De medio a medio

La Nación es el otro

Por Leandro Cabezuelo. 

Foto nota de La Nación.
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No se si es la cuarentena, la depresión post receso invernal, el tedio de este 2020 que se nos escurre entre las manos –tan sanitizadas- o el hartazgo por la grieta, los haters y la mar en coche, pero después de tanto tiempo sin escribir me atacó la necesidad de hacerlo y la urgencia por tensionar línea por línea una nota aparecida hace unas semanas en la sección ‘A Fondo’ del diario La Nación, bajo el título ‘Éxodo. La generación que quiere migrar porque no se imagina un futuro en el país’.*

Sigo este tipo de notas con un interés genuino, seguro de encontrar en ellas algo de la esencia del periodismo, la crónica sin más, vivencias de gente común contadas a través de la mirada y la pluma de un profesional de la escritura y no tan seguro de hallar alguna vez explicación – y argumentos válidos- ante el éxodo de algunos amigos entrañables y de varios conocidos, de 2001 a esta parte, y tal vez de mis propios hijos en un futuro no muy lejano.

Así, encontré en los últimos tiempos una crónica exquisita escrita en primera persona por una joven vietnamita que se quedó varada en El Calafate a raíz de la pandemia y encontró de una extraña manera su lugar en el mundo y días más tarde di en el mismo diario La Nación con la nota ‘Vivir en Chile: “Me costó aceptar que las cosas no se hacían como en Argentina”’, que no deja de traslucir en cada párrafo lo duro – ‘agridulce’ dice en ella Alejandro Berman, después de 8 años viviendo en la capital del país trasandino- que es el exilio.

Pero volviendo al objeto de este escrito, llama poderosamente la atención encontrar en casi una decena de testimonios que tiene la nota ‘Éxodo…’ de La Nación una construcción discursiva y un compendio tan exhaustivo de palabras e ideas fuerza que hacen a un imaginario social y político estrechamente ligado a la línea editorial del histórico matutino y a la línea ideológica de la oposición política actual. Signos de una retroalimentación por goteo, tal vez, o de una auto confirmación de identidades, cada vez más habitual en la segmentación mediática.

Comienza con una ‘abogada y madre de tres hijos’ que se mudó a Barcelona y ahora las amigas piden que las asesore para hacer lo mismo y sigue con el testimonio de un joven de 25 años, con título en Administración de Empresas, que siente que el país no le permite imaginarse “una vida a diez años” y que aquí no puede proyectar tener hijos o comprar una casa. “Si ni siquiera podemos comprar más de 200 dólares”, se queja. Argumento extraño al menos el de la divisa.

Continúa con otra abogada de 25 años que apenas llega a pagar un alquiler y durante la cuarentena tuvo que volver a vivir con los padres. “Tengo más claro que nunca que mi lugar no está acá”, dice. Luego el cónsul de Italia confirma que en los últimos 10 años se tramitaron más de 78 mil ciudadanías y menciona que la pandemia “alimentó el hartazgo en grandes sectores de la población, especialmente entre los jóvenes profesionales”. ¿No será que la pandemia es justamente mundial?

Como buen informe con pretensiones de ser exhaustivo, completa con una encuesta que confirma que “en los últimos meses de aislamiento social creció la cantidad de argentinos que están pensando en irse a vivir afuera del país” y que los argentinos que tienen la capacidad de pensar a largo plazo son los que están más dispuestos a partir. Leo resignado, yo que apenas tengo la capacidad para planificar el asado del domingo (ahora suspendido) o las vacaciones de verano (muy en duda).

En la continuidad de la nota aparece gente mayor que alienta a sus hijos a irse del país y una argentina que hace cuatro años dejó Mercado Libre para desarrollar una Start Up en Estados Unidos. En su opinión, “muchos se decidieron cuando vieron cómo se vive la cuarentena en el resto del mundo. Nosotros la enfrentamos emitiendo. Hay gente que siente que está dentro de una compuerta que se está llenando de agua: la inseguridad, la devaluación, la expropiación y que cuando se sincere y se abra la cuarentena, la situación se va a desbordar”.

¿En serio la preocupan la emisión y la expropiación y le parece mal la forma en que nuestro país afrontó la pandemia? Está claro que muchos medios están generando la fantasía de que el resto del mundo está tomando medidas muy piolas y flexibles contra el Coronavirus. Desinforman.

