Parque Patagonia

Los perros protectores son la solución al conflicto entre el ganado y los depredadores en Patagonia

Las pinturas de Cueva de las Manos inmortalizan escenas de caza de guanacos. Hostigados por los primeros humanos que habitaron la Patagonia, los guanacos huyen. Pero no son los seres humanos los únicos depredadores de los que el guanaco debe cuidarse. El puma, principal depredador de la región, también acecha desde los dibujos representados en la cueva.

Perro pastor y ovejas (Foto INTA)
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Durante miles de años, hombres y pumas utilizaron al guanaco, el herbívoro silvestre más grande y abundante de la región Patagónica, como su principal recurso. Pero esta situación cambió radicalmente con la llegada del colonizador europeo y la introducción de la ganadería ovina. Pumas y zorros colorados, antes especies con las que se compartía un recurso, se transformaron en plagas que debían ser eliminadas.

Durante décadas el colonizador utilizó los mismos métodos: venenos, armas de fuego y trampas. Sin embargo, la eliminación indiscriminada de depredadores nunca resolvió el conflicto entre el ganado y los depredadores. Y a medida que el precio de la lana disminuyó, la sequía comenzó a hacer estragos en los campos y la erosión producto del sobrepastoreo ovino, se extendió por casi toda la Patagonia, las pérdidas atribuidas a los carnívoros resultaron imposible de asumir.

Alejandro Hormachea, vecino del Parque Patagonia en el noroeste de Santa Cruz, no fue la excepción. “Llegamos a tener 2500 ovejas hace unos 15 años, pero la actividad dejó de rendir y tuvimos que achicarnos”, comenta. Hace unos años atrás Hormachea incluso pensó en abandonar la actividad por las pérdidas que le causaba la depredación por pumas, zorros y, muy especialmente, perros domésticos. Estos perros, provenientes de la vecina localidad de Los Antiguos, forman jaurías y salen al campo en busca de comida, atacando muy frecuentemente al ganado ovino.

Pero todo cambió hace unos 8 años, cuando asistió a la charla que brindaba un ganadero chileno, José Kusanovic, quien aseguraba que, gracias a la utilización de perros protectores de ganado, dejó de malgastar recursos en eliminar zorros y pumas redujo la depredación en sus majadas a casi a cero e incluso puso aumentar el stock ovino en sus campos. La solución parecía venir de uno de sus enemigos jurados y Hormachea adquirió sus primeros dos perros protectores.

La adaptación de los perros al campo y la majada fue demandante durante los primeros meses, pero los resultados fueron extraordinarios. “En poco tiempo, la depredación disminuyó a casi cero”, se entusiasma Hormaechea, que desde hace 7 años tiene la misma pareja de perros protegiendo sus ovejas en su campo La Aurora. Los perros protectores resultaron la solución a un problema de muy vieja data, que parecía no tener fin. “Trabajan de sol a sol los siete días de la semana”, cuenta orgulloso Hormaechea, y una vez por semana les lleva comida, la cual coloca en depósitos que regulan la provisión diaria. Cada tanto realiza las necesarias vacunaciones y desparasitaciones.

Cuando un depredador se acerca los perros comienzan a ladrar, las ovejas se agrupan a su alrededor y el atacante cesa en su intento y huye. Básicamente los perros actúan como disuasivos. Pero pueden confrontar con los depredadores de ser necesario. “Mi padre hasta los ha visto perseguir un puma”, relata Hormachea.

En los últimos años, se han desarrollado nuevos métodos de control, cuyas ventajas sobre los métodos tradicionales se vuelven evidentes. Esto es percibido por algunos ganaderos, quienes comienzan a implementarlos. “Los dueños de campo ya no quieren pagar a leoneros (cazadores de pumas) porque es un control caro y poco efectivo”, señala Hormachea. Paradójicamente, la caza indiscriminada, un método claramente ineficaz, es todavía subsidiado con fondos públicos por algunas provincias como Río Negro y Chubut.

A pesar de los beneficios derivados del uso de perros protectores, aún son muchos los ganaderos que todavía se aferran a métodos de control ineficaces y ambientalmente nocivos. A la caza indiscriminada, se suma el uso de sustancia tóxicas, muchas de ellas prohibidas como el carbofurán, que provocan envenenamientos y muertes masivas de varias especies, incluyendo el amenazado cóndor andino, y poniendo en riesgo la salud de las personas.

Las experiencias positivas relatadas por Kusanovic en Chile y Hormachea en Argentina muestran que los perros protectores de ganado están llamados a reemplazar los métodos poco efectivos y ambientalmente nocivos que tradicionalmente se utilizaron para disminuir el conflicto entre productores y depredadores nativos. Los perros protectores no solo contribuyen a la prosperidad del ganadero; también permiten la presencia de animales silvestres en los campos. Los perros protectores aparecen entonces como los héroes de una historia que permitirá la coexistencia entre una ganadería ecológicamente saludable y nuestra vibrante fauna nativa. La misma fauna con la que se vincularon los antiguos habitantes de Patagonia.

 

Características de los perros protectores de ganado

Los perros protectores de ganado o perros pastores son perros que viven en forma permanente con los grupos de animales domésticos, de los cuales se sienten parte. No son los perros utilizados para arrear o encerrar el ganado.

Existen diversas razas utilizadas como perros pastores, entre ellas el mastín del Pirineo, el pastor del Pirineo o el Maremma. Pero en la Patagonia Argentina se suelen utilizar más frecuentemente cruzas de Border Collie con perros mestizos.

El entrenamiento de los perros lo realiza personal especializado y comienza con el destete de la madre a los dos meses de vida. En Argentina existen varios establecimientos (de agencias de gobierno como el INTA o privados) que producen y venden este tipo de perros.

El entrenamiento no es excesivamente complejo pero debe ser riguroso y disciplinado. Un buen perro pastor es aquel que marca el territorio donde pastorean las ovejas, que ladra ante situaciones novedosas, que se interpone entre un peligro y su majada, y que prefiere permanecer con las ovejas antes que con la persona que lo ha entrenado.


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