Política

La oposición, partida y sin rumbo en Santa Cruz

El golpe eleccionario fue durísimo y todavía no fue asimilado por la oposición en Santa Cruz, donde Costa desapareció y no hay un líder o referente natural para hacer pie para cuatro años en los que el desafío será reencontrarse y rearmarse.

Costa hizo su último intento sin suerte en Santa Cruz.
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La jornada de ayer fue de fiesta para el oficialismo en Santa Cruz, porque hubo asunción de autoridades a nivel municipal y provincial de cara a cuatro años de gestión que los tendrá formando parte del famoso eje Nación-Provincia-Municipio que vuelve a tener una chance en Santa Cruz luego de una etapa en la que definitivamente no funcionó con Peralta en la gobernación y Cantín en el municipio.

“Ni yo soy Cantín, ni Alicia es Peralta”, dijo Grasso tras ser reelecto y encontrarse con la oportunidad que tanto buscó en su carrera política para ser el Intendente de la ciudad.

Y muy lejos de lo que fue la jornada de alegría y expectativa para el oficialismo en Santa Cruz, la oposición la miró por televisión, en un año en el que no tienen absolutamente nada para festejar.

LA DEBACLE

Está clarísimo. El que se va fue, sin dudas, un año de rotundo fracaso para quienes pensaban cambiar la historia a favor de otra manera de pensar en política.

La oposición sufrió un durísimo golpe allá por el 11 de agosto de este mismo año, cuando las elecciones provinciales marcaron un avasallante triunfo del “Frente de Todos” por sobre “Nueva Santa Cruz” y a partir de allí un partido que, desde lo político, la oposición nunca pudo remontar en la provincia.

La derrota, que tuvo como principal cara visible a Eduardo Costa, fue tan fuerte que todavía se siente en un sector que todavía no termina de dilucidar si quienes ahora forman parte de la UCR, de Cambiemos o Encuentro Ciudadano, por poner sobre la mesa espacios que no “rindieron” lo que se esperaba para ganar elecciones este año.

Tras esa derrota el 11 de agosto, Eduardo Costa desapareció del espectro político y apenas se remitió a un par de partes de prensa, en su rol de senador; ese que sigue teniendo y desde el cual deberá participar en este nuevo mapa que tiene a la oposición en clara minoría.

Y ya sin él en la cabeza, quedó más claro que antes que por detrás no había, ni hay, quien tome la posta en la UCR.

Las elecciones municipales no hicieron más que confirmar que Macri fue un claro “saco de plomo” para todos los que formaron parte de “Nueva Santa Cruz” o “Unidos”, que fue lo mismo con diferente nombre.

En esas elecciones municipales, Costa puso todo su apoyo, desde las sombras, para Roxana Reyes, que también fracasó y tuvo que aceptar una tremenda derrota a manos de Pablo Grasso, que superó en votos a ella, Pablo Fadul y Fabián Leguizamón juntos para quedarse con la intendencia, con o sin ley de lemas.

PERDIDOS

Dispersos, como devastados, así quedaron los integrantes de la oposición en Santa Cruz, aceptando por lo bajo y en la intimidad una frase: “Ahora no los sacamos más”.

Es que ellos sabían que este era “el año” en que se jugaban todo, porque era el último intento de Costa y porque tenían un abanico de candidatos a nivel municipal con los cuales estaban seguros de ganar con la ley de lemas.

Pero todo eso falló. La gente, por algún motivo, no los eligió para gobernar y la derrota motivó que cada uno “agarrara para su lado” en la provincia.

Hoy, la oposición está fragmentada, tiene minoría a nivel municipal y apenas un puñado de representantes en la Legislatura.

Pero lo peor es que no tiene conducción. No hay una cabeza visible ni nadie que convenza para serlo, más allá de los históricos, que fracasaron este año, para reflotar un barco claramente hundido, como si fuera el más duro de los enfrentamientos en la “batalla naval”.


POR DONDE EMPEZAR

Es lo que todos se preguntan. Con unos pocos diputados y concejales en actividad, y sólo dos municipios que no están en manos del oficialismo, en la UCR todavía piensan qué hacer de su vida política.

Dicen que el primer paso en la vida para solucionar un error es reconocerlo. Y esa autocrítica, dura y puertas para adentro, nunca llegó para el histórico partido santacruceño.

En muchos casos, este año volvieron a hacer gala de esa frase que indica que “son pocos y se pelean mucho”, para terminar con resultados que lo evidencian todo.

Con integrantes de esa misma UCR que terminaron como candidatos de otros espacios, y con quienes desistieron de cualquier tipo de participación, ahora el panorama amerita esa autocrítica y esa renovación que nunca llega.

Nombres hay y según el caso puede haber una reconstrucción al menos tibia, que forme parte de un primer paso que los haga serios y capaces de proyectar más allá de las ambiciones personales.

Entre quienes aparecen como potenciales formadores de esa reconstrucción, están Daniel Gardonio, ahora intendente de Puerto San Julián, que “salvó la ropa”, y Fabián Leguizamón, el más votado en las elecciones municipales de Río Gallegos, lejos de Roxana Reyes, que terminó mal, lejos de sus aspiraciones, casi ligada al fracaso político de Macri y Costa.
Pero todos sabemos que en la UCR nada es tan fácil cuando parece y cuando alguien piensa en “A”, automáticamente aparecen dos que piensan en “B”, arrancando con diferencias que no conducen a nada más que una derrota como la que sufrieron este año.