Le sigue un matrimonio que tiene trabajo y está bien aquí, pero igual decide irse a España, aún sin trabajo, para que sus hijos tengan más oportunidades y entre los argumentos mencionan derechos que supuestamente nuestro país no respeta, como la propiedad privada. “Creo que el mejor lugar para mis hijos es su país, pero quiero que crezcan libres y con oportunidades”, dice la mamá.

Un abogado especialista en impuestos menciona a continuación que atiende permanentes consultas de personas que “quieren resolver su situación ante el fisco y tramitar la pérdida de residencia argentina”, casualmente en aumento  “desde que se nombró la palabra expropiación”. ¿Es gente que quiere evadir impuestos? Cita los casos de Susana Giménez y Marcos Galperín y con profundo pesar concluye que “hay más incentivos para irse que para quedarse”.

También hay testimonios de Enrique, un licenciado en relaciones públicas de 25 años comprobó con el teletrabajo impuesto por el COVID-19 que puede hacer sus tareas desde cualquier lugar del mundo y prefiere que ese rincón hogareño esté en Europa, desencantado porque el plan económico de Cambiemos “salió muy mal” y entonces “volvimos a lo de antes” y de Federico Malek, un egresado de Económicas en la Universidad de San Andrés que tiene 16 compañeros en un grupo de WhatsApp, de los cuales solo cuatro viven en el país. 

Concluyo que esa generación que elige irse de Argentina son jóvenes profesionales de Buenos Aires, de un par de barrios de la Ciudad Autónoma tal vez, todos egresados de universidades privadas y me pregunto qué hay de los chicos del interior, de los egresados de universidades públicas de todo el país, de los laburantes que apuestan por quedarse, de los que saben que las cosas no están bien pero eligen pelearla, de los que no se desalientan a los 25 años.

Muchos adolescentes proyectan estudiar acá para luego irse al exterior, sin pensar en las escasas oportunidades de acceso a la educación superior que hay en otros países, ni reparar en lo injusto de programar a priori su desempeño profesional en sociedades que no solventaron su formación.

Es probable que el propio desarrollo profesional, laboral o hasta deportivo de un/a joven con esos objetivos lo/a lleve al exterior; o pueden recorrer el mundo para encantarse o desencantarse y, obviamente, también puede irse si lo creen necesario; pero no puede pensar desde el desconocimiento que cualquier país es mejor que el nuestro. Eso sin considerar aspectos como el ejercicio de ciudadanía, la xenofobia, el respeto por los derechos, las concesiones y hasta los padecimientos y tristezas que callarán.

Argentina no es la panacea hace mucho tiempo y claro que vale irse, por los motivos que sea. Pero digo que es momento también de construir desde la política, desde los medios, desde las escuelas y las familias, un discurso que reclame poner el hombro, que aliente a valorar lo mucho o poco que el país nos dio, que deje de decirnos que lo mejor no está acá, o que es inútil buscarlo.

Y lo digo desde este rincón del mundo, bastardeado, olvidado, desconocido para muchos, seguro de que en nuestra extensa geografía, fuera del ombliguismo y del elitismo ideológico y territorial de la CABA o el AMBA –ahora tan en boga- el país tiene muchísimos lugares que ofrecen otra calidad de vida, otros climas, otros paisajes y hasta otros signos políticos de gobierno.

Circula por estos días un video, fragmento de la  película ‘Martín (Hache)’, en el que el personaje que encarna Federico Luppi dice que “la Patria es un invento” y que “cuando  uno tiene la chance de irse de la Argentina la tiene que aprovechar” porque “es un país en el que no se puede ni se debe vivir”. En WhatsApp lo comparten resaltando que se trata de un film de 1997, dando a entender que todo está igual, o peor. Habría que preguntarse si la realidad del país configura ese discurso de porquería, en cualquier época, o si ese discurso de porquería no permite construir otra realidad.

Está claro que la Patria, La Nación – entelequia y diario- y la ahora reflotada “República”, tan cargada de los valores que le son propios, son lamentablemente cosas bien distintas por estos tiempos.

 

*https://www.lanacion.com.ar/sociedad/exodo-la-generacion-quiere-migrar-porque-no-nid2404472

 

Lic. Leandro Cabezuelo


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