero a lo Isidoro Cañones, con rumores de amoríos reconocidos y nunca comprobados (Alfano, Casán, Giménez, Lemercier)? Nos responde por las vías de Multimedio Tiempo el politólogo Julio Bárbaro.

“El Turco no tenía ningún tipo de límites. Yo fui su amigo, fui su funcionario, pero a la realidad no la puedo negar, Martínez de Hoz, Cavallo y Menem fueron de lo peor de nuestra historia. Pensar que le pagaban un millón de dólares por mes a Neustadt para que convenciera a la gente de que tenían que regalar el Estado argentino. Él se rodeó de personajes nefastos como Pichetto, que siempre estuvo bien con todos los gobiernos, un panqueque”.

Privatizar YPF, ENTEL, Ferrocarriles, Aerolíneas y las empresas de agua, luz y gas. Instaurar los peajes ¿Desguazar y vender todo el capital humano y de infraestructura de décadas plantado por el Estado Argentino, que tenía claramente sus respectivas falencias y taras, pero que de ninguna manera merecía un destino tan infausto? “Menem detestaba la ideología, detestaba pensar la política, solamente le interesaba hacer negocios y la ideología la consideraba una pérdida de tiempo”, remarcó  Julio Bárbaro en declaraciones a Tiempo FM.

En lo económico, durante sus años se vivió una fiesta de consumo irreal y sumamente nociva para todo el aparato productivo. Nos dice Don Julio, el gurú del justicialismo, que sobre este tema “Menem dejó una Argentina devastada, un símbolo de una etapa de la decadencia de la sociedad reflejada en toda la venta de los servicios públicos, en deuda, y una pobreza estructural que consolidó con las recetas completamente contrarias a la doctrina de Juan Perón, y Menem le regaló la Argentina a los grupos económicos que a partir de ese momento empezaron a explotar a la sociedad”.

El dolor de las familias, la memoria de las víctimas, gritan por décadas ante la falta de justicia en los casos AMIA, Embajada y Explosión de Fábrica Militar de Río Tercero. Casualmente en esta última causa, el ex Senador riojano tenía que declarar el 24 de febrero. Se cree que entre otros casos aberrantes de su gestión, la detonación de la industria armamentística de la ciudad cordobesa fue para ocultar las pruebas del contrabando de armas a Croacia y Ecuador. En los atentados a la mutual judía y a la representación diplomática israelí, son numerosos los testimonios de que Menem probadamente tergiversó, omitió, obstruyó, mintió, ocultó y manipuló desde la cumbre del poder las dos causas para que la verdadera justicia no llegara jamás.

Menem lo hizo, su obra está ahí. Impostergable su análisis, no hay manera de obviar su centralidad. También “imposible negar el debilitamiento del ESTADO, el regalo de lo que era de todos a unos pocos, Menem fue la continuidad del plan económico de la dictadura”, cerró Bárbaro.


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